Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

El Facatativazo

El 26 de junio de 2008, la carretera que conduce de Bogotá a Medellín estuvo bloqueada más de 16 horas por los habitantes de Facatativá, municipio al occidente de Bogotá, en el que están ubicados los principales cultivos de flores de exportación. Esta es una de las vías más importantes del país, pues comunica a la capital de Colombia con el noroccidente. Los habitantes de Faca decidieron taponarla para exigir la derogatoria del Acuerdo por medio del cual el Alcalde, miembro de uno de los partidos uribistas (Cambio Radical), y la mayoría del Concejo, pretendían cobrar el alumbrado público.
Por Sonia Hernández

El 26 de junio de 2008, la carretera que conduce de Bogotá a Medellín estuvo bloqueada más de 16 horas por los habitantes de Facatativá, municipio al occidente de Bogotá, en el que están ubicados los principales cultivos de flores de exportación. Esta es una de las vías más importantes del país, pues comunica a la capital de Colombia con el noroccidente. Los habitantes de Faca decidieron taponarla para exigir la derogatoria del Acuerdo por medio del cual el Alcalde, miembro de uno de los partidos uribistas (Cambio Radical), y la mayoría del Concejo, pretendían cobrar el alumbrado público.

Este paro cívico se puede incluir entre las protestas urbanas más importantes que ha tenido el país, ya que el nivel de organización y lucha demostrado por sus habitantes fue un ejemplo para quienes deseen enfrentar las injusticias del régimen. En Latinoamérica, en el siglo XX, se desarrollaron grandes luchas urbanas, de las cuales las más conocidas son, el Bogotazo de 1948 y el Cordobazo, de 1969, en Argentina. Este artículo hace una comparación de estas tres jornadas.

El Bogotazo[1]

Casi todos los historiadores del mundo reconocen este suceso, pues coincidió con la Conferencia Panamericana, que se desarrollaba en la capital de Colombia, en abril de 1948. En el 2008 hubo gran revuelo en los medios de comunicación y en las instituciones académicas porque se cumplían sesenta años de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, hecho que desencadenó la ira popular, tuvo sitiada a Bogotá y conmocionó el país.

Desde el momento del atentado a Gaitán sus simpatizantes empezaron a buscar venganza, orientaron su ira contra el gobierno conservador de Mariano Ospina, y se dirigieron al Palacio a exigir justicia. Con ellos llevaban el cuerpo del supuesto atacante de Gaitán, quien había sido linchado.

La noticia se difundió como pólvora por todos los barrios de Bogotá, de donde salían los gaitanistas a unirse a los que reclamaban castigo para los asesinos. La llegada de los manifestantes a la plaza de Bolívar fue recibida con la agresión del ejército, acto que aumentó la furia de los manifestantes que atacaron edificios públicos gubernamentales, o que simbolizaban al conservatismo, o aquellos desde los cuales se acometía contra la multitud, como las iglesias.

A los gaitanistas se adhirió una multitud que nada había tenido que ver con Gaitán. Acrecida la muchedumbre, después del ataque a los edificios público, saqueó los establecimientos comerciales extranjeros, pues según el historiador Herbert Braun, la multitud deseaba obtener los objetos y alimentos de lujo que consumía la elite que despreciaba al pueblo.

Mientras tanto los líderes del liberalismo y gaitanismo fueron incapaces de orientar la ira popular, pues los primeros temían desafiar el poder que ellos mismos representaban, y los segundos no supieron asumir el papel dejado por el líder sacrificado. Así la masa, sin el norte político necesario, bajó la guardia y desfogó su ira con los saqueos y la embriaguez.

Herbert Braun explica cómo Gaitán logró acercar la política a las bases populares, que antes sólo eran usadas por los políticos en tiempos de elecciones o guerras; sin embargo, el movimiento gaitanista giró en torno al excesivo personalismo del líder y, por tanto, a la muerte de éste, el movimiento quedó sin cabeza y fue desarticulado.

El Bogotazo fue la explosión de la ira popular en contra de la clase política tradicional de Colombia, no fue un movimiento organizado que pensara en minar al sistema social de la época; tal vez a unos pocos de sus participantes se les pasó por la cabeza la toma del poder, pero la protesta en sí no tuvo ese objetivo.

