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Bolivia Ejemplar

Por Francisco Cabrera
Con la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Losada, el 17 de octubre concluyó la histórica batalla emprendida desde hacía un mes por el abnegado pueblo boliviano para evitar la venta del gas a México y los Estados Unidos. Esta página, escrita con sangre, está llena de hermosas lecciones de heroísmo y de ricas enseñanzas para los pueblos de la América pobre que combaten por romper las cadenas de la dominación imperialista.

Bolivia es un país pequeño, de ocho millones de habitantes, de los cuales cerca del 70% son indígenas. Sus yacimientos de gas constituyen una enorme riqueza, después de las de Venezuela, sus reservas son las segundas del continente, con un valor estimado en 80 mil millones de dólares. En ese país, el más pobre de Suramérica, sus gentes martirizadas ven el gas como la última esperanza para el desarrollo nacional y no están dispuestas a que les pase lo mismo que con la plata de Potosí, que durante la colonia enriqueció a Europa y a Bolivia solo le dejó miseria y la muerte de sus mineros en los socavones; o lo acontecido con el estaño de Oruro, saqueado sin tasa ni medida por las multinacionales norteamericanas.

La venta del gas es la última etapa de un proceso en el que el gobierno viene empeñado. En 1996, se expidió la Ley que permitió vender los hidrocarburos y otorgó favores a las multinacionales, entre ellos, la reducción de impuestos de 50% a 18%. La empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, YPFB, se fragmentó en tres unidades para luego, en 1997, en medio de gigantescas protestas, entregar los negocios por separado al capital extranjero. Los intereses de Repsol-YPF, British Petroleum, Exxon Mobil, y Shell, de capitales españoles, ingleses gringos y holandeses fueron los más beneficiados. Para la exportación del gas las trasnacionales Repsol-YPF, British Gas y British Petroleum, crearon en junio de 2001 el consorcio Pacific LNG, adjudicatario del campo Margarita, ubicado en Tarija, el más grande yacimiento de hidrocarburos de Bolivia.

«¡El gas no se vende!»

Cuando el gobierno de Sánchez de Losada, «el Goni», anunció que la Pacific LNG construiría una tubería para llevar el gas desde Tarija al puerto chileno de Mejillones, en donde se construiría una planta de licuefacción para de allí embarcarlo hacia México y California, el pueblo  replicó: «¡El gas no se vende, se queda en Bolivia para su industrialización!».

Con esta consigna, el 13 de septiembre se iniciaron en Cochabamba los cortes de caminos ordenados por la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, Csutcb, y para el 19 se convocó el Día Nacional en Defensa del Gas que contó con multitudinarias movilizaciones en todo el país. El 20, el gobierno, bajo la presión de las embajadas norteamericana e inglesa, organizó un operativo para el rescate de un grupo de turistas a quienes los bloqueos impedían salir de la localidad de Sorata y, en Warisata, el ejército arremetió violentamente contra los pobladores; en los choques murieron seis campesinos, entre ellos una niña de ocho años. Un grito de rabia y de dolor se escuchó a lo largo y ancho de la tierra de los aymaras, los quechuas y los guaraníes: ¡Goni, asesino! ¡Que se vaya Goni!

El 24 de septiembre, la Central Obrera Boliviana, COB, llamó a la huelga general indefinida a partir del 30 de ese mes. La parálisis fue total. El 2 de octubre se realizó un paro cívico en El Alto en protesta por las muertes de Warisata; decenas de miles de mineros salidos de los socavones de Huanuni y Oruro se incorporaron con arrojo a los combates y el 7, mil de ellos iniciaron una marcha rumbo a La Paz; los cortes de caminos las movilizaciones y los enfrentamientos con la participación de indígenas, campesinos, obreros, artesanos, transportadores, desempleados y estudiantes se extendieron a Santa Cruz de la Sierra, Potosí, Sucre, Achacachi y a todo el altiplano y descendieron sobre las tierras cálidas en donde los labriegos del Chapare, curtidos en las contiendas de los años 2001 y 2002, se sumaron al fragor de la rebelión. La Paz quedó prácticamente sitiada. Particularmente intensos fueron los enfrentamientos en El Alto, declarado en paro cívico indefinido desde el 8; allí las masas rebeldes levantaron barricadas que impedían toda circulación, a lo cual el ejército respondió con una matanza: 34 vecinos fueron asesinados entre el 11 y el 12 de octubre. Aquello, antes que amedrentar al pueblo, fue como si se hubiese echado gasolina a una hoguera. El 13, otra marcha de 5.000 mineros partió desde Huanuni y Oruro hacia La Paz; desde varias regiones, campesinos y pobladores se habían puesto también en movimiento. El 16, en Patacamaya, los mineros rompieron un cerco del ejército y el 17 arribaron a la Paz, en donde una multitud de 250.000 inconformes se había puesto cita para no moverse de allí hasta sacar del gobierno a Sánchez de Losada, y hasta cuando se diera solución a sus demandas. Ese mismo día «el Goni» y sus allegados salieron huyendo hacia Miami. Los rostros cobrizos de la muchedumbre concentrada en la Plaza San Francisco se iluminaron de júbilo y un coro de victoria se elevó desde las cumbres andinas hacia el limpio cielo de Bolivia: «¡Goni  cabrón, el pueblo te ha vencido!»

