Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Quiéne son los nuevos propietarios de las plantaciones de Dole

A comienzos de este año se concretó la venta de la división de flores de la multinacional Dole a un nuevo grupo de propietarios. Lo que hasta ahora se conoce son algunas pocas cosas debido a que los poderosos, aunque han puesto de moda hablar de transparencia y a todo el mundo se la exigen, ellos son quienes menos la practican. No se sabe a cuánto ascendió la transacción, ni quiénes están detrás de lo que se conoce públicamente de ella.

Todas las informaciones, incluida la que Untraflores recibió directamente del doctor Jorge López y una ejecutiva del nuevo grupo es que los compradores son la familia Nannetti —Mario, el padre, quien dirigió a Floramérica entre 1972 y 1982 y sus hijos Nicolás y Andrés— y un fondo de inversión, con sede en Nueva York, de nombre Sunflower Enterprises Group, Inc., que se especializa en negociar en el sector agropecuario. Los fondos de inversión son entidades típicas del capital financiero, es decir, entidades que especulan con grandes sumas que les entregan diferentes entidades y personas, para que las coloquen donde puedan hacer ganancias grandes y lo más rápidamente posible. Lo más seguro es que el mayor accionista del nuevo grupo floricultor sea dicho fondo de inversión.

En todo caso el grupo se consolida, según los nuevos dueños, como el más grande de Latinoamérica, con más de 7.000 trabajadores concentrados en 500 hectáreas de cultivos en la Sabana de Bogotá y en Rionegro, Antioquia. La familia Nannetti ya era propietaria de Flores Colombianas y, aparte de las fincas de Dole, también compraron Flores Cóndor y Flores de la Vega. Juntas todas estas plantaciones por lo menos sumarían el 15% del total de las exportaciones del sector. La operación incluyó también el Centro de Investigación y Desarrollo Agrícola (Idea) que tenía la multinacional en Colombia; al respecto, Nicolás Nannetti, quien se encargará de manejar el negocio en Colombia, le declaró a la revista Dinero que: "El laboratorio es una ventaja comparativa para nosotros ya que nos permite tener la mejor calidad de material vegetal e ir generando nuestras propias variedades de flor, que es básicamente crear propiedad intelectual, algo nuevo en Colombia".

Para hacerse a una idea del poder de la nueva organización veamos algunas cifras aproximadas sobre las ventas que hizo el año pasado, según la revista La Nota Económica y otras fuentes: Caribbean (US$24 millones); Splendor Flowers (US$21 millones); Flores Las Palmas (US$17 millones); Santa Mónica Flowers (US$16 millones); Floramérica (US$14 millones); Flores La Fragancia (US$10 millones); Cultivos del Caribe (US$8 millones); Americaflor (US$8 millones); Colombian Carnations (US$6 millones); Agrícola Guacarí (US$6 millones); Cultivos San Nicolás (US$5 millones); Florex (US$3 millones); Jardines de Colombia (US$2 millones); Flores Cóndor (US$9 millones); Flores de la Vega (US$6 millones); Flores Colombianas (US$3,5 millones). Es decir, alrededor de 170 millones de dólares en ventas si le agregamos Altamira, Lusitania y Claveles de Colombia, también del antiguo grupo Dole, de las cuales no tenemos datos específicos de ventas.

La nueva empresa funcionará bajo el nombre de Sunburst Farms Inc., que hace más de 10 años fue, junto con Floramérica, la primera compra que hizo Dole debido a que era la primera compañía importadora y distribuidora de flores cortadas en los Estados Unidos. Recientemente fue nombrado como presidente general de la compañía a Geno Valdez, quien también había presidido Sunburst hace 10 años. En una de sus primeras declaraciones, concedida a la publicación comercial, The Produce News, planteó: "Yo me enfoco más en el consumo que en la producción", y agregó: "En Sunburst Farms necesitamos saber lo que quieren los supermercados y suministrarles ése valor". Estas declaraciones pueden traducirse en que si la idea consiste en satisfacer los intereses de las grandes cadenas de supermercados, lo que se sabe de éstas es que tienen una política de exigencias extremas a sus proveedores a la vez que son cicateros con el precio que pagan por los productos. De esto se desquitan los cultivadores básicamente exprimiendo a los trabajadores con los llamados métodos de productividad y reducción máxima de los salarios, en síntesis, con la sobreexplotación del trabajo.

Lo anterior nos demuestra varias cosas sobre las que Untraflores viene insistiendo. En primer lugar, que en la floricultura se vive un acelerado proceso de concentración en un reducido número de grupos; que dadas las condiciones del mercado internacional, controlado por grandes monopolios por ser las flores un producto exclusivamente de exportación, los empresarios tienden cada vez más a descargar sobre los hombros de los trabajadores las dificultades del comercio mundial —aún más por la crisis económica actual—; que por lo tanto se hace necesario no bajar la guardia, fortalecer la unidad, sindicalizar miles y miles de trabajadores, y prepararse para hacerle frente a la segura embestida patronal. En empresas como Splendor y La Fragancia en donde Untraflores alentó el proceso de organización sindical deberemos mantener el espíritu de rechazar enérgicamente cualquier atropello o violación de los derechos de los obreros; y aprestarse a luchar por mejoras salariales, prestacionales y de bienestar en las venideras negociaciones colectivas.