Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Cinco años desbrozando el camino de la unidad obrera

Aidé Silva habla ante el Parlamento Regional de Thuringen A comienzos de 2001, ante la creciente persecución a los trabajadores de Agrícola La Celestina, hoy Benilda, a quienes les fueron suprimidas las mínimas garantías laborales, 29 obreros resolvieron afiliarse a Sinaltraflor y presentar un pliego de peticiones. Los directivos de Sinaltraflor dieron comienzo a las negociaciones excluyendo a los fundadores del comité sindical; después de varios días de componendas secretas con la empresa, Adriano Figueroa y sus compinches abandonaron a los aguerridos trabajadores, sin darles explicación ni noticia alguna. Los patrones, paso seguido, amañaron un pacto colectivo, que incluso disminuía beneficios adquiridos, y procedieron al chantaje de poner a los trabajadores a escoger entre este pacto y su derecho a organizarse. Los sindicalistas no dieron su brazo a torcer y con el apoyo de personas como el padre Michel Jean mantuvieron el pliego de peticiones. Resueltos  a sacar adelante sus reivindicaciones, el 2 de mayo de 2001, el núcleo proletario de Agrícola La Celestina, encabezado por Aidé Silva, fundó a Untraflores, que no obstante haberse constituido con un reducido número de afiliados, inscribió desde el comienzo en sus banderas la aspiración de organizar a todos los explotados de la floricultura colombiana.
A comienzos de 2001, ante la creciente persecución a los trabajadores de Agrícola La Celestina, hoy Benilda, a quienes les fueron suprimidas las mínimas garantías laborales, 29 obreros resolvieron afiliarse a Sinaltraflor y presentar un pliego de peticiones. Los directivos de Sinaltraflor dieron comienzo a las negociaciones excluyendo a los fundadores del comité sindical; después de varios días de componendas secretas con la empresa, Adriano Figueroa y sus compinches abandonaron a los aguerridos trabajadores, sin darles explicación ni noticia alguna. Los patrones, paso seguido, amañaron un pacto colectivo, que incluso disminuía beneficios adquiridos, y procedieron al chantaje de poner a los trabajadores a escoger entre este pacto y su derecho a organizarse. Los sindicalistas no dieron su brazo a torcer y con el apoyo de personas como el padre Michel Jean mantuvieron el pliego de peticiones. Resueltos  a sacar adelante sus reivindicaciones, el 2 de mayo de 2001, el núcleo proletario de Agrícola La Celestina, encabezado por Aidé Silva, fundó a Untraflores, que no obstante haberse constituido con un reducido número de afiliados, inscribió desde el comienzo en sus banderas la aspiración de organizar a todos los explotados de la floricultura colombiana.

Los arbitrarios patrones, para escarmentar, despidieron a la mayoría de los fundadores y a los demás les redujeron el salario y los sometieron a vejámenes. A la presidenta, Aidé Silva, la confinaron a pelar papas en el casino y hasta le impidieron comer con sus compañeros.

Ante cada afrenta la decisión de lucha se fortaleció. Aidé y sus compañeras trazaron la orientación de organizar trabajadores de otras empresas; publicar un periódico, Florecer, que se constituyera en vocero de los intereses obreros, denunciara los atropellos de los empresarios, difundiera las expresiones culturales y artísticas de los propios trabajadores y se pronunciara sobre asuntos de importancia mundial y nacional. Igualmente, establecieron un servicio de asesoría jurídica para hacer uso de las pocas herramientas legales existentes. Y, la amplitud de miras de este puñado de proletarios les permitió incluso comprender que necesitaban relaciones con sindicatos y organizaciones nacionales e internacionales, cuyos objetivos coincidieran con la defensa de los derechos obreros.

A la elaboración e impulso de estos propósitos contribuyó el que los fundadores de Untraflores habían entrado en contacto con un grupo de activistas políticos, que en aquel entonces militaban en el Moir, pero que seguían fieles al ideario de lucha proletario y quienes más tarde, en febrero de 2004, fundarían la publicación Notas Obreras.

