Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Heroica resistencia proletaria

Obreros de Santa Bárbara organizan Untrapardo para enfrentar atropellos de la empresa y el gobierno 
Por Aldo Moreno
Santa Bárbara es una finca del grupo Chía, dedicada al cultivo de flores para exportación, especialmente a los Estados Unidos. Relativamente nueva, pues sólo tiene ocho años de existencia, a pesar de lo cual  ha crecido de manera vertiginosa. Este crecimiento se ha hecho a costa de la explotación y la miseria a los obreros, de largas jornadas de trabajo y del sometimiento de los operarios por el temor a ser despedidos.
Obreros de Santa Bárbara organizan Untrapardo para enfrentar atropellos de la empresa y el gobierno 
Por Aldo Moreno
Santa Bárbara es una finca del grupo Chía, dedicada al cultivo de flores para exportación, especialmente a los Estados Unidos. Relativamente nueva, pues sólo tiene ocho años de existencia, a pesar de lo cual  ha crecido de manera vertiginosa. Este crecimiento se ha hecho a costa de la explotación y la miseria a los obreros, de largas jornadas de trabajo y del sometimiento de los operarios por el temor a ser despedidos. A la cabeza de este régimen despótico están los señores Jorge Peláez Ríos y Luz Alba Zúñiga, gerente y directora de gestión humana, respectivamente. Peláez no sólo ha multiplicado el capital de C.I. Pardo Carrizosa Navas y Cia. Ltda. (razón social de la empresa), sino que  ha obtenido jugosas ganancias personales.
En el año 2005, la situación se tornó aún más oprobiosa con la llegada de Luz Alba Zúñiga, quién empezó su gestión «humanitaria» despidiendo decenas de  trabajadores, quienes tenían varias incapacidades médicas, producto de las dolencias allí mismo contraídas. En sus anhelos de condiciones más dignas, 29 proletarios se organizaron en Untraflores y formaron su sindicato independiente, Sintrapacna que, en pocos días, logró cerca de 150 adhesiones. En respuesta, el gerente maquinó un pacto colectivo en el que estableció un par de prestaciones extralegales que, sumadas a las más descaradas amenazas, fueron utilizadas como chantaje para impedir la afiliación masiva y obligar a muchos a renunciar a la organización, a la que a pesar de tanta persecución no ha podido darle el puntillazo.

Un grupo grande de obreros resiste el embate de los incesantes atropellos. Vergonzosa labor en la que se deshace el ingeniero de la sala, Juan Valenzuela, tiranuelo que hostiliza a los obreros en busca de hacerlos desistir, todo por el mezquino interés de sostener su oneroso salario de varios millones mensuales, a expensas del ínfimo que devengan los operarios.

En el mes de febrero de 2006, el Ministerio de la Protección Social le entregó el registro sindical a Sintrapacna, pero la empresa lo impugnó, pretendiendo con esta leguleyada  entorpecer el ejercicio de un derecho legalmente adquirido. Días después los patrones citaron a los dirigentes para intimidarlos; llegaron hasta advertirles que no permitirían la consolidación del sindicato, así tuvieran que acudir a las más bajas artimañas, como confabularse con otros empresarios para despedir a los familiares de los sindicalistas.

Además, anunciaron que el registro sindical de Sintrapacna sería negado, tal como sucedió el 30 de mayo cuando fue notificada la negativa del registro. ¿Por qué tenía conocimiento de esto la compañía sin que el Ministerio se hubiera pronunciado? El pretexto principal de los funcionarios, Martha Castaño y Francisco Sabio, quienes están siempre prestos a complacer a los patrones y que en ya varias ocasiones han demostrado su odio contra los floristeros, fue la supuesta ilegalidad de los estatutos; treta que se puso en evidencia porque el propio Ministerio ya les había aceptado a otras organizaciones sindicales, que también hacen parte de Untraflores, estatutos con idénticas estipulaciones.

De manera descarada, el Ministerio satisface las ilegales pretensiones de la empresa. Sin el registro se nos niega la facultad de radicar el pliego de peticiones y, por ende, su negociación. Este Ministerio se ha destacado por fallar en contra de los sindicatos independientes sin contemplaciones con los obreros. Como es bien sabido, es una institución más de un Estado al servicio de los monopolios, quienes cambian y manipulan las leyes de acuerdo con sus intereses.
La empresa, a través de los directivos antes mencionados, se queja del costo del pacto colectivo propuesto por ella misma y calcula que, si logra terminar el sindicato, tendría plena libertad para despedir a cientos de trabajadores, a quienes reemplazaría por temporales, y terminar el pacto colectivo.

Los sindicalistas, teniendo conocimiento de los malévolos planes, organizaron un nuevo sindicato, Untrapardo, como único medio para resistir y continuar la lucha. Los trabajadores de toda la empresa deben tomar conciencia de la necesidad de unirse a esta nueva organización para dar al traste con las políticas antiobreras.