Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

La atroz persecución del Grupo Chía, no logra abatir el deseo obrero de organizarse

El pasado 30 de marzo un grupo de trabajadores, mayoritariamente pertenecientes a la finca Santa Bárbara, del grupo Chía, conformaron una nueva organización, la Asociación Sindical de Obreros de las Flores, Asoflores. Este es el cuarto intento de los obreros de este cultivo por organizarse, ya que sus esfuerzos en ese sentido, que se iniciaron el 18 de noviembre de 2005, se han visto frustrados por la persecución implacable de la empresa, llevada a cabo a través del gerente, Jorge Peláez, cuyo comportamiento es peor que el del peor de los capataces, y por la complicidad del gobierno que niega, hasta con la disculpa más inverosímil, los registros sindicales (tres hasta ahora), mientras alcahuetea todas las tropelías de los patrones.
•    Por Aldo Moreno
El pasado 30 de marzo un grupo de trabajadores, mayoritariamente pertenecientes a la finca Santa Bárbara, del grupo Chía, conformaron una nueva organización, la Asociación Sindical de Obreros de las Flores, Asoflores. Este es el cuarto intento de los obreros de este cultivo por organizarse, ya que sus esfuerzos en ese sentido, que se iniciaron el 18 de noviembre de 2005, se han visto frustrados por la persecución implacable de la empresa, llevada a cabo a través del gerente, Jorge Peláez, cuyo comportamiento es peor que el del peor de los capataces, y por la complicidad del gobierno que niega, hasta con la disculpa más inverosímil, los registros sindicales (tres hasta ahora), mientras alcahuetea todas las tropelías de los patrones.

Lo sucedido en esta compañía es la muestra más palpable de cómo se confabulan el gobierno y los empresarios para perseguir al sindicalismo independientes en la floricultura. Así como el Ministerio no ha resuelto ni una de las varias querellas interpuestas por persecución sindical y violación de las leyes laborales internas y externas se ha portado diligente para satisfacer la exigencia de los encopetados dueños de la empresa para que en ella no florezca un sindicato guiado por Untraflores.

De los 150 operarios que se agremiaron al comienzo, la mayoría han sido presionados a desistir mediante toda clase de amenazas y discriminaciones, entre otras, la negación de unas mínimas garantías contempladas en el pacto colectivo, montado por la empresa un mes después de que los trabajadores decidieran organizarse. El gerente Jorge Peláez, con la vulgaridad de la que hace gala, conmina a los trabajadores a retirarse de la organización espetándoles que se están perdiendo del “medio palo” (500 mil pesos) anual que les significaría sumarse al antedicho pacto.
 
No obstante, un núcleo pequeño pero valiente no se ha doblegado, lo cual llena de ira al bravucón Peláez, ya que más que nadie él sabe que el pequeño grupo sindicado goza de la simpatía del resto de los operarios, quienes más pronto que tarde superarán los temores infundidos por la patronal y engrosarán la asociación obrera.
 
Los obreros avistan que de sucumbir el sindicato obrero, la contratación temporal, entre otras arbitrariedades, se generalizaría, ya que desde la firma del pacto no ha sido enganchado ni un sólo trabajador directamente. Cada operario que renuncia o que botan es reemplazado con uno de contrato, a quien a su vez le niegan hasta los mínimos beneficios del pacto y lógicamente le impiden el ejercicio del derecho de asociación. De esto, además del Grupo Chía, se beneficia uno de sus zascandiles, el señor Miguel Bulla propietario de la oficina de empleo temporal Empleando, quien se lucra no sólo por cada asalariado que le suministra a la empresa, sino con el servicio de transporte y, quien para colmo de males, disfruta amenazando bullosamente a los trabajadores con no pagarles el salario cada vez que le da la gana.

En Santa Bárbara, como ha sucedido en todo tiempo y lugar, se demostrará que basta con un pequeño pero decidido grupo de hombres y mujeres conscientes, que no declinen ni ante los halagos ni ante las amenazas y perseveren en su lucha, para que, al fin, sean seguidos por las mayorías hasta derrotar las injusticias de sus opresores.