Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

«Aidé nos enseñó a luchar por lo nuestro»

La huelga en Benilda

Marleni nació en Yacopí, Cundinamarca, muy pequeña llegó a Facatativá con su madre y su hermano mayor, quien se convirtió en la cabeza de la familia. Estudió hasta cuarto de bachillerato y se casó. Las obligaciones le impusieron dedicarse a trabajar. Tiene tres hijos. Hace dos años por fin pudo adquirir vivienda propia, de las llamadas de interés social. Durante cinco años estuvo en Inversiones Calipso (Papagayo) y duró 11 en Benilda.

—Primero trabajé en el cultivo, luego en la sala de mini y después en la de estándar. Los rendimientos eran muy altos y teníamos que alcanzar los de las demás, pensé que no duraría en la poscosecha, pero me le enfrenté al tigre, y estando allí se presentó todo esto.

Durante varios días, a ella que es tan alegre, se le vio que no podía con la tristeza, no tenía nada que ver con su decisión de participar en el movimiento.

—Mi hija el 13 de octubre cumplió 15 años, yo contaba con los ahorros del Fondo para hacerle algo y eso me dolió en el alma, estuve varios días comida por la tristeza, yo soñaba para ella una fiesta. Pero vea todo se compensa los abuelitos le dieron serenata, y unos regalos, y otros familiares también se los celebraron.

Ella es de quienes se afiliaron a Untraflores en los últimos meses, nunca antes la logramos convencer.

—Es que uno tiene el concepto de que en un sindicato la gente es mala, hoy después de estos meses de huelga me doy cuenta que a la empresa no la termina un sindicato, la termina el mismo empresario.

Como la mayoría de los benilderos ella siente que su vida cambió en esos dos meses de lucha.

—Cambié totalmente y se lo he hecho saber a muchas personas, empezando por una jefe de la que todo el mundo dice que era una porquería. Durante mi estadía en esta empresa viví momentos críticos. Con ella tuve que enfrentarme:

—¿Cómo así que usted con Aidé Silva? No lo concibo, usted es una persona de la que no esperaba eso.

—Vea, usted ya no es mi jefe, aquí todos estamos por una sola causa, yo me di cuenta de que la mayoría está con Aidé, ¿por qué yo no? También me enfrenté a otros jefes, tuve que decirles la realidad del sindicato, cuál era la verdad de lo que estábamos viviendo allí y que hubiera pasado si no estuviéramos allí. Tuve la oportunidad de decírselo y al final terminaron abrazándome y deseándome mucha suerte.

Marleni tenía siempre una salida que le ponía alegría o humor a los momentos más difíciles del paro; pidió estar durante todo el tiempo en la comisión de la cocina, ella la llamaba la “zona de candela”.

—En realidad no quería estar en otra parte, no quería caminar, yo veía con nostalgia que lo que habíamos construido estaba hecho nada, prefería estar ayudando a pelar, revolver, cocinar, servir, lo que fuera menos irme a caminar; de noche, de vez en cuando, caminaba porque así no veía tanto lo deteriorado que estaba todo.

Al contrario de lo que podía pensarse las mujeres tuvieron el apoyo de sus compañeros, no obstante que los hogares andaban un poco al garete.

—Por Raúl estuve allí, cuando empezó tuve un momento de debilidad, pensé que no iba a ser capaz, tomé la decisión de irme, en la casa lloraba de ver que todo era más difícil.

—Quiero dejar todo y buscar trabajo.

—No, yo la apoyo, acompañe a los compañeros, ¿qué le preocupa?

—Pero era que nos repartíamos todo, el pagaba servicios y el mercado, yo la cuota de la casa, las pensiones de los colegios de los niños y las onces.

—Yo allá no voy a ganar nada le toca solo.

—No importa, quédese allá, apoye a los compañeros, yo se que usted puede ayudarlos con su manera de ser.

¿Volvería a trabajar en las flores?

—Si hay que hacerlo, sí, al menos por la temporada.

¿Tantos años en las flores le han dejado alguna secuela en la salud?

—Sí, claro, de la columna. Tuve restricción médica, por eso me mandaron a poscosecha.

Parece tranquila en medio de las dificultades. Las cuotas de la casa atrasadas, las pensiones y los servicios también, y un panorama oscuro para encontrar pronto un nuevo empleo.

—Yo sé que todo va a salir bien, que la liquidación nos va a salir. Es que había mucho positivismo, ahora último todos unidos. Dicen que la fe mueve montañas y yo se que la gente puso la fe en Aidé, en la doctora Esperanza, en todas las personas que nos apoyaron. Tuvimos muchísimo respaldo, mucha gente no conocíamos de un sindicato y de un momento a otro nos hemos dado cuenta de que no es tan tremendo. Yo pienso que lo que nos pasa en nuestro país es que nos falta gente con verraquera, personas capaces de enfrentársele a un patrón y decirle bueno, las cosas no son así sino de esta manera, que haya gente con fuerza; decirles que nosotros merecemos respeto, apoyo, porque solo nos tienen en cuenta que el rendimiento, que dar lo máximo y uno hay momentos que está muy cansado, pero no es capaz de acercársele al dueño a decirle que esto es demasiado.

¿Cuándo se decidió definitivamente a seguir las orientaciones del sindicato?

—Cuando ellos nos hicieron la última reunión y nos dijeron que no se hacían más cargo y que dentro de tres años nos iban apagar nuestras liquidaciones. A todo el mundo se le bajó la moral, nos dimos cuenta que ese señor nunca nos valoró como nosotros lo merecíamos, yo pienso que así como ellos han hecho su fortuna a costa de todos nosotros, no podían decirnos que nos fuéramos a Bavaria o Corona, no podían decirnos vayan a ver qué hacen, pienso que las cosas no debieron ser así. Pero fuimos más inteligentes que ellos, nos dieron tres días para decidir, ¿qué hicimos? nos aglomeramos, en poscosecha éramos más de 100 personas.

—Cualquier decisión que usted tome nos la cuenta, pero no vayamos a firmar nada, nos decíamos unas a otras.

¿Después de toda esta experiencia qué piensa?

—A a pesar de que Aidé nunca estuvo en poscosecha, Daniel nos informaba, nos decía: estemos unidos, si lo estamos los señores Mejía no van a poder, pero sentíamos temor, cuando llegó el día que no nos dejaron trabajar, vimos que todos estaban revolucionados, por un ratico sentimos miedo pero cundo pasó el segundo, el tercer día del paro ya no teníamos miedo, ya cada uno se sentía dueño de sí mismo, sentíamos que tomamos el toro por los cuernos. Pienso que todo esto es para contárselo a mis nietos.

—Ahora pienso que Aidé es un ejemplo para todos. Lo que viví al pie de ella es de admirar, es una persona echada para adelante, es una persona que no le asusta nada, es obvio que ya ahorita después de todo ninguno teníamos miedo, pero esa seguridad fue Aidé la que nos la hizo dar, nos enseñó que teníamos que luchar por lo nuestro. La mayoría éramos gente de poca fe. No creíamos que esa persona bonita, “papá Mejía”, se fuera a transformar en un ogro.

—Ojalá mucha gente tome ejemplo de todo esto, que entiendan que somos personas que valemos la pena, personas trabajadoras que no merecemos que nadie nos trate como quiera, hay que luchar por otras empresas, en otros lados, no que tengan esa mentalidad de que si hay sindicato se acaba la empresa. Yo decía no estamos pidiendo millonadas, que me den lo que me gané por derecho en estos 11 años. Ahorita a veces me angustio, pero sé que no estoy sola. Sé que todo va a salir bien.

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