Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

¡Que se escuche la voz obrera en las próximas elecciones!

Editorial 

El pasado 16 de febrero, la Junta Directiva Nacional de Untraflores decidió aprovechar las elecciones locales próximas como una jornada de denuncia y organización proletarias. De acuerdo con esta directriz, a lo largo de los meses venideros, los activistas de Untraflores recorrerán casa por casa las barriadas obreras, se pondrán en contacto con miles de asalariados, escucharán sus problemas y los animarán a expresar su inconformidad y a unirse a las filas sindicales. Se ventilarán no solamente las reclamos gremiales sino también los problemas de la salud, educación, servicios públicos y, primordialmente, las reivindicaciones políticas del obrerismo. La faena electoral permitirá ampliar el radio de actividad de la vanguardia de los floristeros e impartir educación política y sindical a la masa trabajadora, a la vez que forjar lazos de amistad con los demás sectores populares, como los pequeños y medianos comerciantes, estudiantes, amas de casa y artesanos.

Editorial 

El pasado 16 de febrero, la Junta Directiva Nacional de Untraflores decidió aprovechar las elecciones locales próximas como una jornada de denuncia y organización proletarias. De acuerdo con esta directriz, a lo largo de los meses venideros, los activistas de Untraflores recorrerán casa por casa las barriadas obreras, se pondrán en contacto con miles de asalariados, escucharán sus problemas y los animarán a expresar su inconformidad y a unirse a las filas sindicales. Se ventilarán no solamente las reclamos gremiales sino también los problemas de la salud, educación, servicios públicos y, primordialmente, las reivindicaciones políticas del obrerismo. La faena electoral permitirá ampliar el radio de actividad de la vanguardia de los floristeros e impartir educación política y sindical a la masa trabajadora, a la vez que forjar lazos de amistad con los demás sectores populares, como los pequeños y medianos comerciantes, estudiantes, amas de casa y artesanos.

Para estimar la importancia de esta determinación es necesario rememorar los rasgos esenciales del proceso sindical independiente y echar un vistazo tanto a la situación nacional e internacional como al momento por el que atraviesa la industria de las flores, elementos todos que muestran lo apremiante que es concientizar y aglutinar las huestes populares.
Desde su fundación, en 2001, Untraflores ha convocado un importante apoyo de quienes han visto en su orientación y diligencia una guía acertada, consecuente, para sus luchas. Sin lugar a ninguna duda, ha sido el esfuerzo más persistente, resuelto y de mayor extensión para organizar a los trabajadores de las flores; por ello, ha despertado admiración a nivel internacional. Además, en la época presente constituye un fenómeno poco común en un mundo en el cual predomina la desbandada y la traición a la clase de los proletarios. Tanto los avances como dificultades de Untraflores se deben en lo fundamental a que se ha atenido a una política de principios consistente en hacerse parte de los pleitos obreros, forjar una conciencia de clase y una posición antiimperialista, fundamentos insustituibles de la unidad proletaria, y en combatir sin timidez ni claudicación los engaños y abusos de los patrones y del gobierno. A la vez, se ha esforzado en desenmascarar a quienes se han hecho el despreciable encargo de servir, en el seno del sindicalismo, los intereses de los explotadores.
Sobra aclarar que Untraflores no ha incurrido en ninguna aventura, no ha hecho peticiones que representen ni la más mínima amenaza a la estabilidad económica de las empresas, no ha saboteado la producción, ni ha caído en ningún acto que se pueda calificar de extremista. Su única radicalidad ha consistido en la defensa de la autonomía, de la independencia del sindicato; su sola intransigencia estriba en no traficar con los anhelos de los desposeídos.

