Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

En Santa Bárbara: los nuevos administradores redoblan la explotación

Por Aldo Moreno

El cambio de administración en la finca Santa Bárbara del Grupo Chía se siente y no precisamente porque esta se destaque por brindar mayores beneficios a los operarios, por el contrario sus intenciones muestran ser más feroces que las de la anterior, y no por aquello de que todo pasado fue mejor, sino porque a través de la organización obrera habíamos frenado parte de los abusos que se solían cometer. Hoy nos toca empezar de nuevo a conquistar el terreno que habíamos ganado y que la empresa nos está arrebatando.

Cómo será de grave la situación que ésta reunió recientemente al personal para tratar de lavarle el cerebro metiéndole la idea de que de que los inversionistas, “a pesar de sus dificultades”, le seguirán “apostando” al negocio, y que por ello hay que darles las gracias rindiendo, no al 100% de la capacidad, sino al 110%, y de ahí para arriba. Esto hace parte de la escalada de recarga laboral que se viene presentado en este cultivo y que lo está convirtiendo en una especie de campo de concentración.

El mejor ejemplo de esto son los llamados Equipos de Alto Desempeño, EAD, que mediante el sistema de “retos”, están imponiéndoles a los operarios unos rendimientos máximos para mantener el cultivo al día. El método consiste en formar grupos de trabajo y en cada uno de ellos poner una o dos personas con restricciones médicas. Este nefasto sistema obliga a quienes no están enfermos a realizar las labores que quien tiene restricción no puede cumplir, ya sea por las dolencias propias de su incapacidad producto de sobrecargas laborales en Santa Bárbara o en otros cultivos o porque tiene que acudir a citas medicas; y a los enfermos los fuerza a exigirse más allá de lo que su condición de salud les permite. Y todo este martirio para obtener como ganancia tres horas y media cada quince días y eso si se cumple con las tareas establecidas. Es fácil deducir que el gran negocio lo hace la empresa porque obtiene altas productividades y rendimientos, como si el ciento por ciento de los operarios estuviera en inmejorables condiciones de salud. Por desgracia, la mayoría se ha sometido dócilmente a este régimen, que ha aumentado la extensión y la intensidad de la jornada. Algunos para cumplir no se toman los descansos, no hacen las pausas activas, ni siquiera salen a almorzar y hasta hacen extras no remuneradas. No se dan cuenta que pronto su organismo les pasará la cuenta de cobro y cuando esto suceda los botarán y los reemplazarán por nuevos operarios, y las ARP dirán que las dolencias son de origen común, o, si acaso, les darán una indemnización ridícula.

Pero, mientras los obreros dan más allá de sus fuerzas, los “generosos” patrones exigen más y más y reducen hasta las mínimas garantías: recortan las licencias por calamidad; amplían a más labores la jornada flexible; anuncian que las extras se cambiarán por el llamado banco de horas, a fin de aumentar la productividad extenuando al obrero sin pagar el trabajo excedente. Como si fuera poco, contratan nuevo personal técnico y directivo que, como en los casos del director de producción y un nuevo ingeniero de fumigación, se crecen tratando despóticamente al personal. Algunos de los ingenieros ingresados en los últimos meses, hacen pensar que vienen de cultivos donde prima la fuerza por encima de la razón, de fincas donde lamentablemente no existe organización sindical consecuente y por lo tanto ellos se sienten amos y señores, donde sus decisiones son dogmas que no se pueden discutir, llegando al colmo de perseguir a los operarios hasta por saludarse.

Es indignante que en Santa Bárbara la Administración no haya aprendido la lección que dejó la muerte trágica de José Omar Fonseca. A pesar de la insistencia de Asoflores de que se respeten estrictamente las normas de seguridad y las indicaciones de los miembros del Copaso que se preocupan por la suerte de sus compañeros, recientemente el facilitador de mantenimiento, Norberto Jaimes, le ordenó a un trabajador hacer una labor de alto riesgo en altura, en la estación de combustibles, sin las debidas protecciones. Es sabido que para realizar tareas a más de un metro debe hacerse un curso, el cual no se le había dado al operario en cuestión, y fuera de eso no portaba careta, guantes ni el chancho especial. A su falta de previsión el señor Fonseca le sumó la altanería al responderle al directivo sindical y miembro del Copaso Eliécer Paternina, cuando éste le reclamó por semejante falta de juicio, que hiciera lo que quisiera pero que él no podía parar las máquinas. Pero no es solo eso, ya han sucedido y pueden volver a presentarse accidentes en los hornos de calentamiento de la comida, a pesar de las advertencias de distintos operarios sobre la acumulación de gas que produce explosiones intempestivas. Frente a esto también el mencionado facilitador ha adoptado una actitud prepotente. Igualmente, menudean los casos de trabajadores que son enviados a fumigar sin careta o sin los filtros adecuados para el producto en aplicación, sin guantes. Por todo esto es inaceptable que, en vez de arreglar definitivamente estas situaciones, la empresa proponga en el Copaso aplicarles medidas disciplinarias a quienes sufran cuatro accidentes seguidos.

Los asalariados de Santa Bárbara, ni de ninguna otra finca deben aceptar más los incumplimientos ni la indolencia de las compañías, y mucho menos el chantaje de que los cultivos de flores se acabarán si no se someten a una brutal explotación para complacer la avaricia de unos cuantos multimillonarios —los dueños de los grupos Chía, Nannetti, Elite, Falcon Farms, Jardines de los Andes—, que compiten entre ellos para quedarse con la mayor tajada de la floricultura, y que utilizan como arma principal de su contienda por el control del mercado la esclavización de quienes producimos la riqueza. En las manos de los obreros está no permitirlo.