En la noche, el gobierno de Ospina, después de haberse reunido con los dirigentes liberales, decidió imponer el estado de sitio. A la historia pública pasó la versión conservadora que señalaba como causa de la protesta un complot comunista, y por eso, los líderes de ese partido fueron encarcelados. Esta versión sería después “comprobada” por la aparición del joven estudiante cubano Fidel Castro entre los manifestantes, quien en ese tiempo ni pensaba en la Revolución.

Los sindicatos argentinos y el Cordobazo

Esta protesta es menos conocida a nivel internacional y menos aún hace parte de la historia pública mundial; su reconocimiento ha sido hecho por círculos académicos especializados. Por esto es necesario darla a conocer más allá de los edificios universitarios.

El sindicalismo argentino estuvo completamente ligado al general Juan Domingo Perón, quien fue parte de una dictadura que manejó el país desde 1943 a 1945. En ese tiempo Perón tuvo a su cargo el Ministerio del Trabajo desde el cual emprendió algunas reformas a favor de los trabajadores, que le permitieron ganar un amplio respaldo entre ellos. En Octubre de 1945 fue destituido y retenido, y el 17 de ese mes los trabajadores argentinos salieron a pedir su liberación. En 1946 fue elegido presidente gracias a la votación de los asalariados y se mantuvo en el poder hasta 1955, cuando fue derrocado por un golpe militar.

La década en la que gobernó Perón redundó en un aumento de la sindicalización, y en los primeros cuatro años los trabajadores gozaron de algunas mejoras en las condiciones de vida. Además, los dirigentes sindicales fueron parte del sistema político, que antes les estaba vedado. A pesar de estas medidas a simple vista favorables, en ese período se eliminaron o cooptaron la oposición comunista, socialista y anarquista.[2]

Sin embargo, Perón ni Eva, su esposa, lograron acabar con todos los líderes independientes. Entre los trabajadores de Córdoba, ciudad al noroccidente de Buenos Aires, capital de Argentina, hubo un bastión que se oponía a las ideas de Perón, aunque agradecía el esfuerzo que había hecho por los obreros. Los trabajadores cordobeses no estaban de acuerdo con la política de armonía social propuesta por Perón, que pretendía un desarrollo nacional sobre la base del entendimiento de todas las clases. En 1955 la oligarquía argentina le demostraría a Perón que ella no quería armonía de clases y que, por encima del desarrollo nacional, estaban sus intereses. Algunos cordobeses creían que la única vía para abolir la explotación en Argentina era una Revolución que les diera el poder a los trabajadores; otros concordaban con las ideas de Perón pero no con su deseo de manipular la organización obrera.[3]

En Buenos Aires, en cambio, los sindicatos estaban completamente doblegados al General, y después del golpe de 1955, aprovecharon el sistema sindical jerárquico establecido por Perón con fines electoreros, para conseguir unas cuantas reivindicaciones en algunas ramas económicas, en las cuales el capital extranjero industrial y financiero se venía consolidando, reivindicaciones que les sirvieron para adormecer la conciencia proletaria. Los líderes se convirtieron en la oligarquía obrera pues vivían como la elite del país, a costa de los trabajadores argentinos.[4]

El Cordobazo

Entre 1955 y 1958 hubo un gobierno militar y entre 1958 y 1963 hubo gobiernos civiles débiles. En 1963 nuevamente los militares tomaron el poder a través de un golpe. El primer militar-presidente fue Juan Carlos Onganía quien pensaba que para lograr el progreso económico había que reprimir todas las expresiones políticas y sociales. Según su opinión, sólo después de lograrse el desarrollo económico, se alcanzarían las mejoras económicas y sociales. Onganía cerró las universidades, prohibió las huelgas, proscribió los partidos políticos y avanzó en el proceso de racionalización capitalista, consistente en aumentar la productividad a través de ampliar las jornadas laborales manteniendo el mismo salario. Las condiciones de vida desmejoraron y el descontento popular aumentó, pero los sindicatos pro oligarcas lograron contener a los trabajadores por un tiempo.[5]

