Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

¡Traidores fuera, traidores!

Las bases de Asonal repudiaron a los negociadores que los vendieron
Por Vladimir Castañeda
Invitado por Untraflores, el compañero Fabio Hernández, presidente de la Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial, Asonal, se reunió en Facatativá, el 2 de julio, con las juntas directivas de Sintrabenilda, Sintrasplendor, Sintracondor, Untrapardo y Untrafragancia, para hablar de las causas que llevaron a los trabajadores de la rama judicial a realizar el paro más prolongado de su historia, la situación en que éste se llevó a cabo y su desenlace y enseñanzas.
Fabio Hernández, presidente de Asonal judicial Las bases de Asonal repudiaron a los negociadores que los vendieron
Por Vladimir Castañeda
Invitado por Untraflores, el compañero Fabio Hernández, presidente de la Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial, Asonal, se reunió en Facatativá, el 2 de julio, con las juntas directivas de Sintrabenilda, Sintrasplendor, Sintracondor, Untrapardo y Untrafragancia, para hablar de las causas que llevaron a los trabajadores de la rama judicial a realizar el paro más prolongado de su historia, la situación en que éste se llevó a cabo y su desenlace y enseñanzas.

Si bien las condiciones de trabajo de los empleados judiciales y las de los operarios de las flores, así como las leyes laborales que los rigen, son muy distintas, el informe del compañero Fabio Hernández fue de suma importancia porque mostró que, a pesar de dichas diferencias, ambos sectores enfrentan idénticas medidas patronales encaminadas a suprimir puestos, aumentar la carga de trabajo,  rebajar los salarios, impedir el surgimientos de los sindicatos y negar el derecho a presentar pliegos y reclamaciones colectivas.

El paro, que se inició el 11 de mayo, tuvo como objetivo conminar al gobierno a cumplir el acuerdo que había suscrito con la organización sindical el 28 de febrero de 2006, el cual contenía básicamente los siguientes puntos: un ajuste salarial que compensara la pérdida del poder adquisitivo de 25% en los últimos diez años; que la bonificación que se les venía pagando por la recarga de trabajo se convirtiera en salario, y un presupuesto adecuado para la administración de justicia dada la penuria en la que se debaten los despachos. Del compromiso mencionado, lo único que respetó el gobierno fue la exigencia de detener el despido de más de 500 trabajadores.

En las primeras declaraciones, con las cuales se quiso debilitar el paro, el gobierno dijo que tales empleados públicos no tienen derecho a presentar pliegos de peticiones, que el cese era ilegal, y amenazó con despidos. Los huelguistas no se dejaron amedrentar y el movimiento se fortaleció.
El gobierno, enfrentado a una pelea en ascenso, que no había logrado sofocar a lo largo de tres semanas a pesar de las bravuconadas de Uribe en la plaza pública,  en medio de la campaña electoral, decidió cambiar de táctica y en vez de la amenaza acudió a una propuesta engañosa para atraerse a los elementos vacilantes y dividir el movimiento. En lugar de ofrecer un aumento que resarciera el envilecimiento del salario, el régimen planteó una miserable prima de quince días en diciembre.

El 2 de junio, Asonal sometió a consideración de sus bases el ofrecimiento que Uribe se vio forzado a hacer para conjurar la justa batalla. La respuesta fue contundente: 90% de los empleados judiciales la rechazó y decidió mantenerse en pie de lucha.

No obstante, dos días después de este categórico mandato, tres directivos sindicales, todos del Polo Democrático, en contubernio con el régimen, pisotearon la voluntad de miles de trabajadores y firmaron el ofrecimiento que en la víspera había sido rechazado. De inmediato, para socavar la fuerza del paro, los traidores, el Ministerio del Interior y el Consejo de la Judicatura difundieron profusamente por radio, prensa y televisión que se había llegado a un acuerdo con Asonal Judicial. El gobierno calculó que bastaría con ganarse a unos cuantos dirigentes sindicales degenerados que anidaban en la cúpula del sindicato para salir victorioso.

Pero el que por más de veintidós días cerca de cuarenta mil empleados se hubieran levantado en una ejemplar lucha contra Uribe era una prueba de que una parte de la dirigencia fue al paro con una posición consecuente.

Los directivos Fabio Hernández y Humberto López, presidente y tesorero de Asonal, hicieron gala de valor y sostuvieron las banderas en alto; el que se encontraran en minoría no fue razón para claudicar. Antes que encubrir a los judas, cumplieron con el deber de someterlos al escarnio de las bases, como corresponde a los voceros de los trabajadores y de la clase obrera. La reprimenda no se hizo esperar. Cuando el martes 6 de junio dos de los iscariotes, Esperanza Delgado y Luz Marina Hache, quisieron hacer uso de la palabra para lavar sus pecados en una asamblea de trabajadores, cientos de los allí presentes prorrumpieron a una voz: ¡traidores, fuera traidores!

Los aguerridos funcionarios mantuvieron dos días más la suspensión de labores desafiando las rabietas del Ministro del Interior y del presidente del Consejo Superior de la Judicatura, y las amenazas y la manipulación de los esquiroles. Fue así como delegaciones de los municipios de Cundinamarca, Boyacá y Casanare acompañaron a la casi totalidad de los trabajadores de Bogotá para vivar a quienes se mantuvieron firmes en la batalla y poner en la picota pública a los correveidiles del enemigo.

Pese a la gallardía que mostraron Hernández y López y a la impresionante disposición de lucha de miles de empleados de la rama judicial, la rapidez con que obraron el gobierno y la camarilla traidora les permitió infligirle un golpe al movimiento, que pocos días después terminó.

Aunque dolorosa y cara la derrota, sus enseñanzas, su ejemplo, son invaluables para la clase obrera, la cual no podrá salir adelante si no desenmascara y expulsa de sus filas a los esquiroles. La resistencia del proletariado contra quienes como Uribe, en representación del capital nacional y foráneo, pretenden arrancarle todas las conquistas alcanzadas en las más abnegadas y heroicas luchas de los últimos ochenta años, no será posible sin un combate simultáneo e implacable contra las camarillas traidoras en las organizaciones sindicales.

Que retumbe en toda Colombia la consigna con la cual los trabajadores de la rama judicial castigaron a sus judas:

¡TRAIDORES, FUERA TRAIDORES!