Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Referendo: fracaso de un engaño

Editorial

Ahora lo que el pueblo negó se lleva al Congreso para que lo apruebe

Aunque hasta último momento, Álvaro Uribe estuvo esperando que se hiciera el milagro de que pasara el Referendo, desde el mismo sábado 25 de octubre era evidente que solamente un gigantesco fraude en las urnas lograría lo que por voluntad de los colombianos no pasó: aprobar unas reformas políticas antidemocráticas y unas medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, FMI, con las cuales los trabajadores serían los más afectados.

Fracasó, además, porque lo que se ofrecía como la muerte de la politiquería, se promocionaba echando mano del más descarado de los clientelismos. Los gremios del gran capital destinaron cuantiosos recursos a la propaganda y chantajearon a los trabajadores, sobre los que pendió la amenaza de que aquellos que no demostraran haber sufragado, perderían el empleo. Así sucedió en las empresas de flores.

Pero quizás peor que la derrota del Referendo fueron los intentos posteriores por darle vida al muerto. Uribe por intermedio del entonces ministro Londoño pretendió cambiar después de la votación las reglas del juego, mediante la reducción del número de votos o umbral necesario para aprobar la engañosa consulta. El desespero gubernamental llegó a tal punto que pidió contabilizar las respuestas no marcadas. La soberbia del presidente no le permitió pronunciarse durante varios días después de su fracaso.

Londoño, quien como ministro de la política fue, después de Uribe, el principal promotor de la consulta cuyo supuesto fin era combatir la corrupción tuvo que renunciar, más que por sus metidas de pata, por el fallo de la Superintendencia de Sociedades que lo multó con 50 millones de pesos por transferir fraudulentamente las acciones de Invercolsa que había adquirido a Ecopetrol haciéndose pasar por trabajador.

Ahora, el gobierno de Uribe tiene un plan B que no es otra cosa que repetir la fórmula del Referendo: más impuestos y recortes de salarios, pensiones y derechos de los trabajadores. La burla es clara, lo que no aprobaron los colombianos en el Referendo, se pretende imponer a través del Congreso.

En todo el proceso de campaña presidencial por el Referendo, Uribe negó que respondiera a presiones del FMI, sin embargo, luego de que se conocieran los resultados, el representante del Fondo Monetario Internacional mostró su preocupación porque no se hubieran aprobado las medidas de «flexibilización laboral» exigidas por esa entidad dizque para sanear la economía colombiana.

El resultado del 25 de octubre es una victoria de las masas laboriosas y del pueblo colombiano. En ella jugaron un papel importante numerosas organizaciones sindicales y políticas y la natural desconfianza de la gente frente a los promeseros.

Ahora, las organizaciones populares deben disponerse a enfrentar tanto el plan B como las demás medidas de este modelo de «desarrollo» que no tiene recurso diferente al de la sobreexplotación de los trabajadores. Hay que generar manifestaciones claras contra este gobierno unilateral y autoritario.