Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

En Benilda no cesan los atropellos pero crece la rebeldía

El jueves 15 de octubre, el señor Pedro Mejía da Silva, gerente de Benilda, se dedicó a hacer reuniones de grupos de trabajadores para anunciarles que, al igual que en los dos años anteriores, en éste tampoco les pagará la bonificación decembrina establecida en la convención, y que deben esperarse hasta abril del próximo año para recibirla. Para los magnates de la floricultura incumplir con el pago no es problema, ellos no dependen de un sueldo mínimo sino de las ganancias que nunca les dejan de llegar. En cambio, los obreros sí tienen que apretarse el cinturón en una temporada en que los gastos se agrandan, en que hay que preparar el ingreso de los hijos a los colegios y cuando la carestía golpea más los hogares de la pobrecía.
El jueves 15 de octubre, el señor Pedro Mejía da Silva, gerente de Benilda, se dedicó a hacer reuniones de grupos de trabajadores para anunciarles que, al igual que en los dos años anteriores, en éste tampoco les pagará la bonificación decembrina establecida en la convención, y que deben esperarse hasta abril del próximo año para recibirla. Para los magnates de la floricultura incumplir con el pago no es problema, ellos no dependen de un sueldo mínimo sino de las ganancias que nunca les dejan de llegar. En cambio, los obreros sí tienen que apretarse el cinturón en una temporada en que los gastos se agrandan, en que hay que preparar el ingreso de los hijos a los colegios y cuando la carestía golpea más los hogares de la pobrecía.

Ante el rechazo que recibió de Aidé Silva, presidenta de Untraflores, quien además le reclamó por el incumplimiento en los aportes de la seguridad social, el señor Mejía, con la mayor frescura, se atrevió a responder que el personal tenía que escoger entre que le pagaran cumplidamente la seguridad social o las quincenas. Como si se pudiera elegir entre hacer el poco mercado que permite reponer las fuerzas para reiniciar día a día la agotadora jornada, pagar el arriendo y medio cubrir las otras necesidades básicas, o tener la atención médica, para el trabajador y su familia, por la cual cumplidamente, sin una sola demora, se les descuenta directamente de la nómina a los obreros. Siguiendo el ejemplo de los dueños de la empresa, los intermediarios, Plasticar y Asistencia Laboral, tampoco cumplen con los aportes a salud, pensiones y riesgos profesionales.

Con cooperativas y contratistas la empresa redobla explotación.

Los trabajadores de Benilda contratados a través de la cooperativa Plasticar tienen que sufrir el más oprobioso régimen de desconocimiento de sus derechos. Buena parte de los asalariados no están inscritos en el régimen de seguridad social, se conoce de algunos que durante seis años no les han pagado las pensiones; en guiada les exigen 11 camas cuando lo normal es de 8 a máximo 10, y aparte no se les entregan guantes de dotación; los fumigadores laboran con chanchones y botas rotas. Para tratar de explicar todas estas tropelías los encargados de “relaciones humanas”, pasan perorando que la empresa está en quiebra por culpa de los trabajadores.
El maltrato, el despotismo y la despreocupación por la suerte de los operarios no tienen nombre; recientemente, la señora Consuelo Macías, supervisora de poscosecha, no se condolió de una operaria de Plasticar que tenía claros síntomas de estar bastante enferma, y sólo le permitió dejar el puesto cuando empezó a vomitar sangre.
Como si algo faltara, los obreros de Plasticar reciben su paga por medio de un bono, que deben descambiar donde los parientes del señor César Walteros, gerente de la cooperativa, con un descuento del 1%, es decir, perdiendo más de $ 5.000 cada mes, si se contabiliza lo que corresponde a extras y festivos.

Sólo mediante maniobras logran controlar Asotraben

Recientemente se efectuaron elecciones y asamblea general de delegados del sindicato patronalista. Es un secreto a voces que la empresa y Fetraboc únicamente pudieron mantener el control del sindicato, mediante el chanchullo, el manejo de las urnas, la presión de los jefes y el nombramiento de 12 delegados, la tercera parte de la asamblea, entre ingenieros, supervisores y personal de oficina. La presidenta del grupúsculo patronalista, Judith Ospina, debió mantenerse con la urna bajo el brazo, para poder obtener los votos necesarios para ser elegida, aunque era abierta la negativa a apoyarla.

A pesar de todo esto no logaron impedir que personas consecuentes como Ruth Vera y Héctor Jaimes ingresaran a la directiva. No falta mucho tiempo para que en Benilda la tortilla se vuelva, y los trabajadores unidos echen atrás tanta ignominia.