Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Masivo rechazo a convención patronalista

Luego del fracaso de su complot con el Ministerio de la Protección Social para negarle el registro sindical a Sintrasplendor, el grupo Dole no ha ahorrado ningún esfuerzo que tienda a arrasar el sindicato.
Luego del fracaso de su complot con el Ministerio de la Protección Social para negarle el registro sindical a Sintrasplendor, el grupo Dole no ha ahorrado ningún esfuerzo que tienda a arrasar el sindicato. Para ello ha contado con la complicidad de los vendeobreros que dirigen Sinaltraflor, quienes por más de 30 años se han dedicado a dividir y a facilitar la opresión de los floristeros. La multinacional pretende tapar cada nueva arbitrariedad con declaraciones fariseas sobre que lo único que hace es ceñirse a las disposiciones legales.

Como la inscripción en el registro dejó sin piso su negativa a negociar el pliego de peticiones, presentado desde abril por Sintrasplendor y Untraflores, se inventó que la falaz convención que firmó el 20 de diciembre del año pasado con Sinaltraflor le impedía cualquier acuerdo con los sindicatos independientes. Esta maniobra produjo la indignación de los trabajadores y el rechazo del creciente número de personas y organizaciones que en los países compradores se solidarizan con la lucha de los proletarios de las floras. La protesta llevó a que la casa matriz, Dole Fresh Flowers, tuviera que comprometerse, el 20 de septiembre, en Nueva York, en presencia de Eduardo Escobar, delegado del sindicato, y de integrantes de las ONG Responsabilidad Social Internacional y Proyecto de Educación Laboral en las Américas (respectivamente, SAI y US LEAP, según sus siglas en ingles) a facilitar la negociación con Sintrasplendor. Incluso, aceptó que atendería la opinión de un tercero conocedor de la legislación laboral colombiana e internacional que le aclarara sus supuestas dudas al respecto.

Pero los directivos de Dole más se demoraron en pararse de la mesa que en incumplir la palabra empeñada y en fraguar nuevas argucias. A los pocos días con toda desfachatez se inventaron que los asesores de Sintrasplendor habían coincidido con ellos en que realmente las normas legales les hacían imposible negociar. Luego, cuando el Centro de Solidaridad de la central obrera estadounidense AFL-CIO, le solicitó el concepto de un experto laboralista —ex funcionario de alto rango del Ministerio de la Protección Social y de la OIT—, quien demostró palmariamente que no había impedimento legal para pactar con Sintrasplendor y que, por el contrario, la empresa estaba obligada a hacerlo, dijeron que ése era una opinión personal que ellos no tenían por qué obedecer. Mientras tanto, la gerencia de Americaflor, razón social bajo la cual se agrupan las plantaciones florícolas de Dole en Colombia, trataba de embaucar a la dirección sindical con reuniones en las que no se comprometían a nada y en las que llegaron hasta a proponer la avivatada de sujetar la negociación del pliego a lo que opinara el grupillo patronalista de Sinaltraflor.

Ante tanta burla, la protesta subió de tono. Sintrasplendor programó combativos mítines dentro de las propias instalaciones de la empresa al inicio de la jornada, hecho sin antecedentes en las plantaciones; y los amigos de la organización en Estados Unidos y otros países compradores de flores anunciaron que incrementarían la campaña de denuncia contra Dole. Entonces, entre ésta y el señor Adriano Figueroa, presidente de Sinaltraflor, maquinaron el que creyeron que sería el golpe de gracia contra el sindicato obrero. Al amparo de que inflaron fraudulentamente a punta de coacción la lista de afiliados a Sinaltraflor, hasta llegar a un tercio de la nómina, optaron por extender su espuria convención a todo el personal de la compañía. La treta implicaba, además, que los $ 4.500 mensuales de aumento (el gran logro de los esquiroles), pasan directamente a los hondos bolsillos de Figueroa y su combo. No cabía mayor oprobio: pagarles a los judas el salario de la traición arrebatándoles el dinero a los obreros traicionados. 

Para disimular, al mismo tiempo montaron otra triquiñuela dirigida a despistar a quienes cuestionan las prácticas de contratación del monopolio gringo. Decidieron convertir los contratos individuales de trabajo a término fijo en indefinidos; pero, como lo dijo un obrero, transformando esta reivindicación en un dulce envenenado, ya que le colgó al nuevo contrato un rosario de causales para despedir con “justa causa” a todo el que le diera la gana.

Ante el atropello la respuesta obrera fue rápida y contundente. Siguiendo las orientaciones de Untraflores y Sintrasplendor, en una semana más de 500 obreros renunciaron a la convención patronalista, y la empresa desistió de llamar al personal a suscribir el nuevo contrato porque los trabajadores, como rechazo a las abusivas estipulaciones, masivamente se negaron a firmarlo. Acostumbrados como están a imponer con sus amenazas de lanzar a la calle y al hambre a quien se atreva a levantar la voz, los patrones no han podido disimular la desazón que les causó el que el obrerismo se hubiera atrevido a desafiar sus iniquidades.

Con el propósito de de canalizar la justa rebeldía Sintrasplendor y Untraflores se han propuesto hacer los esfuerzos necesarios para persuadir hasta al último operario de que, sin importar a que sindicato pertenezca o que no se haya unido a ninguno, dé el paso decisivo de renunciar a la convención patronalista, porque únicamente así podrán atajarse las nuevas trampas, que ya deben estar craneando los patronos. Además, porque esto sentaría una base firme para obligarlos más temprano que tarde a hacer una verdadera negociación colectiva en la cual se pacten, entre otros puntos, los siguientes: contratación directa y a término indefinido de todos los empleados pero sin las disposiciones venenosas; garantías de estabilidad laboral; supresión del trabajo en línea o de los llamados nuevos métodos de especialización y en general de toda recarga de trabajo; mejora progresiva de los salarios y las prestaciones; cese de las humillaciones y garantías de defensa en los procesos disciplinarios; compromiso de la compañía de no amamantar sindicatos de bolsillo.

Con su lucha y perseverancia los sencillos obreros de Splendor le propinaron una derrota a la arrogante multinacional y a su sindicato títere. No cedieron ni ante la amenaza ni el halago. Su acción demuestra que el miedo con el que han pretendido mantenerlos en la esclavitud se está convirtiendo en cosa del pasado y que la injusticia patronal va a encontrar la resistencia más férrea que jamás se soñaron los encopetados señorones de la floricultura.