Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Dirigentes de Untraflores fraternizan con obreros kenianos

Con cultivadores de té
José Mora, izquierda, y Orlando Romero, centro, con cultivadores en un cultivo de té. Foto M. Cano
Kenya significa miseria, condiciones de trabajo de máxima explotación y trabajadores de la floricultura que aceptan con resignación y sin ninguna expresión de rechazo estos atropellos; este es el panorama que los empresarios colombianos nos ponen como ejemplo cuando amenazan con llevarse los cultivos a otros países donde, según ellos, un obrero se vende por un plato de lentejas.
Con una familia keniana
José Mora, Manfred Brinkman, Orlando Romero, atrás a la izquierda, comparten con una familia keniana
•    Por José Mora y Orlando Romero

Kenya significa miseria, condiciones de trabajo de máxima explotación y trabajadores de la floricultura que aceptan con resignación y sin ninguna expresión de rechazo estos atropellos; este es el panorama que los empresarios colombianos nos ponen como ejemplo cuando amenazan con llevarse los cultivos a otros países donde, según ellos, un obrero se vende por un plato de lentejas.

Después de tener la oportunidad de visitar este maravilloso país, por fraternal invitación que le hiciera a Untraflores la Confederación Sindical de Alemania (DGB), y conocer de cerca las condiciones laborales de los 70 mil obreros dedicados a la floricultura (65% de los cuales son mujeres, al igual que en los cultivos de té, renglón importante de la economía de Kenya), comprobamos que éstas son quizás peores que las nuestras. Las multinacionales no han hecho presencia determinante allí y la mayor parte del capital es nacional, con la excepción de una empresa holandesa que actualmente es la más grande. El mayor porcentaje de la producción se exporta a Europa, unas 80 mil toneladas, según datos del Consejo Keniano, certificadora que cumple las mismas funciones de Flor Verde en Colombia.
Esta experiencia nos anima a combatir con todas nuestras fuerzas la explotación a los trabajadores, a denunciar los sindicatos de bolsillo de los empresarios como Sinaltraflor Fetraboc y a fortalecer a UNTRAFLORES. En Kenya, como en Ecuador y en Colombia, los obreros nos pondremos de pie, según lo expresaron muchos compañeros en Nairobi, capital de Kenya, para exigir que se respeten nuestros derechos, una vida digna y un futuro para nuestros hijos
En algunas fincas que tuvimos oportunidad de visitar en un sitio llamado Kericho, a seis horas de Nairobi, cerca del lago Victoria, y donde se han concentrado varias empresas floricultoras donde las condiciones climáticas son aptas para estos cultivos, hay viviendas dentro de las fincas que son propiedad de los empresarios. Los obreros viven allí mientras estén al servicio de dicha empresa y luego son desalojados al terminar los contratos. Nunca un trabajador puede llegar a ser dueño de una de esas casas. Hay, además, guarderías para niños pequeños y colegios hasta primaria en unas instalaciones aceptables con personas dedicadas a la labor de educar y cuidar a los hijos de los trabajadores mientras estos laboran en  los cultivos. Esto se hace a costa de unos salarios que no superan los 2.800 chelines kenianos mensuales, aproximadamente 90.000 pesos colombianos, con un costo de vida tan alto como el de aquí. En aquellas empresas donde no hay vivienda, el trabajador devenga 7.000 chelines kenianos al mes, unos 220.000 pesos colombianos.

Cultivadores de té
Cultivadores de té
La situación de opresión y sometimiento alcanza niveles como los que soportamos los floricultores de la Sabana de Bogotá. Allí la seguridad social es muy deficiente y en muchas empresas, simplemente no existe; no reciben subsidio familiar ya que no lo contempla el régimen laboral; la jornada es de 200 horas al mes pero los trabajadores son obligados a laborar hasta 16 horas diarias para cumplir con los pedidos. La indignación obrera es reprimida con la alta taza de desempleo.

Esta situación no es diferente a la que cada día vivimos los obreros en Colombia. Aquí las pocas leyes que protegen los intereses de los trabajadores son reformadas de acuerdo con los intereses de los empresarios o violadas según sus necesidades, con el concurso del Estado que finalmente es defensor de estos últimos. Se paga o no se paga la seguridad social a capricho del patrón sin que importe la prestación del servicio al trabajador y se pagan los aportes para-fiscales si el empresario decide hacerlo aunque el obrero no reciba su subsidio; la carga laboral es cada vez más alta y los salarios se rigen por un salario mínimo irrisorio que impone el Estado. Como podemos ver, lo que persiguen los empresarios en todas partes es envilecer aun más la situación de los obreros y, mediante engaños, amedrentarnos para aceptar todo tipo de chantajes y así evitar que exijamos el respeto a nuestros derechos.

En el marco del Foro Social Mundial asistimos a varias reuniones: con dignatarios de la OIT; trabajadores de diversos países y atendimos una a la que asistieron ceca de 200 personas en la cual se trató de la problemática de los asalariados florícolas de Kenia y de Colombia.

Esta experiencia nos anima a combatir con todas nuestras fuerzas la explotación a los trabajadores, a denunciar los sindicatos de bolsillo de los empresarios como Sinaltraflor Fetraboc y a fortalecer a UNTRAFLORES. En Kenya, como en Ecuador y en Colombia, los obreros nos pondremos de pie, según lo expresaron muchos compañeros en Nairobi, capital de Kenya, para exigir que se respeten nuestros derechos, una vida digna y un futuro para nuestros hijos.