Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

En el Grupo Chía: nombres pomposos para brutal explotación

Con una serie de programas en empresas de este conglomerado se impone un ritmo diabólico de trabajo, se concentra más labor en cada obrero y se violan las normas laborales.

Con una serie de programas en empresas de este conglomerado se impone un ritmo diabólico de trabajo, se concentra más labor en cada obrero y se violan las normas laborales.

Flores del Hato

A sus 300 trabajadores, aparte de la dureza de la jornada normal, los obligan a llevar labor para la casa. Por medio de unos comités que tienen el propósito último de aumentar la productividad, deben vigilarse unos a otros y hacer trabajos que comúnmente son de los supervisores, como llevar los récords de ausentismo o de accidentalidad. A eso se reducen los programas: Gerencia Visual, Espina de Pescado y Hato.

Con estas novelerías se agobia a los obreros, que incluso deben terminan tarde de la noche en sus hogares las tareas de la compañía, mientras que el salario apenas sobrepasa en 10 mil pesos al mínimo, excedente que no alcanza ni para los gastos exigidos por las tareas de los famosos equipos (marcadores, papel fomi, fotocopias, etc.), no tienen casino, ni ninguna prestación extralegal.

Todos los viernes los equipos deben hacer presentaciones ante otros compañeros y ante la encargada de “gestión humana”, Hilda María López, y cuando la exposición no les parece satisfactoria se impone una penitencia que consiste en trabajar 3 horas más sin retribución, entre las 2:50, que es la hora de salida normal, hasta las 5:50.
El “juego” de los equipos es combinado con la altanería de algunos supervisores, entre quienes se destaca Alexander Algarra, quien trata a los obreros de mediocres, y les infunde miedo a punta de amenazas. La expresión favorita de este aprendiz de capataz es: “o cumplen o miren a ver qué hacen”.

Santa Bárbara

En ésta el programa se denomina “Misión al sol”, quizás porque los trabajadores van a quemarse con el aumento de los rendimientos. El número exigido de tallos por hora ha aumentado, o se exigen las mismas cantidades, cuando ahora quien corta debe a su vez jalar el carro. El maltrato incluye a los trabajadores de contrato, enganchados principalmente a través de la Cooperativa Empleando. Con ellos han llegado tan lejos que en la mayoría de los trabajadores sigue causando indignación que frente a un altercado entre uno de estos compañeros y el facilitador Carlos Arias, reconocido por su agresividad con los obreros el jefe de personal, Carlos Julio Sarmiento, haya decidido botar al temporal y no hacerle ni un llamado de atención a Arias.

Para poder imponer a sus anchas estos sistemas es que este grupo practica una intransigente política antisindical, que lo ha llevado a tratar de liquidar, por todos los medios, los distintos intentos de los obreros por organizarse.