Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Clínicas Santa Ana y Plenitud en Facatativá

El 22 de septiembre del año pasado se intoxicó un compañero en la finca Santa Bárbara; después de hacer la respectiva acta de accidente, fue trasladado inme-diatamente a la clínica Santa Ana, al día siguiente fue enviado para la casa, en donde pudo haber muerto esa noche, ya que no se le prestó la atención que exigía el grado de intoxicación que presentaba. Como el trabajador empeoró fue llevado nuevamente a la Santa Ana y por la insistencia de los familiares fue transferido a la clínica Marly, en Bogotá, donde fue hospitalizado por varios días; por recomendación médica se le debió hacer un seguimiento hasta tener la certeza de su total recuperación. El 24 de noviembre el compañero se presentó a cumplir con una cita médica la cual le fue negada porque Suratep, en su acostumbrada forma de evadir toda responsabilidad, le ordenó a esta clínica no prestarle mas atención, además, se le ha negado todo medicamento formulado por el médico que lo atiende. ¿Cuántas irregularidades iguales ocurrirán en esta clínica sin que tengamos conocimiento de ellas?

Por otra parte, nos hemos enterado de que la clínica Plenitud viene acatando la orden dada por los empre-sarios de las flores, de dar las citas casi únicamente en horas no laborables (después de las cuatro de la tarde), de esa manera se congestiona de pacientes y desmejora todavía más la atención a la que tenemos derecho. Según publicó un periódico de circulación regional, en las EPS se adoptó el criterio de que un cotizante o beneficiario no puede ir más de una vez al mes a solicitar atención, o sea que hay que programar las enfermedades. No es raro que los administradores de dicha clínica procedan así con los usuarios, ya que ella misma les aplica a sus trabajadores una alta carga laboral, los contrata por oficinas temporales y les pagas míseros salarios.

Son innumerables las quejas en toda la sabana de Bogotá sobre la pésima atención de las distintas EPS, IPS, o ARP, que atienden a cotizantes y beneficiarios del régimen contributivo, en particular a empleados de la floricultura. En todos los municipios es común el des-contento por la sumisión de muchas de estas entidades a los empresarios. Unas ponen médico en las fincas a atender a destajo, como si fueran dependientes de las compañías; otras programan las citas sólo después de los horarios de trabajo con lo que la congestión es enorme y la atención pésima, como si su obligación fuera velar por las ganancias y de las empresas y no por la salud de los cotizantes; cuando las citas son en horario laboral la desganada atención obliga a esperar largas horas, lo cual genera sanciones o, en el mejor de los casos, descuentos, del desmirriado salario; casi nunca se ordenan exámenes especializados (TAC, resonancias magnéticas). Muchas de estas entidades han hecho el milagro de reducir toda la ciencia médica a tres pócimas milagrosas: diclofenaco, omeprazol y acetaminofén, claro que a veces cambian y recetan acetaminofén, diclofenaco y omeprazol.

El caso de las ARP es aberrante, sus diagnósticos de pérdida de capacidad laboral son completamente ridículos. Ya es célebre que a trabajadores que han perdido prácticamente la función de sus manos por el síndrome del túnel del carpo, afectación originada en la exigencia de mayores rendimientos, lo que implica mayor velocidad en labores repetitivas, se les califique su enfermedad de común y originada en las labores domésticas; o, en los casos excepcionales, cuando se determina que es de origen profesional se dictamina un mínimo porcentaje de pérdida de capacidad laboral.

Es hora de que los trabajadores de la floricultura em-prendamos la pelea por un servicio de salud eficiente y responsable. Para eso lo estamos pagando y bastante caro.