Los cordobeses, incluyendo a los estudiantes universitarios, siempre fueron críticos con los gobernantes argentinos; aunque allí había muchos peronistas, éstos no simpatizaban con la dirigencia sindical bonaerense. En mayo de 1969 la Confederación General del Trabajo, CGT, de Buenos Aires, convocó a un paro general para el día 30, jornada que debía ser matera o dominguera, en la cual los trabajadores se quedaban en sus casas; en cambio la CGT de los Argentinos (sindicatos de las provincias que se alejaron del sindicalismo pro oligarca), sede Córdoba, convocó a un paro activo, que significaba salir a protestar a las calles, cuya duración sería de 48 horas, con inicio el día 29.[6]

El alcalde seguía con su cuento de las obras sociales y el progreso para Faca, pero el pueblo le sacaba en cara la exención de impuestos que tienen las empresas de flores y los almacenes de cadena

Desde la segunda semana de mayo, cuando la CGT bonaerense lanzó el paro nacional, los sindicatos de Córdoba empezaron a organizar el paro activo; a ellos se unieron los estudiantes universitarios que se reunían en los locales de los sindicatos para organizar su participación, pues en la universidad podían ser espiados por los militares. Los principales objetivos del movimiento eran reclamar al gobierno por las medidas antisindicales, las privatizaciones, las disposiciones laborales y la insoportable represión, que ya sumaba varios trabajadores y estudiantes muertos.[7]

Los líderes, entre los que se encontraban los transportadores, decidieron no parar el transporte para facilitar la llegada de estudiantes y obreros a las plantas y evitar así la dispersión. Allí entrarían a trabajar como si nada pasara, a media mañana en unas fábricas y a la hora del almuerzo en otras se correría la voz de abandonar las labores y encontrarse en la entrada. Luego saldrían a marchar hacia la sede del sindicato. El 29 todo transcurría según lo planeado, hasta que la primera marcha llegó al centro de la ciudad, donde se encontraba la policía que disponía de numerosos perros con los que atacaría a los manifestantes. Estos, por su parte, llevaban gatos para que molestaran a los perros y así distrajeran a la policía. Cuando el encuentro animal exasperó a las fuerzas represivas éstas empezaron a dispersar a los manifestantes con lacrimógenos. Por un momento parecía que la policía lograba su objetivo; sin embargo, los inconformes se volvieron a reunir y algunos llevaban sus herramientas de trabajo para defenderse; otros durante la dispersión momentánea se hicieron a piedras y palos. La policía disparó y un trabajador cayó muerto. Los estudiantes y trabajadores se tomaron los barrios aledaños, alzaron barricadas que hacían con los muebles de las casas, pues las señoras salieron con todo lo que tenían a apoyarlos.[8]

Mientras tanto, otra marcha avanzaba sobre el centro de la ciudad. Al enterarse de la muerte del trabajador se tomó otro barrio con la ayuda de sus habitantes. Se unieron los obreros, estudiantes, amas de casa, comerciantes, sacerdotes, todos de distintas clases. A las seis de la tarde 150 cuadras de Córdoba estaban en manos de los insumisos, hartos de la represión. Los dirigentes sindicales no esperaban tanta rebeldía. Agustín Tosco (del sindicato independiente de Luz y Fuerza, que agrupaba a los trabajadores de las empresas de energía), no lamentaba la situación, aunque no estuviera controlada, pues sabía que era la explosión de la ira del pueblo. En esta lucha se destruyeron edificios de empresas como Xerox o Fiat, que eran símbolos del capitalismo que arrasaba con las vidas de las gentes laboriosas.

La policía retomó el control en la noche y al día siguiente detuvo a los líderes sindicales, a quienes debió liberar en julio gracias a las grandes manifestaciones de los argentinos.[9]

Después de esto, la lucha proletaria continuó y se formaron los sindicatos clasistas, que se separaron del peronismo, y lanzaron un programa revolucionario. También continuó el apoyo a los estudiantes y a la juventud en general.

Cuando Perón regresó al poder en 1973, apoyado, entre otros, por los jóvenes rebeldes, empezó el proceso de eliminación violenta, exclusión o cooptación de los trabajadores independientes y los jóvenes revolucionarios.[10]

Es muy importante resaltar que este movimiento fue una de las causas principales para que Onganía pasara el poder a otro militar, quien también fue destituido por otra protesta urbana cordobesa conocida como el Viborazo, en 1971. Estas dos luchas fueron fundamentales en la caída de los militares y la instauración de la democracia.

