Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

En Colibrí, otra de las empresas “modelo” de Asocolflores, los obreros empiezan a resistir la opresión

En los últimos años los trabajadores hemos sufrido las consecuencias de severos cambios, todos para empeorarnos la situación. El horario, antes era el siguiente: de lunes a viernes de 6:30 a 3:00 pm y el sábado de 6:30 a 1:30, pero hace aproximadamente dos meses el señor Andrés Toro Pardo, gerente, pasó un otrosí al contrato de trabajo, con el argumento de que le debíamos a la empresa una hora y media semanal, porque sólo estábamos trabajando 46 horas y media, y que de ahí en adelante tocaba pagar el resto de tiempo hasta completar las 48 horas. Desde ese momento tenemos que quedarnos todos los lunes para pagar el tiempo ordenado; sin embargo, un grupo de trabajadores se negó a firmar el cambio.

Al señor Toro se le ha olvidado que los trabajadores de toda empresa con más de 50 trabajadores que trabajen 48 horas a la semana “tienen derecho a que dos (2) horas de dicha jornada, por cuenta del empleador, se dediquen exclusivamente a actividades recreativas, culturales, deportivas o de capacitación.” Claro que como todos los empresarios son de malas mañas lo que dice es que no está obligado a cumplir con las dos horas porque apenas laboramos 47 horas y media, pero esto es una vulgar trampa para burlarse de la ley.

También ha estado tratando de engatusar al personal para que renuncie al contrato directo e imponer una cooperativa de trabajo asociado en la que se ganaría más porque todas las labores serian pagadas a destajo, por ejemplo, tallo clasificado a $4. Claro que no contaban con que nadie iba a caer en la encerrona. Ojalá ante estas propuestas insensatas los empleados de otras firmas respondan de la misma manera como lo hemos hecho los de Colibrí.

El señor Toro junto con un asesor de apellido Murir también se inventó que los trabajadores del cultivo se conviertan en una poscosecha ambulante como ellos mismos lo dicen. Ahora cada uno debe cortar, clasificar, armar el ramo, poner capuchón, código de barras dependiendo del cliente, hacer limpieza de patas, cortar con la guillotina y poner los ramos entre una tina, además, deben sacar los costales de basura. Hay que hacer quince ramos por hora durante la jornada, cuando alguien baja el rendimiento como castigo es enviado a siembra durante todo el día o le pasan memorando por baja productividad.

A los compañeros nuevos, que llevan más de 4 meses, aún no les han dado dotación, cuando antes la entregaban el mismo día en que entraban a laborar; de eso si no se acuerdan, que deben entregar las dotaciones a tiempo, pero cada vez que el señor gerente reúne a los trabajadores les dice que tienen que ponerse la camiseta, porque si no lo hacen no tienen sino que ver lo que viene sucediendo en otras floras como el caso de Benilda y de Papagayo. También se le olvida decir que lo que en esas dos compañías pasó fue que los empresarios montaron una gran estafa contra los operarios, y que sólo la organización y las directrices de Untraflores les permi-tieron impedir que los esquilmaran totalmente.

Durante todo este año ha habido una presión incle-mente contra quienes tienen restricciones médicas, a los que incluso les asignan labores que no pueden desem-peñar, no sólo las propias del cultivo, sino el aseo de ba-ños y comedores, lo cual para quienes están limitados es muy grave porque oficios como barrer o trapear son to-talmente prohibidos en presencia de enfermedades como el síndrome del túnel carpiano y otras de los miembros superiores. Además, quienes por su estado de salud se manifiestan en contra de hacer extras los obligan a hacer-las y eso que la ARP ha leído en el cultivo que ello está to-talmente prohibido. La presión sobre los antiguos y enfer-mos llega hasta amenazarlos permanentemente de que se tienen que ir o los sacan antes de que formen un sindicato.

Al frente de todos estos atropellos, aparte de la gerencia, se encuentran personajes como el señor Óscar Flores, que en la temporada obliga a laborar hasta 5 horas suplementarias, mientras la empresa hipócritamente dice que estas no son obligatorias. Flores ha llegado al extremo de negarse a permitir la salida de una obrera con la madre enferma, diciéndole que por dos horas que trabajara la mamá no se iba a morir. Igualmente, doña Ligia, jefe de plantas madres de la finca Corito, busca mayores rendi-mientos amenazando con la oficina, por algo le dicen la teniente. Y para colmo, la sicóloga, Andrea Marcela Rincón, que hace de jefe de personal y se encarga de otorgar los prestamos, engreída por tan poco, abusa de su porcioncita de poder, humilla a la gente y agiliza los prestamos o la información dependiendo de si el solicitante le simpatiza o no; es de esas personas que buscan su futuro congraciándose con quienes están más arriba, pero nunca por sus virtudes personales.

En Colibrí la negativa a caer en la artimaña de la cooperativa es una muestra de que pronto vendrán mayores luchas contra los abusos patronales.