Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Jardines de los Andes, paraíso de la temporalidad, la recarga laboral y la anulación de los derechos adquiridos

Jardines de los Andes es otra de las grandes firmas florícolas que hoy controlan esta rama productiva en nuestro país y es una de las más antiguas del sector pues fue fundada por los hermanos Bernardo y Camilo Herrera en 1968. Hoy en día el control de la empresa se mantiene en manos de los mismos fundadores y sus herederos. En Jardines se configura otro de esos casos comunes en la oligarquía colombiana consistente en subdividir en varias compañías lo que en realidad es una sola con los propósitos, entre otros, de hacerse a gabelas tributarias y mantener divididos a los asalariados y de acuerdo con el desarrollo de la lucha de estos poder establecer regímenes laborales diferentes. Como es la regla esto sucede contando con que el gobierno hace la vista gorda y nunca declara, ni siquiera en casos tan evidentes como este, la unidad de empresa.

El llamado grupo Jardines está compuesto, al menos en su parte más visible, por las siguientes plantaciones aledañas o incluso algunas que hacen parte de un mismo globo de terreno: Jardines de los Andes, Noria, El Calafate, Altamizal, Condado, Valmar, El Cartucho y Amancay. Las ventas registradas por estas en el año 2008, el último del que se conocen datos totales, ascendieron a más de $ 166 mil millones, pero, por ejemplo, en el 2010, solamente Jardines y Amancay tuvieron un aumento, entre las dos, de más de $ 24.000 millones, lo que lleva a la conclusión de que los ingresos anuales del grupo en la actualidad deben ser superiores a los 200.000 millones de pesos, un 10% de las exportaciones totales de flores. Jardines es considerado como el más grande productor y exportador mundial de alstroemerias y uno de los mayores proveedores de bouquets al mercado estadounidense, país en el cual actúa bajo los nombres de Nature´s Flowers, empresa dedicada al abastecimiento del mercado detallista masivo y Gardens America que surte a los mayoristas.

Como las demás grandes compañías también cuenta con distribuidores exclusivos en los Estados Unidos en donde lleva a cabo, también como sus congéneres, intensas campañas de autobombo sobre su compromiso con el bienestar de sus empleados, la naturaleza y sus contribuciones a las comunidades bajo su influencia. Igualmente todo eso contrasta con la realidad que se vive en los cultivos.

Untraflores desde hace años ha venido denunciando cómo ese supuesto paraíso es más bien un infierno para los proletarios. Incluso las escasas garantías extra legales consignadas en los pactos colectivos de algunas de las fincas han venido siendo arrasados, entre otras formas, mediante el procedimiento torticero de coaccionar a los voceros de los mismos para que escojan entre diversas alternativas a cual más gravosas, con el argumento manido del bajo precio del dólar y otros lamentos similares.

La estabilidad que a pesar de los bajos sueldos a muchos trabajadores les hacía convertirse en defensores acérrimos de la compañía está siendo pulverizada con el reemplazo masivo de personal directo por temporal y de cooperativas. Quienes quedan con vínculo directo y a término indefinido ya son muy pocos, y en la Administración se oye decir que esta seguirá siendo la política de manejo del "recurso humano". Mediante diversos mecanismos se obliga a los operarios directos a que se retiren por "voluntad propia" por ejemplo aplicándoles sanciones, el acoso laboral, las jornadas extenuantes con exigencias sobre humanas de resultados. Varias personas le han dicho a los representantes de Untraflores que una labor que antes hacían 8 personas, ahora la realizan apenas cuatro, por la razón de que la mayoría de los retiros no se reponen y la producción es cada vez mayor.

De forma totalmente ilegal la Gerencia está dejando de pagar en dinero una enorme cantidad de horas extras y en el colmo del cinismo aduce que no pagan sino hasta el límite máximo de doce porque eso es lo que les permite la ley y que no está dispuesta a violar el derecho laboral. Para completar, las extras no sufragadas en dinero dicen que las devuelven en tiempo, pero ni siquiera se atienen a cumplir su propia maniobra porque hay una queja creciente sobre el robo descarado de las horas acumuladas.

La recarga laboral no tiene nombre. En alstroemeria a cada trabajador le entregan entre 100 y 120 camas para hacerles todas las labores. A los operarios de de poscosecha de Noria no les cumplen con la alimentación reglamentaria cuando hay extensas jornadas de trabajo; según los jefes de área esto sucede porque las horas extras se hacen porque debe cumplirse con los rendimientos, los cuales no se alcanzan en el horario normal, por lo que entonces no son reglamentarios ni la cena ni el refrigerio.

Empero, si alguien se atreve a chistar ahora las firmas se han llenado de gerentes de asuntos laborales y de abogados externos que cumplen la misión de amedrentar a las personas llamadas a rendir descargos, quienes acuden a tales diligencias totalmente indefensas y naturalmente terminan sancionadas, despedidas, o simplemente tan amedrentadas que deciden renunciar.

Aunque muchos obreros piensan que la causa de sus males se debe a los cambios de Gerente y que este por su cuenta decide propinarles estos golpes bajos, han de convencerse que tales funcionarios, que lógicamente merecen su repudio, no son más que peones de los patronos, quienes están compitiendo con los demás grupos antiguos y nuevos del sector para apoderarse de porciones cada vez mayores del mercado y que en esta reyerta el arma secreta más importante es el abaratamiento de la mano de obra. Estas injusticias no cesarán por la buena voluntad de los amos del capital. Sólo cuando los propios operarios decidan organizarse y luchar por sus derechos podrán empezar a sacudirse la opresión