Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Editorial

A lo largo de casi 6 meses, los dirigentes y activistas de Untraflores aprovecharon la supuesta democracia electoral para hacer agitación en Facatativá en torno a las reivindicaciones económicas y políticas de la clase obrera, en especial las de miles de operarios de la floricultura; denunciaron las medidas del régimen pro gringo de Uribe Vélez contra el pueblo, y forjaron lazos de unidad con otros sectores.

Una aguerrida batalla

A lo largo de casi 6 meses, los dirigentes y activistas de Untraflores aprovecharon la supuesta democracia electoral para hacer agitación en Facatativá en torno a las reivindicaciones económicas y políticas de la clase obrera, en especial las de miles de operarios de la floricultura; denunciaron las medidas del régimen pro gringo de Uribe Vélez contra el pueblo, y forjaron lazos de unidad con otros sectores. Particularmente valioso fue el acuerdo con la Alianza Social Indígena, encabezada por Henry Pérez, quien durante la campaña demostró una actitud sincera a favor de las garantías para los trabajadores. A diferencia de todas las otras agrupaciones no se traficó con los anhelos y necesidades de la población sino que la liza sirvió para avivar la llama de inconformidad e impulsar la unidad y la lucha de los esclavos del salario, única salida a los graves problemas del país.

No fueron pocas las dificultades que hubo que enfrentar en los comicios. La contienda que culminó el 28 de octubre mostró, por enésima vez, toda la podredumbre del régimen que preside Uribe Vélez. A solo cuatros años de haberse introducido reformas al sistema electoral para “sanear las costumbres políticas”, combatir el fraude, el clientelismo, el trasteo y la compra de votos, entre otras viejas lacras, los resultados, como era de esperarse, no pueden ser peores. Todas estas prácticas execrables no solo se mantuvieron intactas, sino que aumentaron exponencialmente. Hasta los propios informativos de la minoría privilegiada que detenta el poder se declararon escandalizados. Basta revisar la prensa de los días previos a la jornada del 28 de octubre para corroborarlo. El periódico El Tiempo, para solo traer una cita, en el editorial de 21 de octubre sostuvo que “esta puede resultar siendo una de las elecciones menos “limpias” de la historia reciente” del país, porque “es la campaña en la que más cédulas han sido anuladas; en Bogotá se dice que dan 50 millones por un líder con buenos “voticos”; es un secreto a voces que “parapolíticos” mueven sus fichas desde la cárcel y que dineros sucios llenan los bolsillos de muchos candidatos”. Tan graves aseveraciones no fueron impedimento para que, 9 días después, el mismo diario, a fin de salvaguardar el orden de los privilegiados, descaradamente titulara: ¡”Elecciones alentadoras”!.

No hubo rincón del país en el que los escándalos no fueran la noticia del día. Viejos compinches de partido, ahora contendiendo por el botín de los departamentos y municipios, se lanzaron abiertamente toda clase de acusaciones. Álvaro Cruz, el perdedor del 28 de octubre, fustigó constantemente a Andrés González, su antiguo jefe, por el respaldo irrestricto que recibió de personajes puestos bajo rejas en plena campaña por desfalcos a las finanzas de la gobernación de Cundinamarca. El aspirante a la alcaldía de Medellín, Luis Pérez, denunció cómo Lina Moreno de Uribe, la Primera dama, dispuso del presupuesto nacional a favor de Alonso Salazar; y éste, a su vez, revivió los escándalos que se presentaron en la primera alcaldía de Pérez, en relación con el sonado caso de “la vajilla millonaria” y los viajes injustificados a costa del fisco de la capital de la montaña. Situaciones similares se presentaron en Santander, Casanare, Valle, Cali, etc. Las agrias disputas por las alcaldías, gobernaciones, asambleas y concejos son, en realidad, una lucha por apañar los presupuestos de las regiones, los contratos y la burocracia. Es claro que no existen antagonismos ideológicos ni políticos, solo pequeñas diferencias de estilo y de forma, pues todas las organizaciones, las viejas y las nuevas, representan los mezquinos intereses de las capas adineradas. Las nobles banderas que se esgrimen con frases generales tienen como único objeto entrampar a la población. ¿A qué candidato se le ocurriría notificar que esquilmará al pueblo para saciar al capital?

Uribe, “el impoluto”, desvió miles de millones de pesos de los asfixiantes tributos, que a punta de sacrificio paga el pueblo, hacia las campañas de sus copartidarios; convirtió los demagógicos consejos comunitarios en tribunas electorales y, no por coincidencia, repartió entre las víctimas de sus política las limosnas del programa Familias en Acción. Su activa participación, además de infringir las reglas del juego acordadas entre las facciones del orden burgués, apunta a allanar el camino para un tercer mandato. Si bien el aspecto fundamental de tan intolerable pretensión dictatorial tiene móviles económicos, no deben perderse de vista los temores que despiertan en nuestro tiranuelo los lances que, en la batalla por las presidenciales de los Estados Unidos, viene haciéndole una de las fuerzas políticas tradicionales de la superpotencia gringa, el partido Demócrata.

En medio de semejantes condiciones, que, como ya se dijo, el diario El Tiempo no dudó en catalogar como “una de las elecciones menos “limpias” de la historia reciente” del país —Facatativá no fue la excepción— Untraflores por vez primera fue a la arena electoral.

Ésta es una joven organización sindical, nacida en el año 2001, como respuesta al despojo de que es víctima la clase trabajadora por parte de las camarillas gobernante y patronal, quienes obedeciendo los mandatos de los monopolios imperialistas, vienen feriando la riqueza nacional y pauperizando al pueblo. La organización de los floristeros tuvo que circunscribir su participación electoral a un solo municipio, lo cual da cuenta de su estado embrionario y las dificultades y desafíos que enfrenta. Entre los múltiples obstáculos que hubo de sortear estuvo el apoliticismo y falta de comprensión de varios miembros del sindicato que no alcanzaron a vislumbrar la importancia de librar la batalla política, a pesar de las restricciones antidemocráticas de la ley electoral.

No obstante las mencionadas talanqueras, la lista de la ASI en Facatativá obtuvo cerca de 1.700 sufragios, que alcanzaron para elegir a Jacqueline Castillo al Concejo municipal. Los cerca de quinientos votos depositados por los candidatos de Untraflores en la lista de la ASI demuestran que centenares de trabajadores y de otras personas no están dispuestos a doblegarse ante la presión de las empresas ni ante el soborno de los partidos oficialistas, sino que han decidido enfrentar las dificultades para constituirse en el germen de una organización proletaria consecuente que no ceje en batallar por las consignas de los oprimidos y de la nación. Su persistencia y coraje garantizarán un porvenir mejor para las gentes laboriosas.