Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

En memoria de Michael Jean

Una vida al servicio de la clase obrera

El pasado 28 de enero falleció en Facatativá Michael Jean, coordinador de la Comisión Diocesana de Pastoral Obrera. El 30, día de su entierro, miles de personas del pueblo, entre quienes sobresalían los proletarios de la floricultura, lo acompañaron a su morada final. Durante el desfile hasta la catedral y luego al cementerio, entonaban cánticos en su honor y lanzaban al viento sus sentidas consignas: «¡Hasta siempre Michael: hermano, compañero, ejemplo de hombre nuevo!»; «¡Viva la clase obrera!»; «¡Viva Cristo obrero!»; «¡Compañero Michael: presente!». Y convirtieron en lema una de las frases favoritas del sacerdote: «¡Un joven trabajador vale más que todo el oro el mundo!».

El padre Michael nació el 11 de septiembre de 1933 en Bolbec, pueblo de Normandía, Francia. El día de su nacimiento quedó huérfano de padre, por lo que desde muy joven debió trabajar y hacerse cargo de su familia. Su juventud la vivió entre los obreros y el estudio, lo que le ayudó a madurar e influyó en sus ideales. En 1960 se ordenó sacerdote.

Michael llegó a Colombia dispuesto a trabajar entre el obrerismo. Pasó algunos años viviendo en barrios populares de Bogotá y Madrid, Cundinamarca, y en 1982 se radicó en Facatativá, en donde permaneció hasta su muerte, compartiendo su vida con la población obrera de Manablanca y Cartagenita.

Untraflores ha perdido a su mejor amigo y soporte, pero su presencia espíritual nos dará la fuerza necesaria para seguir adelante. Florecer, con base en una entrevista que Michael concedió recientemente a un grupo de jóvenes y otros testimonios, presenta, como dichos por él, algunos aspectos de su pensamiento:

En la persona de Jesús he encontrado el sentido de mi vida. He aprendido que debemos descubrir y conocer las necesidades de la gente y ser solidarios con sus padecimientos. Para ello hay que ser críticos de la realidad. De Colombia me afligen la guerra, la situación de los desplazados y la injusticia de las leyes laborales, que nos quitan el derecho al trabajo.

Las formas de contratación son muy injustas, las condiciones laborales también, la remuneración no es proporcional al esfuerzo realizado y al desgaste de la vida. Por los bajos salarios se afectan la alimentación, la salud, y la educación de la familia. Esto es una cadena que sume a todos en la pobreza y que también genera violencia. Pero lo que más me angustia son los desplazados a quienes se les arrebata su derecho a la vida, son rechazados y golpeados, no tienen nada. Creo que la solución es que regresen a sus tierras.

Los jóvenes también deben ver el país con sentido crítico, conocer los padecimientos de la gente y hallar el granito de levadura que pueden aportar. Deben compartir lo mucho o poco que tengan con los más necesitados, lo que les servirá para ser íntegros y comprometidos. Es importante que formen grupos de trabajo pues ahí pueden aprender a ser productivos y ayudar al progreso de su comunidad. El trabajo es fuente de progreso y el progreso es signo de paz.

Las acciones que hemos liderado son sencillas y pueden parecer insignificantes pero nos han dado resultado. Organizar grupos de oración comprometidos con la atención a los más pobres, los enfermos y los ancianos; apoyo a un sindicato; organización de la Juventud Obrera Cristiana, JOC, en el sector. Lo más importante es que se ha aprendido a trabajar en equipo, lo cual permite progresar y defender los derechos de las comunidades.

Se me pregunta que cómo puedo llevar una vida sencilla. Sólo sé decir que soy un privilegiado en los aspectos materiales: no estoy rico, ni tampoco pobre, pero gozo de vida. Me fortalece muchísimo el encuentro con otras personas. La gente, las comunidades religiosas son un buen apoyo para mí, los testimonios de los laicos y de toda la gente buena que aún existe.

A todos ellos les agradezco las oraciones que han hecho por mí. He visto mi salud recuperada por varias razones. Primero, porque la fe mueve montañas y creo en la fe con que todos han orado por mi salud. Segundo, porque tengo muchos deseos de vivir para seguir trabajando por la gente. El trabajo es tal vez mi sostén, la dinámica de mis compromisos me mantiene vivo y con fuerzas para seguir trabajando.

Finalmente, a los jóvenes les quiero decir que amen el trabajo que hacen, que no se desesperen por las pequeñas dificultades, que mantengan viva la chispa del amor y que sigan pensando que la paz es una realidad alcanzable si luchamos con los demás por conseguir mejores condiciones de vida.