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La huelga de los corteros de caña: lecciones para no olvidar

El 15 de septiembre del año pasado 15 mil corteros de los cañaduzales de los departamentos de Valle del Cauca y Cauca se lanzaron a una huelga general, que se prolongó por 56 días. Junto al paro de la Rama Judicial y a la Minga de los indígenas, este movimiento sacudió a Colombia y puso en aprietos al arrogante gobierno de Uribe Vélez.

La declaratoria de la hora cero fue la culminación de un proceso de muchos meses de preparación y de búsqueda de una salida negociada a las peticiones; pero la rancia oligarquía azucarera se negó siquiera a escuchar las justas demandas de los asalariados. El 14 de junio, ocho mil corteros provenientes de 13 ingenios se concentraron en Pradera, Valle, para asistir a una Audiencia Pública, con participación del Parlamento y del gobierno, pero los voceros de éste último, temerosos de enfrentar a los manifestantes, huyeron hacia la comodidad de los salones y de los mullidos muebles de los empresarios. Por la tarima, entre otros, desfilaron voceros de los centenares de incapacitados, que luego de dejar su salud en los surcos hoy no pueden gozar de una pensión de invalidez, o a los que les espera el mismo destino porque ya afectados gravemente de sus brazos, no son reubicados, y ya no pueden cortar las toneladas necesarias para ganarse el mínimo requerido para sobrevivir.

El 14 de julio, en un acto que concentró a más de seis mil personas, en Palmira, le presentaron a Asocaña, el gremio de los propietarios, el Pliego Único de Peticiones que concentra las exigencias mas urgentes de los proletarios:

  • Contratación directa y estabilidad laboral, para poner fin a las Cooperativas de Trabajo Asociado, CTApago de los días perdidos por paradas de las empresas, pago de los tres primeros días de incapacidad médica, auxilios para educación y vivienda, primas de antigüedad y vacaciones, entre otros.
  • Control del peso de la caña y regreso al mecanismo de peso por uñadas.
  • Garantía del derecho al trabajo frente a la creciente mecanización del corte.
  • Solución, por parte de las empresas, las EPS y ARP a la problemática de más de 200 incapacitados anuales que deben ser reubicados o pensionados.
  • Aumento salarial del 30%.
  • No represalias a los partícipes en las actividades relacionadas con el pliego.

El punto principal el de la contratación directa, se convirtió en la más sentida necesidad de los corteros. Desde comienzos de los años 90, los empresarios empezaron una labor sistemática para acabar con la planta de personal directa. A punta de presión o sembrando ilusiones lograron que casi el 100% de esta labor quedara primero en manos de contratistas y luego en CTA, de las cuales existen alrededor de 150. Este sistema mediante el cual se pierde hasta la relación laboral porque uno pasa a ser su propio patrón, lanzó a los corteros a una condición miserable en la que ya no obtienen ni el salario mínimo.

El 25 de agosto los corteros se tomaron Cali en una portentosa manifestación que juntó miles de proletarios de los ingenios y de las plantas de alcohol carburante, estudiantes, empleados judiciales, trabajadores de otras ramas de la producción, organizaciones cívicas y populares.

Ni la modestia del pliego, ni los masivos actos sin antecedentes, ni la solidaridad nacional e internacional con los obreros, nada conmovió a los empresarios quienes miraron con desdén la protesta. Los obreros no tuvieron otra salida que la huelga. El 15 de septiembre los valerosos hombres de piel negra la mayoría, callosas manos y músculos de acero, mirada altiva y sencillez sin igual, bloquearon todos los ingresos a los ingenios Pichichí, Providencia, Manuelita, Central Tumaco, Mayagüez, Central Castilla, María Luisa y Cauca. Desde ése día y hasta el último sus mujeres estuvieron a su lado, luchando hombro a hombro, atendiendo a la vez la casa y la carpa de la huelga.

La típica reacción patronal y del gobierno no se hizo esperar. El gobierno por enésima vez esgrimió el argumento falaz de que la protesta era cosa de terroristas infiltrados y por lo trato debía dársele el trato de tales. En la primera arremetida la Fuerza Pública en el mismo día del inicio de la huelga dejó heridos a 31 trabajadores de los Ingenios Cauca y Providencia, ambos propiedad del magnate uribista Ardila Lulle, y 4 lesionados más en Central Tumaco.

Contrasta esta brutalidad contra quienes persiguen garantías elementales con las larguezas a costa del Erario con los dueños de los ingenios. Desde su primer mandato una de las prioridades de Uribe fue favorecer a este sector. Montó paso a paso, con la incondicionalidad del Legislativo, una calculada normatividad para que los azucareros se enriquecieran aún más produciendo alcohol carburante (etanol). Exceptuó el nuevo combustible de pagar IVA (16%), de la sobretasa a la gasolina (25%) y el impuesto global, un regalo de mas o menos 153 millones de dólares anuales. Declaró Zonas Francas Especiales los territorios de las plantas de agrocombustibles, por lo cual el Impuesto de Renta, se reduce a 15%, cuando en general es superior al 30%. Exoneró de aranceles la importación de maquinaria, las garantiza la compra y el precio (a ellos no les echan sermones sobre la libre competencia), y hasta los hizo beneficiarios de los créditos del programa Agro Ingreso Seguro. Gracias a esto la oligarquía cañera dejó de exportar azúcar a pérdida al mercado internacional.

Como la represión no hizo sino acrecer el ánimo de lucha de los proletarios los patrones recurrieron persistentemente a su inveterada arma del divisionismo. Propiciaron marchas del administrativo y de manejo y confianza para denunciar a los corteros. Para su eterna vergüenza, junto a los amos también desfilaban algunos jefes sindicales, portando pancartas d "defensa del derecho al trabajo". Con el propósito también de dividir el movimiento como lo había hecho en 2005, alegó que únicamente se sentaría a negociar ingenio por ingenio y no conjuntamente y hasta tanto se desbloquearan las entradas a las compañías y se permitiera evacuar la producción. Es decir, si aceptaban que la portentosa batalla se convirtiera en una farsa.

Los patyrones se vieron obligados a firmar en una sola mesa las bases generaes del acuerdo para todos los ingenios. Nestas consistieron básicamente en los siguiente. Elevación salarial en promedio del 15%,; pago delos tres primeros días de incapapcidad; planes de vivienda; constitución de fondos educativos, de studios y de becas para los trabajadores y sus hijos; compromiso de respeto a la libertad de asociación sindical; asunción de las empresas del pago de la seguridad social. Los corteros dejaron constancia deque no descansarán hasta alzanzar la contratación directa.

Los corteros se propusieron como deben hacerlo siempre los obreros unas metas muy altas. Y eran conscientes de que la aspiración a ser contratados directamente y suprimir las nefastas CTA no era posible con su sola movilización, ya que esto afecta al alma delos intereses de los capitalistas de reducir la paga, dispersar y suprimir todos los derechos del obrerismo, por lo que requiere un generalizado movimiento de unificado de los trabajadores de muchas ramas económicas. Pero en este asp'ecto su triunfo consistió en señalarle al resto de los proletariso que independientemente de que no esté permitido en los códigos los trabajadores ubcontratados se pueden organizar, presentar pliegos de peticiones y obligar a los patrones a negociarlos, es decir, qempezaroin a andar el camino y a recordar la vieja lección de que la acción obrera no puede lim,itarse a lo aceptado por las leyes sino que por el contario las pocas que existen benñéficas a los asalariados esán consignadas en los Códigosd porque generaciones anteriores de proletariso ofrendaron su sacrificio y hasta su vida paraqué ello se lograra.

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