No obstante lo anterior, a la vez que despierta admiración entre las gentes honestas y laboriosas, la política de Untraflores concita una enconada resistencia del gobierno, de los patrones y de los oportunistas.  La faena electoral permitirá ampliar el radio de actividad de la vanguardia de los floristeros e impartir educación política y sindical a la masa trabajadora, a la vez que forjar lazos de amistad con los demás sectores populares, como los pequeños y medianos comerciantes, estudiantes, amas de casa y artesanos
Embarcados en la tarea de mantener o incrementar las utilidades a toda costa, los empresarios abominan cualquier intento de organización obrera, por ello se obstinan en impedir toda actividad de ese tipo, despiden y reprimen de diversas maneras o tratan de comprar a los miembros de las nacientes organizaciones. El Ministerio de la Protección Social, por su parte, escudriña con lupa estatutos y actas en busca de algún pretexto para hacer abortar los esfuerzos de quienes tuvieron la osadía de unirse a Untraflores. Llama la atención el que los mismos observadores acuciosos del “protector” ente oficial sufren una miopía cercana a la ceguera completa, cuando se trata de las intoxicaciones de operarios en los cultivos, el incumplimiento con las cotizaciones, descontadas, a salud y pensiones o el robo de horas extras y quincenas. La intransigencia de los patrones y las marrullas oficiales hacen mella en quienes no confían en las fuerzas colosales latentes en la masa de los oprimidos sino en la conmiseración de los opresores, en quienes en vez de depositar sus esperanzas en la lucha, lo hacen en una ley o un inciso, en un funcionario o en un “personaje” y en quienes desprecian a sus compañeros y se creen de una clase social distinta. Los que alimentan esas ilusiones y no son capaces de aprender de la experiencia, quienes no tienen una firme posición proletaria, los indolentes frente a las penurias de la masa, cuando se encuentran con las dificultades enumeradas, se retiran o reniegan y critican las orientaciones de combate; no acusan a los patrones de los atropellos, sino al sindicato; si la empresa despide a alguien, la culpa es del sindicato pues no hizo lo debido; si el Ministerio no otorga el registro sindical, la asesoría no es buena. También se da el caso de uno que otro directivo que no se hace vocero de las quejas de la base, al tiempo que entabla con la empresa un trato que provoca desconfianza entre los afiliados. Todos estos compañeros difunden el desánimo y el temor e, involuntariamente, favorecen las maniobras de quienes quieren liquidar el movimiento obrero. Es necesario criticar con fraternidad y firmeza estas conductas para que los afectados recobren el coraje y continúen en la brega; pero aquellos dirigentes que no superen las vacilaciones merecerán, finalmente, el desprecio de las bases y serán reemplazados. Llevan agua al molino de los explotadores también algunos sectores políticos y sindicales que han mostrado a lo largo de muchos años una indiferencia total frente al batallar de los floristeros pero que, al percibir el fuerte respaldo que gana Untraflores, se consideran con el derecho de dictarle órdenes y, como no ven atendidas sus mezquinas pretensiones, proceden a atacar malévolamente a éste, el único sindicato independiente en los cultivos de la sabana de Bogotá. En vez de hacerse presentes a aportar, se apresuran a agredir y procuran demoler lo que con tanto sacrificio han edificado los floristeros. Algunos de estos elementos oportunistas, que gastan todo su tiempo en cortejar a la burguesía, a la que consideran el alma y nervio de la nación, maniobran para sonsacar a los trabajadores temporalmente desmoralizados o confundidos y hacer otro sindicato que no se ocupe de fortalecer la lucha sino meramente de sembrar la división. Las adversidades enumeradas son tropiezos de hoy pero, si se enfrentan con decisión y con un método correcto, serán fuente de mayor lucidez y fortaleza del movimiento proletario.

