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Uribe le da la espalda al departamento del Chocó

Por. Madisson Yojan Carmona Rojas [*]
En el año 2004, Álvaro Uribe Vélez lanzó el Plan 2.500, un proyecto de construcción y remodelación de carreteras con el cual, supuestamente, las regiones más apartadas se integrarían a la red vial principal del país; sin embargo, esto no ha pasado de ser otro más de los embustes de este gobierno acostumbrado al engaño. Con un gran despliegue mediático, el Presidente en sus Consejos Comunales de Gobierno se dedicó a hacerle propaganda a la iniciativa para así ganar el apoyo a su aspiración reeleccionista de parte los gobiernos departamentales y locales y de las poblaciones olvidadas.

A cinco años de haber sido firmado el documento Conpes 3311 en el que están los lineamientos del Plan 2.500, no se han cumplido los plazos de entrega de las obras y aún hoy el país debe seguir sufriendo los rigores de unas vías que más parecen trochas o caminos de herradura, esto sin contar con que los recursos asignados para los tramos a intervenir no aparecen o fueron a parar en los bolsillos de los contratistas, que se pasean diariamente por el Ministerio de Transporte haciendo lobby en busca de contratos.

Una muestra lamentable de la inoperancia de este Plan son las carreteras que conectan a Quibdó, capital del Chocó, con Medellín y Pereira. Estos dos tramos, de 238 y 296 kilómetros, respectivamente, se recorren, en el mejor de los casos en 12 horas, pero regularmente en más de 20, más de lo que tarda un viaje entre Bogotá y la Costa Atlántica, que está a más de 1.000 km de distancia. Con razón, los habitantes de la región al referirse a estas vías las califican de "trochas infames", "viacrucis", "penitencia", etc.

Debido a ello, el 4 de febrero, se accidentó el bus de Rápido Ochoa que viajaba de Medellín a Quibdó, suceso en el que fallecieron más de 30 personas. Esta tragedia no es más que otra muestra del abandono estatal, pero el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, quien no ha cumplido con su obligación de tomar las medidas para evitar estas desgracias, la emprendió cínicamente contra el conductor, habla de sobrecupo, del estado mecánico del automotor, y lanza agresiones contra quienes se atreven a cuestionar su desidia.

Ante la abrumadora prueba del deplorable estado de la vía mostrada por los medios de comunicación, el gobierno de Uribe ahora esgrime la excusa de la inestabilidad geológica del terreno, y, ¿quién pelea contra la naturaleza? Pero se olvida que la ingeniería ha avanzado tanto, que ella ya no es disculpa para mantener esta carretera en el olvido. El problema es que los ingentes recursos apropiados para las obras se quedan en manos de los licitantes, compadres del Ejecutivo, y solo queda al borde de las carreteras el recuerdo de lo que era un proceso de pavimentación, señales en mal estado, el rastro de la maquinaria que estuvo adornando la vía por algunos meses. Queda comprobado una vez más que a la administración de Álvaro Uribe Vélez solo le interesa lo que le pueda dar protagonismo en los medios, mientras en el Chocó las personas están condenadas a un eterno encierro entre las cordillera Occidental y el Océano Pacífico, sin posibilidad de contacto con el resto del país.

Lo anterior demuestra también la total inoperancia del ministro de Transporte, que durante todo su periodo se ha dedicado a proteger delincuentes, a tapar inmoralidades y a defender al Presidente. Hay que tener en cuenta que el fracaso del Plan 2.500 es solo uno de los escándalos que le ha tocado capotear al señor Andrés Uriel Gallego; recordemos, sin ir más lejos, el caso del Director de Invías —entidad encargada de administrar las vías del país—, que cambió los estatutos internos de la entidad para poder ejercer el cargo, o el del INCO —Instituto Nacional de Concesiones—, que le ha hecho perder al país grandes cantidades de dinero en demandas que el Estado ha perdido frente a los concesionarios de diversas vías del país.

¿En qué queda el proyecto de interconexión vial del país? Al parecer sólo en el papel y en el recuerdo de los incautos asistentes a los Consejos Comunales de Gobierno a los cuales Uribe asiste con su corte de aduladores a repartir dádivas a sus complacidos amigos.

Ahora bien, a esta administración si acaso le interesan las carreteras exigidas para el TLC, pues sin ellas no podrá haber un flujo óptimo entre los puertos y los centros de producción y de consumo masivo; es decir, las que les puedan redituar principalmente a los inversionistas extranjeros. No nos oponemos a la construcción de los megaproyectos viales, pero sí a que estos se lleven a cabo en beneficio del capital privado y a los grandes desfalcos que en esos proyectos se cometen contra el Erario.

El gobierno le ha dado la espalda a un Departamento que le ha aportado y le puede seguir aportando enorme riqueza a la nación. Mientras no se integre esta zona de la franja del Pacífico al conjunto del país, sus esforzados habitantes seguirán sufriendo y siendo considerados injustamente como ciudadanos de segunda categoría.

¿Cuántos muertes más debe haber para que los indolentes Uribe y Gallego reaccionen? Esta respuesta solo la tiene la población, pues está demostrado que solo con la unión y la lucha decidida pueden lograrse las reivindicaciones de la gente sencilla y derrotar a personajes como Uribe, que solo gobiernan en beneficio de sus compadres y del capital privado.


 [*] Estudiante de Licenciatura en Ciencias Sociales, Universidad Pedagógica Nacional* Estudiante de Licenciatura en Ciencias Sociales, Universidad Pedagógica Nacional