Los esfuerzos no han sido en vano. A lo largo de estos cinco años Untraflores, trabajando sin descanso, fundó, en noviembre de 2004, el Sindicato de Trabajadores de Splendor Flowers, Sintrasplendor; en mayo, julio y noviembre de 2005 respectivamente, los sindicatos de Flores Cóndor de Colombia, Sintracóndor; de Benilda S.A., Sintrabenilda; de Pardo Carrizosa Navas y Cia., Sintrapacna y, en el mismo cultivo, meses después, Untrapardo; y, en febrero de 2006, en Flores La Fragancia, otra plantación de la Dole, Untrafragancia.

Con los nuevos contingentes de obreros la dirigencia del sindicato se fortaleció con líderes tan capaces y fieles a la causa obrera como Beatriz Fuentes, Campo Elías Bautista, Efraín Rubio, Eduardo Escobar, Luis Bohórquez, Helena Bustos, Javier García, José Miguel Góngora, Miguel Velazco, Julio Avendaño, Gladys Alvarado, William Ramírez, Custodia Cárdenas, Astrid Rodríguez, Alfonso Hernández, Pedro López, Stella Orjuela, Jairo Pérez, Argenis Bernal, Efigenia Villaquirá, Stella Salazar, María Mórtigo, Lilia López, Maribel Quintana, Isabel Rodríguez, Elizabeth Bernal, Gloria Bernal, Yissel Bohórquez, Daniel Ramírez, Andrés Rincón, Héctor Jaimes, Alexci Alvarado, Jesús Manjarrés, Orlando Romero, Gloria Romero, Edwin Ramírez, Lydia López, Edilberto Cómbita, José Mora, Reinaldo Rojas, Alberto Salamanca, Abel Navia, Gerardo Carrillo y muchísimos más.
Florecer, que cuenta con la colaboración de redactores, corresponsales y fotógrafos que son trabajadores de flores, y con la asesoría de Notas Obreras llega con ésta a su décima tercera edición y alcanza un tiraje de 5.000 ejemplares. Al periódico acuden asalariados de las más diversas compañías y municipios a ventilar sus reclamos y a denunciar a quienes los humillan. No es exagerado decir que Florecer es el vocero de los anhelos y de las angustias de los miles de jornaleros de la floricultura de la sabana de Bogotá. En cada edición decenas de sindicalistas, armados de megáfonos, recorren casa a casa las humildes barriadas esparciendo el ejemplo de lucha y alentando la rebeldía y la organización.

En tan pocos años, el puñado de pioneros, a cuya cabeza ha estado Aidé Silva, se ha convertido no solamente en un sindicato con más de 1.000 afiliados sino que en las plantaciones ya los proletarios se muestran insumisos ante la injusticia. El nombre de Untraflores infunde ánimo al obrerismo y temor a los explotadores. Este prestigio se ha forjado en un período tan corto gracias a que Untraflores se ha mantenido fiel a las siguientes orientaciones:

  1. Educar a las masas no solo en los derechos salariales y en las formas de organización sindical sino en la comprensión política de los problemas nacionales e internacionales.
  2. Organizar a más y más trabajadores y en inculcarles que sólo su unidad y su lucha los pueden llevar a la redención.
  3. No doblegarse ni ante la amenaza ni ante el halago de los patrones.
  4. Combatir sin tregua a los dirigentes sindicales traidores, pues Untraflores entiende que la unidad no se logra sino derrotando en las filas del obrerismo a los agentes del enemigo.
  5. Propender a la unidad en cada plantación; estrechar lazos y unir a los obreros de las distintas empresas, con la perspectiva de formar un gran movimiento de todos los floristeros; auspiciar la unidad de todos los trabajadores colombianos y del pueblo y tenderles la mano y estar listos a fraguar las bases de la hermandad internacional de los asalariados.
Si se mantiene fiel a estas directrices, Untraflores seguirá avanzando hasta convertirse en un bastión de la lucha obrera.