Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Proletarios de Santa Bárbara, un ejemplo en el Grupo Chía

Un porcentaje considerable de empresas cultivadoras de flores de la sabana de Bogotá son de capitales extranjeros, que se asentaron aquí al ver grandes extensiones de tierra apta para el cultivo y un recurso humano que por causa  de sus necesidades, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo en condiciones degradantes. El Estado  alcahuete de las multinacionales favorece a los empresarios con medidas como salarios de hambre, inestabilidad laboral, contratación por medio  de  oficinas temporales o cooperativas, y así les arrebata a los obreros la posibilidad de tener una vida digna.

La organización obrera, una prioridad

Johny Bejarano
Johny Bejarano, presidente de Sintrapacna
Por Aldo Moreno 
Un porcentaje considerable de empresas cultivadoras de flores de la sabana de Bogotá son de capitales extranjeros, que se asentaron aquí al ver grandes extensiones de tierra apta para el cultivo y un recurso humano que por causa  de sus necesidades, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo en condiciones degradantes. El Estado  alcahuete de las multinacionales favorece a los empresarios con medidas como salarios de hambre, inestabilidad laboral, contratación por medio  de  oficinas temporales o cooperativas, y así les arrebata a los obreros la posibilidad de tener una vida digna. Esta situación se ve agravada  por el desplazamiento forzoso que hace que la oferta de mano de obra sea mayor, facilitando a los empresarios cambiar a quienes, por razones laborales, padecen enfermedades originadas por los  movimientos repetitivos como el corte, la clasificación, o la  inhalación de compuestos químicos. Muchas veces los trabajadores aquejados por estos males son despedidos sin recibir una indemnización, téngase en cuenta que Colombia ocupa el segundo lugar a nivel mundial en el número de desplazados, según estadísticas de  organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales.
 
Por  todo lo anterior, se hace indispensable que los trabajadores del sector floricultor, sin excepción alguna, nos organicemos en cada empresa y fortalezcamos a UNTRAFLORES, el sindicato que con gran denuedo algunos proletarios ya han construido con el fin de enfrentar la violación de  derechos, la explotación, el aumento de la carga laboral, y por mejores salarios y una vida más digna.
 
Tal es el caso de Santa Bárbara, donde los trabajadores se organizaron y crearon su propio sindicato obrero, Sintrapacna,  y a la vez se afiliaron a Untraflores, dividiendo en dos la historia de esta empresa, donde actualmente, gracias al sindicato, hay cierto grado de libertad de expresión, a diferencia del pasado, cuando aquel trabajador que manifestara su inconformismo, terminaba despedido.

Ante la creación del sindicato, la empresa en cabeza del señor Jorge Peláez dicta un pacto colectivo y mediante presiones y sobornos (ofreciendo $40.000) logra que un buen número de trabajadores se adhiera a éste, con el único fin de terminar el sindicato, intento fallido porque la organización continúa en pie.

La persecución toma diferentes matices. Aquel trabajador que solicita un permiso o un préstamo es chantajeado por la doctora Luz Alba Zúñiga (directora de Gestión Humana), quien para conceder lo pedido le exige el retiro del sindicato. La firma Pardo Carrizosa Navas acude a déspotas  como Juan Valenzuela, quien al sentirse culpable de la fundación del  sindicato, trata de desmotivar a los afiliados dedicando hasta dos horas de trabajo para hacerlos desistir mediante embustes y engaños; como él actúan otros ingenieros y facilitadotes de quienes se puede decir que son: “Cobardes que condenan las consecuencias de  sus propios actos”.
 
Exhortamos a los compañeros a exigir sus derechos, con respeto pero con valor, a no transigir ante los engaños. Los proletarios no tenemos nada que perder pero un mundo por ganar: mientras la falta de igualdad exista en esta mal llamada democracia, la  injusticia continuará reinando y la situación de los obreros será cada día más oprobiosa. La única forma posible de acceder un día a mejores condiciones de vida es mediante la organización y la lucha ya  que el dominio privado de los medios de producción constituye la base de la clase capitalista para explotar al  obrero. De  igual forma, esta clase se adueña del poder político para imponer leyes y decretos de su interés; con el fin de éste dominio, terminará también la explotación del hombre por el hombre.