Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

En Benilda, el vendeobreros Medina vuelve a entregar a los asalariados

El pasado 8 de agosto la empresa, con la colaboración del dirigente patronalista Luis Ernesto Medina Dueñas, presidente de Fetraboc y secretario de negociación colectiva de la CGT, consumó un nuevo desafuero contra los trabajadores.

El pasado 8 de agosto la empresa, con la colaboración del dirigente patronalista Luis Ernesto Medina Dueñas, presidente de Fetraboc y secretario de negociación colectiva de la CGT, consumó un nuevo desafuero contra los trabajadores.

Asotraben, el sindicato manipulado por la empresa y Medina, decidió pactar la revisión de la convención vigente, que regía hasta diciembre. El acuerdo congela los logros extralegales y modifica los salarios en la inflación más 1 punto para el 2009, y el IPC para 2010. Según los firmantes el acuerdo se hizo porque la devaluación del dólar ha menguado gravemente los ingresos de la compañía “mientras sus costos han aumentado (...) principalmente el costo laboral”, y porque con esto se garantiza la “estabilidad del aparato productivo” y “conservar los puestos de trabajo”.

El sindicato patronalista había preparado el camino realizando, de manera casi clandestina, una “asamblea”, compuesta en un alto porcentaje por personal de manejo y confianza de la compañía. En ella se aprobó dicha revisión y se nombraró una “comisión negociadora”, cuya misión era rubricar la supresión total o parcial de las prestaciones extralegales, en particular la bonificación decembrina, equivalente a medio salario básico mensual y el auxilio de casino, derechos adquiridos desde hace más de 20 años.
Untraflore, al enterarse de la maniobra la denunció mediante boletines y reuniones con los trabajadores, por lo que la inconformidad creciente de las bases impidió la consumación total del atraco.

El afán de la compañía y del grupito patronalista también tenía por objeto evitar que al cumplirse los términos legales para negociar una nueva convención, tuvieran que aceptar, según recientes disposiciones legales, que Untraflores participara en la negociación. Esta maniobra hace, además, que el mencionado acuerdo tenga claros visos de ilegalidad.
La congelación de los derechos a cambio de nada es una abierta traición contra los intereses de los obreros. Es una felonía firmar que el principal problema de la empresa son los costos laborales, como si la ínfima paga y las escasas garantías extralegales no fueran más que merecidas; como si se pudiera ocultar la lacerante pobreza de quienes llevan años laborando allí; como si la mayoría de los 800 trabajadores que aún quedan enganchados directamente no hubieran acabado con su capacidad laboral y su salud al servicio de Benilda, base sobre la cual ésta ha llegado a ser una de las principales compañías floristeras.

En el mencionado acuerdo, y para confundir, la empresa y Medina manejaron las cifras de manera acomodaticia. La tasa de cambio del dólar del 1 de diciembre de 2006 no era de $2.403 sino de $ 2.296. Pero, lo más grave es que por los día en que se revisó la convención ya el peso estaba empezando a devaluarse aceleradamente (va por encima de $2.000), en consonancia con el fortalecimiento mundial del dólar y debido a las ascendentes dificultades que empieza a sufrir la economía colombiana. La devaluación será aún más grave para los obreros, porque junto a ella se encarece aún más el ya inaguantable costo de la vida. A los patronalistas se les olvida que cuando el dólar estuvo pegado a los $3.000, también los Mejía se quejaban y exigían suprimir las conquistas laborales. Será que cuando el dólar esté por las nubes, nuevamente patrones y esquirolesse van a sentar a “revisar” la convención para mejorar los salarios y las prestaciones. ¿Por qué en lugar de afectar a los obreros no les pidieron a los dueños que postergaran sus millonarias inversiones en bouqueteras y nuevas fincas?

Al amparo de esta actitud entreguista, la empresa no ha cesado su arremetida. Van en aumento los despidos de personal antiguo mediante montajes de supuestas faltas para escamotear la indemnización; la demora en los pagos se volvió costumbre; no hay día en que a algún trabajador o a un beneficiario suyo no le nieguen el servicio médico, porque la empresa no hace la cotización; los cheques del subsidio familiar viven embolatados; y la carga laboral es cada vez más insoportable. Para completar, luego del tramposo acuerdo, funcionarios de la compañía vienen anunciando que ahondarán la política de acabar con el personal directo y que en la finca Canoas, por ejemplo, el trabajo se hará por cooperativa.

El afán de mayores ganancias de los empresarios los lleva a redoblar la explotación, pero lo peor es que a esto contribuyan los supuestos representantes de los trabajadores.