Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Ridículo incremento en el salario mínimo

TrabajadorEl gobierno, los empresarios y las centrales obreras anunciaron que llegaron a un acuerdo consistente en que el salario mínimo legal aumentará en la irrisoria suma de 883 pesos diarios, es decir, en un monto insuficiente para pagar un pasaje en bus o comprar una gaseosa.

Pacto entre el Gobierno y las centrales obreras

Salario mínimo de hambre 

 
Trabajador Por Vladimir Castañeda
El gobierno, los empresarios y las centrales obreras anunciaron que llegaron a un acuerdoconsistente en que el salario mínimo legal aumentará en la irrisoria suma de 883 pesos diarios, es decir, en un monto insuficiente para pagar un pasaje en bus o comprar una gaseosa. El año pasado el alza fue de 6,56%, y las centrales no lo suscribieron, mientras que el de este año, de 6,9%, contó con la vergonzosa aprobación de la cúpula sindical. Esta aduce que habrá una congelación de algunos precios por 45 días, a la que le seguirá la consabida trepada en los precios de bienes, servicios y del IVA. A este minúsculo porcentaje se redujo la anunciada generosidad de Uribe con los trabajadores.
 
Nada distinto se podía esperar de quien ha estado a la cabeza de todas las últimas reformas laborales,  ha congelado y disminuido los sueldos, ha reducido el pago de las horas extras y ha estado al frente de la privatización de la salud.

Los esclavos del salario no deben ilusionarse nunca con las generosi-dades ni los corazones grandes de los explotadores, quienes para abaratar la mano de obra han esgrimido durante mucho tiempo el cuento del control de la inflación. A este pretexto, Uribe le agregó que la mala paga es necesaria para enfrentar los retos de la competitividad que entraña el Tratado de Libre Comercio. Dichas argucias recibieron recientemente el aval de Antonio Navarro, precandidato del Polo Democrático Alternativo, quien en un debate televisivo afirmó que un ajuste importante del mínimo causaría inflación y le restaría competitividad a las empresas. Gobierno y oposición se unen en la cruzada por degradar el nivel de vida de las masas.

Image Ambas cosas son falsas. Por años, la camarilla que gobierna a Colombia ha sostenido que para tener bajo control el costo de vida, es necesario  que los salarios, la canasta familiar, los servicios públicos, los combustibles, etc, crezcan según la inflación que proyecten los despachos encargados del manejo de la economía. Esta política, como todas las decisiones oficiales, resulta un vil engaño. En primer lugar porque, aunque el DANE y demás dependencias del Estado nos salgan cada año con el cuento de que la inflación que calcularon efectivamente fue la causada, son demasiados los hechos incontrovertibles que prueban lo contrario, de donde se puede concluir que lo que hay es una descarada manipulación de las cifras para ocultar el creciente empobrecimiento del pueblo y la grave crisis en que han sumido a la nación. A manera de ejemplo indiquemos lo que ocurre en Facatativá, aunque bien podría ser cualquier otro municipio del país. En esta localidad, que tiene por fuente principal de empleo los cultivos de flores, en donde, dicho sea de paso, los salarios y las condiciones de trabajo no pueden ser peores, mientras que la tarifa del servicio de acueducto y alcantarillado para el estrato dos, entre 1996 y 2005,  se multiplicó por 39 (el metro cúbico de agua pasó de $ 19 a $742), el salario mínimo, que en 1997 era de $172.005, apenas llegó a $381.500, es decir, se multiplicó por 2,2. Significa lo anterior que en ese período hubo una merma enorme en el poder adquisitivo de la clase trabajadora, que en plata blanca, significa el agravamiento de sus penurias. Lo que ocurre con las tarifas de acueducto no es una excepción, sino la regla en todos los servicios públicos. Aunque este ejemplo es más que suficiente para desenmascarar el tramposo manejo de las cifras, mencionemos también que en lo que va corrido de este gobierno los desempleados, los trabajadores y la clase media han tenido que soportar dos reformas tributarias (ya está anunciada la tercera) que encarecieron drásticamente el costo de vida, privando hasta de los alimentos básicos a millones de colombianos; reformas con las que, además, en una muestra de su enorme corazón, Uribe eximió de impuestos o se los rebajó a los acaudalados monopolios nacionales y extranjeros. El aumento de los combustibles, que también estuvo bien lejos de la inflación de 6.5% que se esperaba para este año, y que además incide en el precio de la casi totalidad de mercancías y servicios, es otra prueba irrefutable.

Ahora bien, como dijimos arriba, la otra mentira que aduce Uribe para justificar el alza de los salarios en un porcentaje irrisorio es la de hacer competitivos los productos nacionales frente a los de otros países, en el contexto del Tratado de Libre Comercio. La verdad sobre este punto es que se busca envilecer la mano de obra, para que, como acontece en la floricultura, las compañías norteamericanas produzcan a costos tan bajos  que sus mercancías no tengan rival en el mundo. Aunque los empresarios nacionales apoyan resueltamente el ajuste anunciado, creyendo que así podrán hacerle frente a los bajos precios de las mercancías y servicios de las multinacionales gringas, la verdad es que cavan su propia fosa, porque la baja del salario ocasiona una contracción en la capacidad de compra que arrastra consigo la producción.
A los asalariados de Colombia no les queda otro camino que el de organizarse en sindicatos consecuentes para salir airosos de la guerra sin cuartel que se les ha declarado. Los 90 mil obreros de la floricultura están llamados a jugar un papel fundamental en esta batalla.