Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Los trabajadores debemos abrir los ojos y organizarnos

Pregunta: Aydé, háblenos de la historia del sindicato.

Respuesta: En enero del año pasado la nueva administración de la empresa impuso mayores exigencias de calidad, de rendimiento y menos salarios; convirtió los permisos en licencias, es decir, se descuentan. Entonces, decidimos organizarnos. Lo único que sabíamos de un sindicato era que servía para defender los derechos de los trabajadores, pero no lo que tendríamos que enfrentar. En ese momento aparecieron los compañeros Figueroa y Guerrero, directivos de Utracun. El 25 de enero del año pasado se realizó la asamblea que eligió la junta directiva. Se redactó un pliego de peticiones que se le presentó a la compañía. Se afiliaron 29 compañeros. Inmediatamente despidieron 12 sindicalizados y 24 no sindicalizados.

Los dueños de La Celestina y de Benilda impusieron un pacto colectivo y pusieron a los trabajadores a escoger entre el pacto y el sindicato. El grueso de los compañeros, amedrentados ante la presencia del patrón y los administrativos, aceptó el pacto, que fue firmado dos días después. Sin embargo, corriendo todos los riesgos, un 5% nos respaldó. Los de Utracun nos dejaron el pliego y se perdieron, durante 8 días no volvimos a saber nada de ellos, nos dejaron a la deriva.

La empresa escogió a la gente que le caía bien para ir a representar el pacto colectivo. No permitieron que los trabajadores eligieran. Al que no firmaba lo amenazaban con echarlo. Nos sentimos derrotados y llegamos a pensar en renunciar. Afortunadamente,  un compañero hizo contacto con el padre Michel y unos asesores sindicales que nos explicaron qué seguía luego de presentado el pliego.

El 2 de febrero se suscribió un acta de inicio de negociación  con Carlos Gómez, gerente administrativo. El 6, Adriano Figueroa y Álvaro Herrera, de Utracun, desayunaron  con la gente de la empresa, con lo cual no estuvimos de acuerdo. Ellos dijeron que como estábamos empezando debíamos aceptar lo que nos ofrecieran. Como no aceptamos nos dejaron abandonados.

Pusimos una querella ante el Ministerio de Trabajo para que la empresa negociara. La última citación para hacerle correr una multa era el 26 de abril en Bogotá, debían presentarse sindicato y empresa. Carlos Gómez se negó a dar el permiso. Nos encerró en su oficina y la querella se congeló  por dos meses, ya que ninguna de las partes se hizo presente.

Nuevamente nos sentíamos acabados pero, al menos, queríamos sacarles la multa. No dimos el brazo a torcer y en vista de que  Sinaltraflor no nos quiso apoyar, unos pocos decidimos crear nuestro propio sindicato, Untraflores. Se fundó el 2 de mayo con 27 afiliados, 22 de La Celestina, y el resto de Flores La Vereda. El pliego quedó suspendido hasta junio.

P. ¿Cuáles son las condiciones salariales?

R. Después del pacto, los salarios se incrementaron 1,1% sobre el mínimo. A los sindicalizados nos dejaron en el mínimo; los quinquenios quedaron así: $25.000 por 5 años, $ 30.000 por 10 años, $ 35.000 por 15 años. La prima de antigüedad, que era un día de salario por cada año, ahora es de $ 1.000 mensuales. El auxilio de merienda, que ya se tenía, quedó en el pacto, pero se les quitó a los afiliados al sindicato, quienes  tenemos que pagar el 100%, los otros pagan el 25%. También se nos quitó el gasto de transporte (distinto del auxilio), que  es de catorce mil pesos mensuales.

P. ¿A pesar de esto no se han doblegado?

R. No. Alguien de la empresa me llamó a decirme que viera lo que estaba perdiendo. Yo les dije que esta era una pelea que había que seguir dando porque así nos ofrecieran cosas este año, el otro nos las podrían quitar. Les propuse a los patrones que convirtiéramos  ese pacto en convención colectiva.

P. Lo que me cuenta muestra lo difícil que es organizar sindicatos en las empresas de flores. ¿Aparte de la presión de los patrones que otros factores influyen?

R. Es terrible la persecución, por lo que saben que hay poco trabajo. Se ofrece mucha gente. Las empresas ya no reciben sino por contratistas, así se evitan vacaciones, primas. En La Celestina hay unos 400 obreros mediante este sistema. Contratan  inclusive  por dos, tres u ocho días, como temporales para un trabajo específico. Este sistema está generalizado.

P. ¿Qué otras medidas han tomado contra los sindicalizados?

R. A mí me pusieron a pelar papas en el casino, ni siquiera donde están las otras personas, sino en una bodega donde tienen todo el mercado. Recién llegada nadie me hablaba, les prohibieron hasta ofrecerme un tinto. Estaba encerrada. Antes almorzaba con mis compañeros, con todos los trabajadores, me quitaron ese privilegio. Podía almorzar sólo cuando no hubiera nadie en el casino.