Uribe: sumisión ante Bush; despotismo y miseria para el pueblo

No es extraño que faenas de los obreros enfrenten tamañas dificultades, puesto que la política del gobierno se encamina a colmar aún más de privilegios a los potentados y a acrecentar las penalidades de los desposeídos. Álvaro Uribe Vélez ha alcanzado la vergonzosa distinción de ser el mandatario más abyecto de toda la América Latina: fue el primero en respaldar el ataque pirata de Bush contra el pueblo de Irak, en aplaudir a los torturadores de la cárcel de Abu Ghraib. Extradita a cuanto colombiano le ordena el Tío Sam y fumiga los sembrados campesinos y las selvas para complacer a la superpotencia. Las disposiciones económicas del presidente reelecto han convertido a Colombia en un verdadero paraíso de la especulación financiera (Ver artículo sobre la revaluación del peso en esta misma edición de Florecer) y la deuda externa devora ya casi cuarenta por ciento del presupuesto nacional. Uribe se afana por hacer aprobar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que implicará la quiebra de numerosas actividades productivas, mayor ruina en el campo, la toma por el capital monopolista extranjero de otros muchos renglones económicos y empresas, tanto estatales como privadas. Las multinacionales controlarán totalmente la producción y venta de medicamentos, encareciendo la atención médica, entre otros quebrantos y dolamas para el país.

El llamado Estado Comunitario ha seguido adelante con el desmonte y remate de los bienes públicos, como Telecom, el Seguro Social, bancos y la propia Empresa Colombiana de Petróleo, ECOPETROL. Además, ha incrementado repetidamente los impuestos indirectos, con los que grava al pueblo, mientras que reduce las contribuciones del gran capital. Las disposiciones uribistas, continuación de las medidas de los otros gobiernos neoliberales, han llevado la red hospitalaria al borde del desastre, y el carácter mercantil impuesto al servicio de salud alcahuetea que las EPS nieguen el suministro de medicinas y la atención a los pacientes, quienes languidecen en los ires y venires de la tramitología.

Al tiempo que el gobierno perora de manera desvergonzada sobre la reducción de la pobreza, se conocen datos escalofriantes de la muerte de numerosos niños a causa de la desnutrición. A raíz del deceso de varios pequeños en el Chocó se supo que también vienen muriendo menores en Antioquia, Risaralda, Caldas y otros departamentos por causa del hambre. Se ha reconocido que el 41% de los hogares colombianos no tiene asegurada su alimentación diaria. Estas estadísticas de penuria contrastan con aquellas que muestran el crecimiento del PIB y de las utilidades de bancos y empresas.

Las condiciones laborales empeoran a causa no sólo de las reformas de las leyes respectivas, sino también de la complicidad oficial con la violación de las poquísimas normas que aún contienen algo parecido a una garantía para los asalariados. En las más diversas ramas productivas se vive una situación deplorable, como lo demuestran las tragedias ocurridas en las minas de carbón, en las cuales, en el solo departamento de Boyacá, 44 mineros encontraron la muerte en los últimos tres años. Miles de ellos trabajan arriesgando permanentemente la vida, porque los dueños de las explotaciones aprovechan el incremento del precio del mineral sin importarles un higo prevenir las explosiones, los derrumbes o la intoxicación. Mientras tanto, las entidades oficiales se esfuerzan por presentar las tragedias como sucesos sin gravedad y por desconocer sus causas. 
Al tiempo que el gobierno perora de manera desvergonzada sobre la reducción de la pobreza, se conocen datos escalofriantes de la muerte de numerosos niños a causa de la desnutrición. A raíz del deceso de varios pequeños en el ChocoUna de las características más señaladas del régimen uribista es el despotismo. Las movilizaciones y protestas populares son víctimas de un tratamiento represivo y militarista; con las tropas se desalojó y despidió a los trabajadores de Telecom e Inravision y se atacó a los de ECOPETROL. Es muy diciente el hecho de que los más altos funcionarios del gobierno y dirigentes de los distintos partidos de la camarilla de Uribe estén bajo investigación, acusados de participar en los más execrables crímenes. Las gentes en muchas regiones, según se ha venido revelando, sufren la presión armada y se ven obligadas a votar por los adherentes al mandamás. El país vive bajo la violencia oficial y no oficial. En tanto que los colombianos se debaten en las carencias y la opresión, Uribe, quien alterna rabietas y meloserías, ha logrado, con el arma poderosa de los contratos y concesiones, que casi todos los medios de comunicación se conviertan en sus oficinas de prensa y propaganda. El Presidente despliega un populismo barato y un clientelismo que sale muy caro a las finanzas del Estado.

