Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

El aberrante sistema de las cooperativas de trabajo asociado

El martes 22 de julio el periódico El Tiempo publicó un artículo de página entera sobre las Cooperativas de Trabajo Asociado. Allí se reconoce que dichas organizaciones, de la llamada «economía social», en realidad son una herramienta más de la que se valen los patronos para redoblar la explotación sobre los obreros, mediante engaños. El escrito tiene como base las declaraciones del vicepresidente encargado de Relaciones Laborales, Fernando Ordóñez, alto funcionario del gobierno de Uribe, a quien nadie podrá acusar de defender los derechos de los asalariados, pues, como es bien sabido, en el ministerio de trabajo, hoy denominado de la Protección Social, se han diseñado todas las reformas en su contra.

Como si se tratara de una cosa normal y no de una grave irregularidad, Ordóñez comentó con toda desfachatez «que algunas empresas desvinculan a sus trabajadores de planta, les dicen que monten una cooperativa y luego contratan con los asociados». A renglón seguido reveló que eso lo hacen con el único fin de barrer por completo el derecho a tener un empleo estable, y de esta manera aumentar aún más sus multimillonarias ganancias, ya que la organización creada «no es autónoma ni administrativa ni operativamente, ni tiene control de los medios de producción porque estos los maneja la empresa, que sigue siendo el patrono, pero que se ha quitado de encima muchos pagos laborales».

Las afirmaciones arriba citadas describen a la perfección lo que está sucediendo en la floricultura de Colombia. Es más, parecieran basarse en lo que allí sucede. En la producción de flores la contratación de mano de obra por medio de cooperativas y oficinas de empleo temporal es generalizada y crece aceleradamente. A diario se tienen noticias de las maniobras de los empresarios para despedir personal que tiene contrato directo con las empresas. El objetivo es arrasar o burlar los pocos derechos que les brindan a los obreros cierta estabilidad, para imponer un régimen de contratación temporal, en el que la fuerza de trabajo no sea vinculada directamente por las empresas sino a través de intermediarios. De esta manera los patronos consiguen deshacerse de sus obligaciones laborales, las cuales pasan a manos de las oficinas temporales y cooperativas, lo que se traduce en un fabuloso incremento de sus ganancias, a costa de la merma de los salarios. Además, así le ponen nuevos obstáculos a la organización sindical, debido a la inestabilidad y corta duración de los contratos.

Si bien puede afirmarse que las leyes 79 de 1988 y 10 de 1990 crearon y reglamentaron las Cooperativas de Trabajo Asociado con el fin de «flexibilizar» aún más el sistema de contratación, es necesario señalar que ninguna de estas dos leyes estableció que pudiera contratarse personal por medio de esas organizaciones. Incluso, la Ley 10, en el artículo 26, definió que las cooperativas «no podrán ejercer funciones de intermediación (laboral)», so pena de que se les cancelara la personería jurídica. Teniendo en cuenta lo anterior, aparece claro que los empresarios floricultores, acérrimos defensores del Estado de Derecho, violan fla-grantemente las leyes, sin que el Ministerio de la Protección Social, ante los ojos del cual ocurren estas y otras tantas irregularidades, mueva un dedo para impedirlo.

Los golpes que con este tipo de contratación se les asestan a las conquistas de la clase obrera son demoledores. Baste señalar que quienes trabajan en las cooperativas pierden el carácter de empleados y se convierten en asociados. El régimen de trabajo, de previsión y seguridad social, no se rige por la legislación laboral aplicable a los trabajadores dependientes, sino que se establece en los estatutos y reglamentos. Y aquí es necesario decir que el hecho de que los empresarios puedan elaborar las reglas en que han de explotar a los obreros es la más grave trasgresión de las normas. Por ninguna motivo puede permitirse que subsista esta situación. Para que los patrones no salgan a decir, como ya lo han hecho, que lo expuesto es una versión amañada del sindicato, remitámonos nuevamente al artículo de El Tiempo. En sus páginas podemos leer lo siguiente: que «los trabajadores de las Cooperativas de Trabajo Asociado son asociados o cooperados y por tanto, no pueden sindicalizarse». Que «como cooperados reciben una compensación y no un salario, que es la base de las contribuciones parafiscales (Sena, Icbf). Que «no hay obligatoriedad de afiliación a una caja de compensación familiar». Y que, «en no pocos casos, sobre los cooperados recae la totalidad de los aportes a la seguridad social (salud y pensiones).»

El pasado 16 de septiembre el gobierno expidió el decreto 2996, que empezó a regir el 1 de noviembre, según el cual, so pretexto de que dichas entidades hagan aportes a la seguridad social y paguen las contribuciones parafiscales, el gobierno les deja la puerta abierta para que los empresarios las sigan utilizando ilegalmente para burlar los derechos de los trabajadores. 
Muchas cooperativas no pagan puntualmente, no entregan la dotación necesaria, despiden a obreras embarazadas y cobran cuotas quincenales de más de $ 7.500. No es raro que las mentadas cooperativas hayan tenido un crecimiento explosivo al pasar de 356, en el año 2000, a cerca de 1.500, en el 2004. Con un total de 150.000 trabajadores «asociados» y activos por 392 mil millones de pesos, este sistema se ha convertido en la explotación más descarada.

Las cooperativas representan el invento más lesivo para birlarles los derechos al obrerismo de la floricultura, por ello se necesita desenmascararlas.  Para enfrentarlas debemos unirnos y levantar las banderas de la contratación directa y el respeto de los derechos laborales.