P. ¿Cuál era su trabajo anteriormente?

R. Llevo once años en La Celestina, durante ocho y medio trabajé en propagación. Cosechaba esquejes, para luego sembrarlos. Estuve durante tres meses en el cultivo, cortando flores. Luego me pasaron a fitosanidad, control de plagas; allí estuve hasta enero del año pasado, teníamos una bonificación por eficiencia. Ese mismo mes, el señor Carlos Gómez suspendió la persona de fitosanidad, porque tenía una bonificación por eficiencia, más otra por fitosanidad. Quitaron todo y me sacaron, luego vino lo del sindicato. Me pusieron a caminar por toda la empresa. En nueve años no la había conocido tanto. Estuve en todas las áreas. Seguramente querían que me aburriera y me rotaban cada 15 días: siembra, desyerbe, despunte, de todo me ponían a hacer; hasta que terminaron por mandarme a trabajar al casino y ahí estuve hasta que en noviembre llegó una comisión internacional de la Campaña Europea de Flores, además de dos periodistas alemanes, ante quienes se denunció mi caso. Entonces decidieron pasarme nuevamente al cultivo.

P. ¿Es cierto que hay una generalización de enfermedades entre los trabajdores de este cultivo?

R. Hablo de mi propia experiencia Yo allí entré bien. Al año, por la manipulación de químicos, me empezaron a dar fiebres y fríos. El médico de la empresa me dijo que tenía asma bronquial, que no sabía de qué. Trabajaba dos horas y no podía más, varias veces tuvieron que sacarme con oxígeno. Estuve hospitalizada e incapacitada varias veces, hasta por 20 días. El Seguro Social envío una carta diciendo que no podía tener contacto con químicos ni tierra. Esto, lógicamente, no les gustó. La trabajadora social me dijo que mejor me retirara. Me negué, aunque estoy cansada no quiero irme,  porque ese es mi trabajo. No sé hacer cosa diferente a trabajar en flores. Ella me insistió. Me mandaron a propagación. Ahora me dan crisis pero no tan fuertes. En enero de 2001, cuando me tuvieron rotando por todo lado, presenté tres crisis seguidas. Yo misma tenía que comprar los tapabocas, pues la empresa no me los daba.

P. ¿Qué otra clase de enfermedades son comunes?

R. Allá se sufre bastante de la columna. Uno debe  pasar días enteros agachado, sembrando, desyerbando, despuntando. Además, se presentan enfermedades como la tendinitis. A varios compañeros los han tenido que operar de las manos. Pero para el Seguro Social eso es normal, no lo declaran enfermedad profesional, dicen que es herencia. Solo la fractura de un pie o algo similar lo consideran accidente  de trabajo.
P. Se ve que hay bastante inconformidad, así no se exprese, se siente. ¿Qué opina?
R. Creo que no hay nadie que esté a gusto en las flores. Existe mucha presión. Uno puede estar enfermo pero tiene que dar el rendimiento o si no tiene que irse. Hay gente de 18 o 20 años de trabajo, que  ha dado lo mejor de su vida, y ahora le están viendo el lado feo porque no rinde lo mismo que alguien de 18 años, por eso los despiden.

P. ¿Aydé, cuál es la situación actual del sindicato?

R. Ya han informado a 12 sindicalizados que no se les renovará el contrato. A mí se me vence en Octubre. Aún no se sabe si me lo renueven.

P. ¿A pesar de todo lo sucedido, piensa que ha valido la pena el esfuerzo?

R.
Yo sigo en la brega hasta el último momento porque ese es mi ideal: seguir luchando por la estabilidad laboral, por unas condiciones dignas para los trabajadores. Así me saquen de Agrícola la Celestina, seguiré trabajando por la organización. Pienso seguir con  trabajadores de otros floricultivos. Continuaré en la pelea.

P. ¿Vale la pena?

R. Hay que hacerlo. En este momento es un deber abrirles los ojos a los trabajadores pues las empresas les tienen una venda. Tenemos que quitarles esa venda, y con un buen trabajo, así no sea ahora, podremos organizarlos.

P. ¿Aydé, qué piensan del sindicato quienes no están sindicalizados?

R.
Me dicen que si se consigue algo nos apoyan. La gente no aguanta la persecución, algunos se desafiliaron por temor, ya que la mayoría son cabezas de hogar, pagan arriendo, y si les quitan el puesto, es un golpe muy duro para su economía.

P. ¿Qué se debe hacer?

R. Por ahora capacitar a los obreros. Es difícil, pero se han buscado mecanismos: hemos regado volantes, damos información; cuando puedo me contacto con ellos y les explico la situación. Entienden, pero tiene mucho miedo de organizarse. La gente sabe lo que se nos viene: el trabajo en flores va a ser más terrible, más pesado, con diferentes técnicas. El mismo dueño nos anunció más atropellos. El enfermo no les sirve; el que pase de determinado tiempo, no se adapte a un grupo o  reclame sus derechos, tampoco. Harán selección de trabajadores, despedirán a los más antiguos y a los de rendimiento insuficiente y, lógico, a quienes reclamen sus derechos.