Para enfrentar las tropelías del déspota de la Seguridad Democrática es indispensable emprender la tarea de educar y movilizar políticamente a las masas obreras, pues bien claro está que el apoliticismo de los de abajo les deja las manos libres a los de arriba para perpetrar perversidades de toda índole.

En el mundo la riqueza se concentra; la pobreza prolifera

Las tendencias que predominan en Colombia son expresión de las características principales del desenvolvimiento de la situación mundial. Bajo la prédica del libre comercio, el imperialismo norteamericano ha venido obligando a la casi totalidad de los países a abrir sus mercados tanto de inversiones como de bienes y servicios. Los grandes capitales se mueven prácticamente sin ningún arancel o condición en busca las localizaciones más ventajosas. Espoleando la competencia internacional se busca deprimir los precios de las materias primas producidas por los países pobres y envilecer, con la ayuda de ajustes impuestos a rajatabla, los precios de la mano de obra.
 
Si el petróleo, el acero, el carbón, el cemento y otros productos básicos se están valorizando, eso se debe al auge económico capitalista en China e India; tal fenómeno no se repite en el caso de los salarios, pues, por el contrario, la gigantesca oferta de mano de obra barata de estas naciones orientales refuerza la depresión mundial de los salarios, y, sobre la base del empobrecimiento de los trabajadores, la inflación en los países capitalistas se mantiene relativamente controlada, a pesar del frenesí consumista y especulador de los pudientes.
 
En el otrora llamado país de las oportunidades, Estados Unidos, el salario mínimo legal se ha mantenido congelado durante años y pierde rápidamente su poder adquisitivo. Al tiempo que la masa de trabajadores se pauperiza, un puñado de capitalistas de esa nación se hace dueño del orbe. Con harta razón las llamadas reformas de mercado han encontrado creciente resistencia, pues dichos ajustes han provocado crisis económicas en México, Argentina, Rusia y Asia, que han lanzado a millones de personas al hambre y al desempleo. Los pueblos están calando cada vez más que tras la propaganda de la libertad de mercado se esconde la voracidad de los agiotistas internacionales quienes, protegidos por el Fondo Monetario, someten a los erarios al saqueo más descarado.

El despojo no se lleva a cabo solamente por medios económicos. Los Estados Unidos, erigidos en la única superpotencia del mundo, asaltaron a Irak y Afganistán y amenazan a Corea del Norte y a Irán; su apetito los lleva a desconocer el derecho internacional y pisotear los derechos de los pueblos. No obstante, el aventurismo yanqui ha sufrido graves reveses. Su guerra en Irak ha enfrentado la insumisión de ese pueblo, y el ejército más poderoso del mundo ha sido completamente incapaz de doblegar a los luchadores iraquíes. Camino semejante recorre en Afganistán. La bravura de los insurrectos acobarda a los agresores a tal punto que algunos de los países cómplices en la acometida a Irak han comenzado a retirar sus tropas. El mandatario estadounidense padece la impopularidad en el mundo y en su propio país y, en el Medio Oriente, quizás la presa más codiciada, la rebeldía y el odio por el invasor crecen a diario. Los estrategas imperialistas se apuran por revisar sus planes en esa zona para rehuir mayores derrotas. Irak ha demostrado nuevamente que cuando un pueblo resiste a un invasor es capaz de derrotar al más poderoso.

El movimiento obrero colombiano necesita comprender los secretos de la economía y la política internacionales, pues en ellos residen muchas de las causas profundas de la situación que se vive y, de su acontecer, puede extraer lecciones y procurar aliados para su lucha.