El Facatativazo

Desde que fue elegido, en octubre de 2007, el nuevo alcalde Óscar Sánchez expresó su deseo de cobrar el alumbrado público, cayéndoles encima a sus electores. Los facatativeños que ya en diciembre habían librado una batalla exitosa contra el incremento de las tarifas del agua, no se quedaron cruzados de brazos.

Cuando el alcalde se posesionó inició su carrera para que le aprobaran el nuevo cobro, que se sumaría a las alzas de los precios de los alimentos, los combustibles, el transporte y el impuesto predial, entre otros. Esto mientras el ínfimo aumento del salario mínimo era devorado por la inflación.

Los facatativeños, mujeres, hombres, trabajadores, comerciantes, desempleados, estudiantes y jefes de hogar empezaron a organizarse en el Comité Cívico; allí llegaron representantes de los distintos barrios para articular un movimiento que se opusiera al oneroso cobro. El Comité organizó marchas para pedir a los concejales que reprobaran ese proyecto.

No obstante, el alcalde hizo cuanta maniobra para sacar adelante el cobro, y el 11 de Abril de 2008 convocó al Concejo a las cinco de la madrugada y en dicha reunión semiclandestina, mediante el acuerdo 012 se aprobó el gravamen. El madrugón del mandatario local y de los ediles no consistía exclusivamente en la aplicación de la consigna uribista de trabajar, trabajar y trabajar sino que era la mejor forma de impedir la participación de los habitantes de Faca en la sesión del Concejo.[11]

Desde ahí inició una campaña oficial y otra popular. Los líderes cívicos iban barrio por barrio explicando cómo afectaba a los pobladores del municipio el cobro del alumbrado. Cuando ellos salían, entraban el alcalde y sus paniaguados diciendo que este recaudo era necesario para adelantar obras sociales (vivienda y fiestas para su clientela); además deslegitimaba el movimiento diciendo que eran sólo cinco gatos.[12]

En varias de las reuniones barriales los dirigentes refutaron al alcalde. Este seguía con su cuento de las obras sociales y el progreso para Faca, pero varios líderes le sacaron en cara la exención de impuestos que tienen las empresas de flores, lo que mantiene atado el presupuesto del municipio a los gravámenes que recaen sobre los pobladores. Ante tal argumento el burgomaestre sólo pudo mantenerse en silencio.[13] Ante estas actitudes oficiales, los dirigentes avanzaron en la recolección de firmas en rechazo a la medida, continuaron las marchas y los debates públicos.

Así transcurrieron los días hasta que se decidió organizar un paro cívico que bloqueara la carretera a Medellín. De esa forma el movimiento se daría a conocer al país y el problema de Faca debería ser resuelto de una vez por todas, pues la presión nacional recaería sobre Sánchez. El alcalde despreció el anuncio del paro, creyó que sería una excelente oportunidad para demostrar la debilidad del movimiento cívico que, según sus cálculos, terminaría en un enfrentamiento de unos con otros.[14]

Finalmente el día 25 de junio se llevó a cabo una asamblea popular con la participación del mandatario local y la comunidad. Aunque Óscar Sánchez pretendió colmar el Coliseo local con los funcionarios municipales y sus familias e impedir el ingreso de las nutridas delegaciones de numerosos barrios, la fuerza popular obligó a que se abrieran las puertas del Coliseo y a que se discutiera ampliamente.

El 26, a las tres de la madrugada, se empezó a llamar casa por casa a los habitantes del municipio para que participaran en los bloqueos. “Al principio hubo una actitud apática y de molestia”[15]; a las cinco de la mañana iniciaron los bloqueos pero pocos los apoyaron. Cuando los líderes de cada punto de resistencia “apelaron a sus conciencias”[16], las gentes decidieron unirse a las barricadas; jóvenes estudiantes y líderes cívicos salieron perifoneando por las calles para que los habitantes que aún estaban en sus casas salieran a participar. Los facatativeños no lo dudaron, salieron a demostrarle al alcalde que los cinco gatos se habían multiplicado; los comerciantes decidieron no abrir sus negocios y salir con sus paisanos a acabar con ese cobro que tanto los afectaba, quienes mantenían sus locales abiertos se fueron sumando durante la mañana. Una de sus líderes decía que el movimiento los había desbordado pues salieron más personas de las que esperaban; además, apenas se calmaban las cosas en un lado, en otro barrio se levantaban.[17]

Los noticieros nacionales tuvieron que prestarles atención a los habitantes de Faca, aunque como siempre manipularon la información y a eso les ayudó Sánchez, ellos hablaban de infiltrados, de ataques a la prensa, de enfrentamientos entre los habitantes, y entrevistaban a los desinformados para “demostrar” la arbitrariedad de unos cuantos.

