Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Denuncias

Sistema de máxima explotación en Manare 

Por: Patricia García
Como en casi todas las empresas de flores, en Manare, un cultivo ubicado en El Rosal, al occidente de la Sabana, en el que trabajan ciento y pico de obreros, se impuso un sistema de máxima explotación, ni siquiera se cumple con los mínimos derechos que aún quedan en las leyes laborales. Al grueso del personal se le vincula a través de contratistas. Éstos, quienes en su mayoría han sido obreros de flores, son utilizados por los empresarios para burlar el pago de salarios, seguridad social, prestaciones, subsidio familiar. Así se pretenda hacer ver a los contratistas como empresarios, no son más que simples intermediarios que se prestan para que los dueños de las flores llenen aún más los bolsillos; a la hora de responder con sus obligaciones legales no tienen el capital suficiente o, inclusive, en el caso de incumplir los trabajos pactados con la empresa, por las indemnizaciones que ésta exija.

Los patronos no les entregan la dotación a los obreros y cuando tienen que aplicar productos para combatir las plagas, lo hacen sin ningún tipo de protección; tampoco tienen casino, les toca llevar el almuerzo y comerlo frío en un potrero.

A cada trabajador se le asignan 23 camas, número aparentemente bajo, pero no es así porque se les recarga con las labores de fitosanidad. Tienen que lavar con agua y jabón planta por planta para erradicar el foco de araña, así la labor es muy pesada; además deben cortar, encanastar y desbotonar, que se hace aún estando muy tierno el botón, lo cual dificulta la tarea. Deben mantener al día las camas que les dan, a pesar de que los rotan para reforzar otras áreas, por ejemplo, dos días a la semana tienen que destinarlos a sembrar clavel, sin contar los días que tienen que salir por la fumigación.

Para rematar, los obligan a que cumplan las tareas que les asignan bajo la amenaza de despedirlos si al cabo de cierto tiempo, arbitrariamente definido, no cumplen con las tareas encomendadas. A cada momento les dicen con altanería que en todas los cultivos los desocupados se agolpan en las puertas a la espera de una oportunidad. Los empresarios les exigen a los supervisores que traten a los obreros como a mulas, a quienes para exprimirles hasta la última gota, los fustigan incesantemente, gritándoles que el rendimiento es muy bajo, que no sirven para nada, que todos están por debajo del promedio mínimo exigido. Acuden a los gritos para infundir temor. Una obrera de Manare manifestó que dicha situación era el retorno a la esclavitud.

Se conoce del caso de una trabajadora a la que se le enfermó su hijo de hepatitis, por lo cual solicitó permiso; no se lo negaron, pero al retornar a la empresa fue despedida, acusada de no tener al día  las camas asignadas. Semejante procedimiento lo utiliza regularmente para despedir trabajadores dizque por «justa causa».

Los operarios no tienen derecho a reclamar por estos atropellos; les prohíben hablar con sus propios compañeros y la persona a la que no le guste ese régimen se va de la empresa. Para que estos abusos se acaben es que es necesario que los trabajadores se organicen.