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En la feria de las promesas ganó el uribismo

El pasado 12 de marzo se llevaron a cabo las elecciones de Cámara y Senado y las consultas para escoger candidatos del Partido Liberal y del Polo Democrático. Uno de los hechos de bulto fue el creciente abstencionismo, que sobrepasó el 60%. El resultado de las urnas presagia mayores sacrificios y dificultades para las gentes trabajadoras, pues el triunfo de los partidos uribistas determinó que el nuevo Congreso dará vía libre sin refunfuños a las disposiciones más antipopulares. a la vez, hace más probable la reelección del actual presidente.

Editorial

El pasado 12 de marzo se llevaron a cabo las elecciones de Cámara y Senado y las consultas para escoger candidatos del Partido Liberal y del Polo Democrático. Uno de los hechos de bulto fue el creciente abstencionismo, que sobrepasó el 60%. El resultado de las urnas presagia mayores sacrificios y dificultades para las gentes trabajadoras, pues el triunfo de los partidos uribistas determinó que el nuevo Congreso dará vía libre sin refunfuños a las disposiciones más antipopulares; a la vez, hace más probable la reelección del actual presidente.

Por qué después de casi cuatro años de un mandato en el cual han aumentado el hambre, la explotación y el sometimiento de Colombia a los Estados Unidos la mayoría de los votantes respalda a los uribistas?

Varios factores entran en juego, pero el principal es que los partidarios del presidente contaron con el respaldo tanto del poder económico como político. La campaña publicitaria del partido de la U, principalmente, y la de Cambio Radical fue apabullante; no estuvo a su favor solamente la publicidad pagada, sino que los medios de comunicación los apuntalaron mediante entrevistas, noticias y comentarios. Se ha denunciado que en distintas zonas del país hubo presiones de todo tipo para que la gente los votara. El uribismo acudió en gran escala a la compra de conciencias, como se pudo comprobar por denuncias hechas en Barranquilla. Desde el comienzo del gobierno, el presidente echó mano del presupuesto nacional para abrirle pasó a su reelección, y los comicios del 12 de marzo constituyeron un paso fundamental en ese complot. Uribe repartió entre los parlamentarios los puestos diplomáticos y los demás cargos públicos y logró así que la mayoría de los barones electorales estuvieran de su lado. De igual manera ha procedido con los contratos oficiales; el de Uribe es un gobierno corrupto que no vacila en utilizar los dineros del Estado en su provecho.

Como a lo largo de su mandato ha favorecido a las multinacionales y al gran capital  colombiano a costa de envilecer los salarios y las condiciones de vida de las masas, no es raro que los dueños del capital se desesperaran por imponer el triunfo del uribismo.

Las distintas fuerzas políticas, oficialistas y opositoras, hablaron todo el tiempo de su preocupación por lo «social», que para ellas se limita a repartir unas cuantas limosnas entre los más pobres, pues el propósito político de transformar la sociedad para que el país no esté sometido al ruinoso dominio de los Estados Unidos y para que los obreros y los sectores medios disfruten de mejores condiciones no figuró por parte alguna en la campaña. No solamente lo “social” tiene alcance tan mezquino: impulsados por el afán de lograr una curul, los candidatos se agrupan en las listas que pueden lograr el umbral requerido y cada miembro de la lista hace sus propias ofertas, de tal manera que poco se promueve el programa del partido correspondiente. Así la política se rebaja cada día más: en vez del debate político, la feria de los promeseros.

El resultado de las elecciones es ampliamente desfavorable al obrerismo; ya se anuncia que el gobierno llevará al Congreso la reforma tributaria que consistirá en rebajar los impuestos a los poderosos y en cobrar IVA a casi todos los productos de la canasta familiar. El nuevo conjunto de privatizaciones y de otras medidas desfavorables a la nación y a los obreros no se hará esperar. Para enfrentar estos embates, los trabajadores necesitan estar al tanto del discurrir de los asuntos políticos y aprestarse a participar e ellos con su propia posición política, una cuyo núcleo sea la defensa del interés nacional y el beneficio de los asalariados.