La embajada gringa arregló el ascenso del vicepresidente Carlos Mesa, quien ofreció convocar un referendo sobre la venta del gas, citar una asamblea constituyente y reformar la ley de hidrocarburos. Ante estas promesas las principales fuerzas participantes en la pelea, aceptaron la desmovilización

La clase obrera aprende

En la reunión realizada el 19 de octubre por la COB para hacer las primeras evaluaciones y trazar las políticas a seguir, Solares planteó en forma autocrítica que «ningún líder ni ningún partido político dirigió este levantamiento popular»; recalcó que no hubo una dirección única, y concluyó que «los trabajadores bolivianos, desde abajo, fueron los que echaron a patadas del poder al asesino de ‘Goni’». Para el dirigente minero Miguel Zubieta no se asimilaron las lecciones de febrero por lo que el conflicto se les escapó de las manos y no se pensó «seriamente en lo que tenía que venir después» de la caída de «Goni». Esa falta de «objetivos claros» permitió que «otro neoliberal» tomara el poder, dijo Alex Gelvez, de la Confederación de Fabriles. El aguerrido dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, Juan de la Cruz, expresó que «Mesa es un cachorro de la burguesía (…) es la misma ‘chola’ con distinta ‘pollera’, además, en el parlamento siguen siendo mayoría los partidos neoliberales» y señaló con claridad «Mesa no va a industrializar el gas a favor de los bolivianos. No va a sacar de la crisis a los trabajadores. Por eso, ahora, debemos organizar una dirección única. Hemos ganado una batalla, pero aún no hemos ganado la guerra». Cuando algunos dirigentes pidieron que la COB debía cogobernar, el Secretario Ejecutivo del Magisterio replicó que la central debía mantener su «independencia de clase» frente a cualquier gobierno burgués, y su colega de La Paz, José Luis Álvarez, fue enfático: «Lamentablemente, sin objetivos y dirección revolucionaria, los trabajadores entregaron valientemente sus vidas, pero no para que haya cambio constitucional. Los que se sublevaron quieren mejores condiciones de vida y un nuevo tipo de Estado (…) es preciso hacer una plataforma de lucha que permita a los explotados llegar al poder»

Elevar la guardia frente a las acechanzas

Mesa no deja lugar a dudas de que su misión será lograr con engaños lo que el tirano derrocado no consiguió con sangre. Al FMI le envió el mensaje de que cumplirá cabalmente los compromisos adquiridos por Sánchez de Losada; a las multinacionales del gas y del petróleo las ha tranquilizado señalando que el referendo será sobre como exportar el gas y que él convencerá a la población sobre las bondades de vender el recurso y, además, que cualquier reforma a la Ley de hidrocarburos se hará pensando en no ahuyentar la inversión extranjera.

El otro asunto espinoso es el de la Asamblea Constituyente. Las multinacionales hablaron por boca de «los cívicos» de Tarija: no quieren la realización del Referendo, pero anuncian que en la Constituyente pelearán por la autonomía de la región para disponer del gas sin contar con el resto de los bolivianos. La gran burguesía concentrada en Santa Cruz venía hablando de una Asamblea Constituyente para «refundar la República» desde meses atrás. Según su criterio, allí debe establecerse la autonomía regional. El dirigente de la Csutcb, Felipe Quispe, plantea la autonomía de las comunidades indígenas y la creación de una nación que retorne a formas de organización estatal y a la cultura precolombinas, con el trueque como reemplazo de la economía de mercado. Todas estas posturas conspiran contra la unidad nacional de Bolivia de cuya fragmentación sólo se beneficiará el imperialismo. ¡Que se termine la discriminación contra los indígenas y se respete su cultura, pero en el marco de la más vasta unidad de los oprimidos contra los opresores!

En el curso de las sucesivas batallas el pueblo boliviano se ha hecho cada vez más consciente y ha venido acerando sus formas organizativas. Ante los retos del porvenir sabrá usar su experiencia acumulada para propinar nuevas derrotas al imperialismo y para avanzar hacia su plena liberación.