Los bloqueos se mantuvieron a pesar de los ataques del Escuadrón Militar Antidisturbios, ESMAD, que detuvo a 22 personas e hirió a más de 50. Como todo el peso de la represión fue incapaz de sofocar el movimiento, Sánchez y el gobernador se vieron obligados a convocar de urgencia a los líderes y a comprometerse a derogar el cobro del alumbrado público, a poner en libertad a los detenidos y a abrir unas mesas para discutir las abusivas tarifas de los demás servicios. Como los facatativeños ya no confiaban en las promesas al estilo de los Consejos Comunales de Uribe, le exigieron al alcalde consignar por escrito los acuerdos. En la noche el gobernador del departamento de Cundinamarca decretó el toque de queda, sin embargo algunos barrios mantuvieron la protesta.

Los facatativeños rememoraron los paros de 1996 en contra de la estratificación y de 1998 que unieron a los municipios de la Sabana en contra de los peajes. Este recuerdo también debe estar latente en los pobladores de los demás municipios de Cundinamarca que empiezan a organizarse para combatir las medidas que el gobierno toma en detrimento de sus condiciones de vida. Después de Faca vendrán otros municipios a la batalla.

Conclusión

Esta exposición de las protestas urbanas demuestra cómo no es exagerado llamar facatativazo al paro cívico del 26 de junio, pues, aunque de más modestas proporciones, fue un bloqueo total de un municipio como lo fueron en su tiempo los de Córdoba, en Argentina y Bogotá, en Colombia. Sin embargo, tanto el Cordobazo como el Facatativazo se distinguieron por la confluencia de la organización de bases con el espontaneísmo que es propio de todas las protestas. En cambio, el bogotazo fue un levantamiento totalmente espontáneo.

Tanto el cordobazo como el Facatativazo lograron un objetivo que trasciende las reivindicaciones, al generar un proceso organizativo de base, que en el caso de Faca se espera que se consolide, como lo hicieron los cordobeses. Estas dos protestas fueron hechas por personas completamente conscientes de sus actos y que no renegaron de la lucha; en ambos casos se destaca el papel de líderes independientes merecedores del apoyo de las bases porque no han utilizado el batallar como instrumento de ascenso personal, y ambos movimientos son una luz de esperanza en medio de la oscuridad con la que nos han cubierto gobiernos represivos, ya de derecha o disfrazados de revolucionarios y democráticos.

Finalmente, esta es una muestra de lo que es capaz de hacer el pueblo, quien con su batallar desborda los análisis de los intelectuales de copa y sofá que se encierran en sus oficinas a denigrar de la gente sencilla, a añorar glorias pasadas, sembrar el pesimismo o esperar la salvación de un Mesías. Los trabajadores y los humildes, a los que llaman pasivos, estúpidos y manipulables, son capaces con sus hazañas de hacer la historia.


1 Toda la información sobre el Bogotazo ha sido tomada de Braun, Herbert. Mataron a Gaitán, vida pública y violencia urbana en Colombia. Bogotá, Ed. Norma, 1998.
2 Véase James, Daniel. Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-1976, Buenos Aires, Editorial sudamericana, 1990.
3 Ibíd.
4 Ibíd.
5 Ibíd.
6 Véase Brenan, James P. The labor wars in Córdoba 1955-1976. Ideology, work and labor politics in Argentina industrial city, Massachusetts, Harvard University Press, 1994.
7 Brenan, Op. Cit.
8 Ibíd.
9 Ibíd.
10 James, Op. Cit.
11 Véase la carta del Comité Cívico enviada al alcalde en: Florecer, No. 18, Febrero de 2008, p. 6.
12 Edith Romero, dirigente cívica.
13 Ibíd.
14 Ibíd.
15 Arley,
16 César, dirigente cívico.
17 Edith.