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Samuel Moreno: el continuador

Por Vladimir Castañeda
El alcalde del Polo Democrático, Samuel Moreno, está empeñado en descargar sobre los bogotanos un verdadero aluvión neoliberal. Además de la actualización del catastro que disparó el impuesto predial, y del contrato suscrito con una banca de inversión, Santander Investment, para allanar la privatización de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, ETB, está cocinando la privatización de las vías y un considerable ajuste en las tarifas de acueducto.

La actualización del catastro, que un año atrás naufragó bajo la primera alcaldía del Polo en medio de las protestas populares, alcanzará exorbitantes aumentos en el predial, incluso superiores al 100%. Las aseveraciones acerca de que el impuesto crecerá "en promedio entre el 18 y el 38 por ciento", tasas de por sí escandalosas, tienen el propósito de ocultar que estos porcentajes solo son topes transitorios que fijó el concejo de Bogotá, el cual también estableció que en los años subsiguientes el impuesto tiene necesariamente que crecer al mismo nivel de los avalúos.

A este asalto contra los esquilmados bolsillos de 827 mil contribuyentes, se suma el que prepara contra el millón restante, como lo dio a conocer el mismo día del balance que arrojó el censo catastral, al advertir que "la idea es abarcar la totalidad de los predios antes de finalizar esta administración".

Por el lado de la denominada movilidad las cosas no serán mejores. A mediados de octubre de 2008, los bogotanos y pobladores del norte de la sabana fueron sorprendidos por las administraciones de Moreno y Uribe, con la noticia, que hizo agua por el rechazo de la población, de que se instalaría otro peaje entre Chía y la capital. Tres meses después el distrito anunció que adelantaría los estudios para entregar en concesión la Avenida Longitudinal y la calle 13. La alcaldía tampoco cejará en el empeño de tender un cerco de peajes en las entradas a Bogotá.

El alcalde del Polo se convierte en paladín de las concesiones, justo en el momento en que por enésima vez los hechos sepultan la falacia de que éstas son un recurso de financiación que contribuye al progreso. Hasta la revista Semana, después del trágico accidente en que perecieron varias personas en el bus que se precipitó a un abismo entre Medellín y Chocó, y de las denuncias sobre el pésimo estado de muchas carreteras que operan bajo la modalidad de concesión, tuvo que admitir que "el síndrome Commsa dejó claro que los concesionarios a veces están interesados en tener más abogados que buenos ingenieros, pues el objetivo es encontrar un atajo a los contratos".

No hay duda de que a los constructores se les colmará de gabelas para que realicen jugosas ganancias, bien sea mediante regulares ajustes en las tarifas del peaje, la ampliación del tiempo de la concesión o disponiendo de millonarios subsidios que drenarán el presupuesto distrital, como lo hacen con las finanzas de la nación las actuales concesiones.

No obstante haber pescado votos con la promesa de no privatizar la ETB, cuyas utilidades netas ascendieron a más de 240 mil millones de pesos en 2007, Moreno desde los primeros días de su mandato acotó: "No descartamos el aliado estratégico sobre la base de que el Distrito mantiene la mayoría de las acciones y el control de la empresa". Estas palabras son idénticas a las que pronunciara doce años atrás el ex alcalde Antanas Mockus, quien arguyendo que la "capitalización" –hoy denominada "alianza estratégica"- no era privatización, le entregó, a precio de saldo, a la multinacional Endesa el 48.5% de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá.

Los miles de votantes que eligieron a Garzón y a Moreno para administrar los destinos de la capital cayeron en el engaño, pues es evidente que los intereses que defienden no son propiamente los de las clases sojuzgadas, son simples continuadores, que se proclaman de izquierda democrática. Así, a los capitalinos como a los demás colombianos, solo les queda el recurso de la lucha por sus derechos y reivindicaciones.