Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Las tropelías patronales

En la edición N° 14 de Florecer se hacen dos comentarios editoriales: la primera, plantea la persecución implacable de los empresarios y la resistencia creciente de los trabajadores; la segunda, comenta la relación entre los floricultores y los municipios.

Implacable persecución; creciente resistencia

Las tropelías patronales

A pesar de lo que afirman en el exterior los propagandistas de Asocolflores y del gobierno, quienes laboran en las plantaciones de flores carecen de hasta los mínimos derechos, y las garantías escritas en las leyes y códigos del tan alabado Estado Social de Derecho son pura letra muerta.

Los empresarios han venido adelantando por muchos años una campaña con la afirmación mentirosa de que los sindicatos acaban las empresas; a todo aquel de quien se sospecha que quiere agremiarse se le amenaza o despide; no hay finca en la cual los obreros no sean víctimas de este chantaje permanente. Los ejemplos menudean. El Grupo Chía viene botando a los directivos sindicales, como Orlando Romero, sin importarle un higo el fuero del cual legalmente gozan. En Cóndor, el gerente, por la forma grosera con la que trata a los operarios, hace recordar a los negreros de las plantaciones esclavistas del Misisipi. Este personaje no sólo desconoce los derechos, sino que pisotea la dignidad de quienes con su labor lo enriquecen. Casos de persecución semejantes se viven en Benilda, Splendor y otras.

Apenas Untraflores consigue organizar a un número de obreros, los patrones ofrecen pactos colectivos o llaman a los vende obreros a conformar un remedo de sindicato y a firmar una convención con unos pocos pesos por encima del salario irrisorio prevaleciente, todo con el fin de disgregar a la organización en germen. Ingenieros y supervisores reciben órdenes de intimidar a todo el personal; así, en las fincas la zozobra es el pan de cada día.

Por su parte, el Ministerio que blasona de «protector social» hace oídos sordos a las querellas contra los abusos e ilegalidades, siendo tan desvergonzada su complicidad que en más de 20 meses no ha hecho diligencia alguna para atender ni una sola de las denuncias concretas y documentadas de violaciones a los derechos sindicales. Por el contrario, con toda presteza tramita solicitudes y antojos de los empresarios. Al grupo Dole corrió a legalizarle con un censo sindical la afiliación forzada de los obreros al sindicato protegido de la gerencia, el trístemente célebre Sinaltraflor, para impedir, una vez más, el derecho a negociar su convención colectiva al legítimo vocero del obrerismo de Splendor, Sintrasplendor. Para llamar las cosas por su nombre, dicho Ministerio debería rebautizarse como el de la protección patronal.

Con el anuncio de la Dole Fresh Flowers de que cerraría algunas de sus fincas en Colombia y todas las de Ecuador, la campaña difamatoria contra el sindicalismo se incrementa de nuevo. La verdad es que la decisión de la Dole es parte de la lucha a muerte que se libra entre las firmas por la conquista de los mercados; otra muestra de la brutalidad que impera en el sistema capitalista mundial. Esta misma competencia salvaje es la que empuja la constante reducción de los salarios, y la que hace que la organización del obrerismo sea una necesidad ineludible.

Por ello, la ofensiva antisindical no ha logrado vencer a los activistas corajudos que dentro de las fincas animan a la masa obrera a organizarse para enfrentar la injusticia galopante. Untraflores no se doblegará y las dificultades, en vez de destruirla, la harán tan dura como el pedernal.