Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Contra el enemigo común: lenguaje común y lucha común

Camposol S.A. y Sociedad Agrícola Virú S.A. son unas empresas ubicadas a 500 kilómetros al norte de Lima, en los valles de Virú y Chao, del departamento de La Libertad. Iniciaron operaciones en la década pasada, al amparo de enormes subsidios del gobierno que, entre otras cosas, consistieron en la adecuación de los valles para la producción, y hoy son amos y señores de gigantescos latifundios.

Ejemplar lucha de los proletarios de la agroexportación en el Perú

Camposol S.A. y Sociedad Agrícola Virú S.A. son unas empresas ubicadas a 500 kilómetros al norte de Lima, en los valles de Virú y Chao, del departamento de La Libertad. Iniciaron operaciones en la década pasada, al amparo de enormes subsidios del gobierno que, entre otras cosas, consistieron en la adecuación de los valles para la producción, y hoy son amos y señores de gigantescos latifundios. En sólo estas dos empresas laboran alrededor de 20 mil obreros, entre los cultivos y las plantas procesadoras. Han extendido sus operaciones a la zona andina con la siembra de alcachofas a alturas comprendidas entre los 2.000 y los 3000 metros sobre el nivel del mar. El auge de estos cultivos le representa al Perú ingresos por cientos de millones de dólares.

Desde el pasado mayo se vive un clima de agitación en las plantaciones. Los trabajadores se cansaron de los continuos abusos de las empresas y tomaron la decisión de hacer respetar sus derechos y exigir que las autoridades de trabajo, cuyos inspectores nunca se han preocupado por verificar las condiciones deplorables en las que laboran, escuchen sus demandas y actúen de inmediato.

La inconformidad llevó a los obreros a esforzarse por constituir su organización sindical y a exigir mejoras en sus condiciones de vida y de trabajo. Sus principales exigencias eran las siguientes: respeto al derecho de asociación sindical; alza de los salarios, que apenas llegan a 14 o 16 soles diarios, más o menos unos 5 dólares, menos que el mínimo de Colombia; respeto a la jornada de las 8 horas y pago de las horas extras; entrega de copias de los contratos; trato respetuoso; reducir la aplicación de pesticidas por jornal y proteger adecuadamente a los obreros en esta labor; reducción de la cantidad excesiva de tareas; renovación de guantes y herramientas de trabajo deterioradas y dotación de lentes para protegerse de los vientos cargados de arena; sanción a los acosadores sexuales.

Ante la negativa de las compañías citadas y otras a satisfacer las demandas de los asalariados, estos se lanzaron a la huelga, que estalló en los cultivos pero pronto se extendió no solo a las plantas de procesamiento, sino que a ella se sumaro el resto de habitantes de la región. El gobierno alcahuete envío desde Trujillo tropas para sofocar el movimiento. Los obreros denuncian que en las noches las calles eran patrulladas por matones a sueldo y que un grupo policial secuestró a 14 obreros para amedrentarlos.

Los patrones para aplacar el movimiento accedieron a firmar ante la Autoridad Regional de Trabajo unas Actas Extraproceso, en las que aceptaban cumplir algunas de las reivindicaciones más importantes y se comprometían a no tomar represalias por la huelga.

Como proceden siempre los amos, una vez aplacada la lucha y burlando lo acordado, iniciaron un despido masivo de trabajadores, más de 500, entre los cuales seis dirigentes sindicales, también incumplieron el resto de puntos acordados. Por esto hoy de nuevo está cundiendo la rebeldía y ya se anuncian nuevos levantamientos.
Untraflores saluda esta ejemplar batalla proletaria y se solidariza con sus hermanos de clase del Perú.