Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Elecciones del 28 de octubre: una nueva batalla obrera

Editorial 

Cuando en febrero pasado, la junta directiva de Untraflores tomó la determinación de participar en las elecciones del 28 de octubre, no dudaba de que a su decisión se le atravesarían innumerables obstáculos; no obstante, era consciente de que se trataba de un paso importante para agitar ampliamente las urgentes reivindicaciones de los floristeros y, principalmente, para ventilar los intereses estratégicos de todo el proletariado, a partir de uno de los municipios de mayor concentración obrera, como es Facatativá.

Editorial 

Cuando en febrero pasado, la junta directiva de Untraflores tomó la determinación de participar en las elecciones del 28 de octubre, no dudaba de que a su decisión se le atravesarían innumerables obstáculos; no obstante, era consciente de que se trataba de un paso importante para agitar ampliamente las urgentes reivindicaciones de los floristeros y, principalmente, para ventilar los intereses estratégicos de todo el proletariado, a partir de uno de los municipios de mayor concentración obrera, como es Facatativá.

Las dificultades previstas no se hicieron esperar. Al temor aún prevaleciente y acrecido por la desatada campaña patronal contra Untraflores, alcahueteada por el justamente llamado Ministerio de la Protección Patronal, vino a sumársele la maraña de “garantías hostiles” que el fementido Estado Social de Derecho le levanta a la participación política de las agrupaciones minoritarias y no afectas al establecimiento. La decisión quedó prácticamente embolatada cuando topamos con el requisito extravagante de que para presentar una lista al Concejo a nombre de Untraflores, debíamos disponer de 44 millones de pesos en efectivo o en propiedades, como garantía para la obtención de una póliza de seguros.

Semejante condición, imposible de cumplir para el sindicato, nos remontó al siglo diecinueve, cuando desde la Constitución de 1821, se estableció que para ser elegido debía contarse con determinados ingresos y propiedades, exigencia que se mantuvo Carta tras Carta y que fue una de las causas de las numerosas y legendarias guerras civiles que estremecieron a Colombia en esa centuria, que sólo vino a suprimirse bien entrado el pasado siglo. Ahora, la añeja disposición revive al amparo de la Constitución de 1991, que con ardor digno de mejor causa, y para satisfacción de las castas dominantes, defiende tanto la variopinta izquierda nacional.

Casi al borde de una abstención impuesta, vino en nuestra ayuda el acercamiento propiciado por el candidato a la alcaldía, Henry Pérez, quien, al mérito de no pertenecer a ninguna de las distintas capillas uribistas ni a la corriente oportunista de moda, le agregó un valiente desafío al reconocido poder regional de los floricultores, al expedir una declaración pública en la que consignó su franco apoyo a los floristeros y a Untraflores.

Esas fueron las bases para alcanzar un acuerdo electoral, constreñido a Facatativá, que, además de contener el compromiso de destapar los desmanes del gobierno contra la nación y el pueblo y denunciar las tropelías patronales contra los asalariados, se basó también en el respaldo a la aspiración de Pérez a la Alcaldía y en que un grupo de seis de nuestros mejores líderes obreros y dos reconocidos dirigentes populares, se integraran a la lista al Concejo de la Alianza Social Indígena, ASI, movimiento que avala la candidatura de Pérez. Superado el escollo, la campaña electoral empezó a marchar con gran despliegue de iniciativa y entusiasmo por parte de los aliados y de los activistas sindicales, estudiantiles, populares y cívicos que han venido congregándose alrededor de Untraflores.

Vamos a mostrar las verdaras causas de los padecimientos del pueblo

Esto le imprime un aire fresco y vigoroso a la justa eleccionaria, que más que nunca muestra el desolador panorama de que prácticamente a nadie le interesa exponer los más acuciantes problemas nacionales. Como son la sujeción cada vez más pétrea de la economía y la política colombianas, al interés imperialista, demostrada en el hecho de que en el gobierno de Uribe se le han vendido empresas como Coltabaco, Bavaria, Granahorrar, Éxito, Carulla, el aeropuerto El Dorado, la refinería de Cartagena, y ya está en marcha la subasta de Ecopetrol y de las electrificadoras, que aún permanecen en manos del Estado; feria del patrimonio público que ha sido una de las principales causas de la revaluación del peso, que ha afectado tanto a los sectores productivos orientados a la exportación como a los que deben competir con las importaciones. La desaforada concentración del capital y de la tierra en una oligarquía a cual más reducida y poderosa, hecho patente en que 100 grandes compañías suman la mitad del Producto Interno Bruto. El empobrecimiento de las amplias masas populares. El inclemente aumento de la explotación de los asalariados. El abandono criminal de la educación y la salud, hasta el punto de que mientras 7 millones y medio de personas carecen de atención médica, el Fosyga, entidad encargada de “amparar” a quienes carecen de este servicio dispone de casi dos billones de pesos para hacer especulaciones financieras. El gobierno ha logrado imponer, sin mayor resistencia, en medio del debate comicial, la privatización de Ecopetrol y la disolución a bolillo del Seguro Social, acontecimientos que, entre otras cosas, vuelven a demostrar la bancarrota de la política sindical de permitir el escamoteo de las convenciones colectivas dizque para ayudar a salvar las empresas estatales.

Por el contrario, lo que ha caracterizado el ajetreo electoral es un derroche de dinero, mucho proveniente de la contratación pública, destinado a comprar apoyos principalmente por parte del archipiélago de partidos uribistas, que han entrado en una puja grotesca por apañar los presupuestos locales y regionales, en la que incluso no ha faltado que los grandes caciques encarcelados por la llamada parapolítica designen a los candidatos con mayores probabilidades de triunfo. Es decir, que ya los gamonales no se deben limitar a aprobarle los proyectos al presidente antes de ser encarcelados, como éste los instruyó, sino que desde el presidio pueden impunemente seguir determinando el acontecer político de sus regiones.

Por el lado del liberalismo, liderado por Gaviria Trujillo, el prohombre de la apertura, su política se ha reducido a hacer acuerdos clientelistas con el uribismo, en donde en unos casos, como en Cundinamarca, los politicastros de la misma cuerda del presidente apoyan al relamido candidato liberal, Andrés González, a la gobernación y, en otros, los liberales avalan a un uribista convicto y confeso, como Peñalosa, en el caso de la Alcaldía de Bogotá.

En la campaña, en la que, como siempre, se promete con desvergüenza el cielo y la tierra, hay un silencio total frente a la verdad de a puño de que no puede haber alivio ni a una sola de las graves dolencias que aquejan a las mayorías si no se erradica la dominación extranjera, se instaura el dominio estatal de la clase obrera y demás sectores patrióticos y progresistas, se ponen bajo su control los medios productivos más importantes y que influyen decisivamente en la vida del pueblo como son los pulpos industriales y los comerciales, la tierra, las finanzas, las comunicaciones, el transporte, la educación, la salud, los servicios públicos.

Es evidente que, ante el panorama descrito, los obreros de Untraflores no podían quedarse reducidos a machacar una y otra vez sus meras exigencias sindicales; debían atisbar que la propia buena o mala ventura de las mismas, está estrechamente ligada a la necesidad de que los asalariados de todas las ramas se ocupen cada vez más de la comprensión de los problemas políticos de Colombia y del mundo entero y saquen a relucir sus propias fórmulas de solución, las únicas consecuentes con la soberanía nacional y la erradicación de la moderna esclavitud. Votar por los candidatos obreros y cívicos en la lista de la Alianza Social Indígena significa rechazar los atropellos y humillaciones en las fincas y expresar un sí rotundo al derecho de organización de los proletarios.