Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Los bolivianos quieren la nacionalización del gas

Concentración en la Plaza San FranciscoUna lucha de la que se debe aprender

La rebeldía de los humildes tumbó a otro presidente. El pueblo está cada vez más organizado
 
El pueblo de Bolivia está decidido a recuperar la soberanía sobre sus riquezas de gas y petróleo. En 2003, un levantamiento popular derrocó a Gonzalo Sánchez de Losada, el gobernante que les entregó las reservas de gas a las trasnacionales. El nuevo mandatario, Carlos Mesa, prometió que realizaría un referéndum sobre la nacionalización de los hidrocarburos; que con base en esa consulta tramitaría una nueva ley sobre la materia, y que convocaría a una Asamblea Constituyente. La lucha de los últimos meses es la continuación de la iniciada hace dos años y demuestra que los descendientes del Inca no darán su brazo a torcer hasta coronar sus reivindicaciones.

MineroCuando a mediados de 2004 Mesa quiso engañar al pueblo con un referéndum tramposo en el que no se planteaba la pregunta sobre la nacionalización y se mantenían a salvo los intereses de las trasnacionales, las fuerzas patrióticas respondieron con el llamado a la abstención y al saboteo de la mencionada consulta. Con el régimen estaban la embajada norteamericana, los gobiernos beneficiados con contratos en la industria del petróleo, incluyendo a los que llaman izquierdistas de Brasil y Argentina, el Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Mundial, BM, los partidos de la oligarquía boliviana y el Movimiento al Socialismo, MAS, del dirigente cocalero Evo Morales. La abstención y los votos blancos y nulos sumaron cerca del 60% del potencial electoral, pese a los cual, Mesa salió a reclamar su victoria. La pelea no se detuvo allí.

CampesinaEn diciembre, obedeciendo a las presiones del FMI, Mesa decretó un impuesto al consumo de combustibles, que fue rechazado con grandes protestas en las que los habitantes de La Paz y El Alto reclamaron también que se suspendiera el contrato con la multinacional francesa Lyonaise de Eaux, propietaria de la empresa Aguas de Illimani, por sus abusos en las tarifas del agua y la mala prestación del servicio. Ante la fuerza de la presión popular el gobernante tuvo que archivar su impuesto y acceder a liquidar el contrato con los franceses. En mayo la brega volvió a atizarse cuando el Congreso debía aprobar la ley de hidrocarburos. Frente a una ley que no tocaba los 78 contratos mediante los cuales González de Losada les entregó el gas a los grandes consorcios, la Central Obrera Boliviana, COB, las combativas organizaciones de El Alto, el poderoso sindicato de los mineros del estaño y las organizaciones campesinas e indígenas plantearon la consigna de la nacionalización. Las movilizaciones se sucedieron en grandes oleadas; cerca de 80 cortes de caminos traumatizaron el transporte por carretera; por más de veinte días la Paz y El Alto, fueron totalmente paralizadas y el bloqueo impidió allí el aprovisionamiento de combustibles y alimentos. El gobierno de Mesa se hizo insostenible y tuvo que dimitir. La sucesión se convirtió en un problema porque en las consignas de los rebeldes era claro que no aceptarían ni al presidente del Senado ni al de la Asamblea de Diputados, por ser abiertos defensores de las multinacionales. Finalmente, con la mediación de la iglesia y de Evo Morales, y con la bendición de la embajada de los Estados Unidos, se logró que Eduardo Rodríguez, el presidente de la Corte Suprema, antiguo empleado de la embajada gringa y educado en Harvard, asumiera la Presidencia. Esta alianza aspira a desmovilizar al pueblo con el ofrecimiento de adelantar las elecciones, y Evo Morales pretende crear la ilusión de que las demandas populares serán resueltas si él llega al poder.
 
La prolongada lucha popular en Bolivia ha ganado en organización y en claridad en sus objetivos; por ello, ni con Rodríguez ni con Morales, podrá la oligarquía burlarse de las dos grandes reclamaciones de los insumisos: la nacionalización y una Asamblea Constituyente que le cambie el rumbo al país. Tampoco prosperarán los intentos de las multinacionales de dividir a la nación impulsando el separatismo en las ricas regiones de Santa Cruz y Tarija. Los hechos del pasado reciente demuestran que tras las treguas la lucha renace más vigorosa y más profunda.