Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

De cómo se grava al pobre para subsidiar al rico

Floricultores y municipios

A lo largo de cinco años, Florecer, órgano de Untraflores, se ha convertido en el defensor de los derechos laborales en la floricultura colombiana; hoy, movido por el mismo propósito, plantea una amplia discusión acerca de las relaciones entre los municipios y las empresas cultivadoras: ¿reciben los entes territoriales en los que se asientan dichas firmas los tributos necesarios para alentar el bienestar de sus habitantes, o, por el contrario, las contribuciones de los dueños de los plantíos son mezquinas y someten a los fiscos municipales a una carga insoportable?

La teoría predominante sostiene que las regiones deben competir por atraer capitales, ofreciendo a los inversionistas toda clase de exenciones y beneficios tales como comunicaciones ágiles y acceso fácil y barato a los servicios públicos. El problema que deriva de seguir este rumbo consiste en que los habitantes de los departamentos y municipios deben asumir el costo de las mencionadas generosidades con los adinerados; mientras que el gobierno central, agobiado por el pago de la deuda externa, también se muestra cicatero con las entidades subnacionales, como lo comprueba el proyecto de reducir las transferencias territoriales que cursa en el Congreso de la República.

De acuerdo con nuestras indagaciones iniciales, Madrid, Facatativá, El Rosal y los demás municipios de la Sabana arrostran enormes dificultades por cuanto las grandes empresas, en su mayoría floricultoras, se benefician mucho de los que se les ofrece pero aportan poco a los fiscos locales. Las empresas en cuestión aprovechan las aguas subterráneas y superficiales, disfrutan las vías y servicios públicos, explotan una mano de obra diligente y barata, en tanto que no pagan impuesto de industria y comercio ni por el uso de las aguas subterráneas. Muchas compañías, a causa de los sistemas de subcontratación, ni siquiera afilian a sus trabajadores a las empresas prestadoras de servicios de salud, y el Sisben de la localidad debe atenderlos. Las escuelas también se ven en dificultades para atender una población acrecida por el flujo de familias obreras procedentes de distintas regiones. Son muchas las formas en que los presupuestos locales se transfieren a los grandes floricultores. Por el contrario, los residentes y los pequeños y medianos comerciantes y productores se ven obligados a sufragar mediante los tributos, los gastos que deberían corresponder al gran capital.

Quizá la forma de enfrentar esta injusticia sea la de unir las reivindicaciones obreras con los reclamos, justísimos, de los municipios. En esta edición publicamos apartes de las entrevistas concedidas a Florecer por el señor alcalde de Madrid, el secretario de Gobierno de El Rosal quienes aportan su conocimiento y punto de vista sobre la materia en cuestión.

Esperamos que los distintos sectores sociales y personas contribuyan a este debate, y, a tal objeto, abrimos las páginas de Florecer a quien quiera aportar su opinión al respecto. En los próximos números daremos cabida a otros funcionarios y personalidades.