En el proceso de concentración que atraviesa la industria de las flores, los obreros tendrán que batallar para evitar caer en una condición peor que la de esclavos

La floricultura colombiana se ha visto estremecida por algunas ocurrencias recientes, tales como la liquidación de C.I. Flores de la Sabana, el cierre de Splendor el Corzo por parte de la multinacional Dole y de otras firmas o el ingreso a la ley 550 de compañías como Cóndor.

Aunque parte del problema se origina en la revaluación del peso frente al dólar, esta agroindustria en el mundo, y por ende en colombia, no escapa a los cambios propios del proceso de globalización: la furiosa competencia que lleva a la concentración oligopólica, una verdadera guerra en la cual el arma es la rebaja de los costos, reduciendo la paga y acosando incesantemente a la fuerza de trabajo para que incremente la productividad. Con esos propósitos se extiende la producción a nuevas áreas geográficas, a nuevos países, como Ecuador o algunos africanos.

Quienes posean mayor volumen de capital y sean capaces de minimizar los costos llevarán a la ruina a los rivales y apañarán la parte del mercado de los abatidos. Miles de familias quedarán sin el sustento y las firmas sobrevivientes emprenderán nuevas acometidas que conducirán a acumular más riqueza en menos manos. La peor parte la llevan los asalariados, pues unos quedarán cesantes y los que laboren en las empresas que resulten victoriosas tendrán que trabajar de manera más extenuante por mucho menos.

Las llamadas grandes superficies, o cadenas de supermercados, como Wal Mart y, en general los distribuidores, los laboratorios de investigación de punta en genética de las plantas y los financistas, junto con otras grandes multinacionales, van quedando con la parte del león. El pasado 11 de abril, el diario Portafolio publicó la noticia de que “La firma Seagrott Riccardi se alió con otros 24 distribuidores estadounidenses para comprar dos “grandes” fincas en Colombia y suplirse de flores”. Con el nombre de Pangea Floral Group este consorcio controlará una parte muy considerable de la producción colombiana pues tendrá un poder de compra de US 280 millones de dólares anuales, cuando las exportaciones colombianas de flores a los Estados Unidos alcanzan la cifra de US 736 millones de dólares al año.
Quienes posean mayor volumen de capital y sean capaces de minimizar los costos llevarán a la ruina a los rivales y apañarán la parte del mercado de los abatidos. Miles de familias quedarán sin el sustento y las firmas sobrevivientes emprenderán nuevas acometidas que conducirán a acumular más riqueza en menos manos. La peor parte la llevan los asalariados, pues unos quedarán cesantes y los que laboren en las empresas que resulten victoriosas tendrán que trabajar de manera más extenuante por mucho menosEl mismo artículo dice que el pasado 19 de marzo, AIG Capital, filial del grupo asegurador estadounidense AIG, uno de los mayores fondos privados de inversión de los Estados Unidos, compró una participación accionaria significativa de Falcon Farms, firma nacional que tiene 300 hectáreas en Colombia, Ecuador y México. Falcon Farms es uno de los principales proveedores del mercado norteamericano y con el capital inyectado financiará la adquisición de más empresas del sector. Es decir, vivimos un acelerado proceso de monopolización en manos de unos cuantos consorcios gringos, que harán más insoportable la vida de los obreros, arruinarán a los productores nacionales y se lucrarán de las exenciones tributarias de la nación y de los entes territoriales.
 
Untraflores entiende que su deber ante esta cruzada de avasallamiento consiste en convocar al proletariado a la rebeldía y por eso hará de las elecciones venideras toda una jornada de educación política y de denuncia. Votar por los candidatos de Untraflores será decir no a la rebaja de salarios, será dar un paso en aglutinar a los asalariados y a los sectores patrióticos para enfrentar la perfidia de los explotadores. El sindicato postulará al concejo a los más probados luchadores proletarios y cívicos de la localidad. Elegir un candidato obrero al Concejo será contar con un vocero insobornable de los reclamos populares.