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El TLC: traición a Colombia

A comienzos del mes de marzo, el gobierno de Álvaro Uribe anunció que las negociaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos habían concluido. A lo largo de 22 meses, los voceros de distintos gremios industriales y agrícolas expresaron que sus renglones productivos se irían a pique en caso de suscribirse dicho compromiso, pero el régimen de Uribe, siempre diligente en servir las apetencias del gobierno de los Estados Unidos y de las grandes multinacionales, tenía decidido someter al país a tan ruinoso acuerdo.

Editorial 

A comienzos del mes de marzo, el gobierno de Álvaro Uribe anunció que las negociaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos habían concluido. A lo largo de 22 meses, los voceros de distintos gremios industriales y agrícolas expresaron que sus renglones productivos se irían a pique en caso de suscribirse dicho compromiso, pero el régimen de Uribe, siempre diligente en servir las apetencias del gobierno de los Estados Unidos y de las grandes multinacionales, tenía decidido someter al país a tan ruinoso acuerdo.

El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos implicará para Colombia la pérdida completa de soberanía tanto económica como política, militar y cultural. El capital se concentrará más rápidamente en pocas manos, principalmente en las de los financistas norteamericanos y en las de algunos grupos de poderosos ricachones colombianos. Numerosos renglones productivos desaparecerán, con lo cual habrá un creciente desempleo y solamente aquellos productos demandados por los consorcios foráneos se producirán en nuestro suelo, pero los géneros nacionales tendrán que competir con los de otros países similares a Colombia, por lo que los salarios serán cada día más miserables. El valor del peso será inestable, pues vivirá períodos de fuertes alzas y bajas frente al dólar, según haya ingresos o salidas al mercado colombiano de la moneda gringa. Junto con los altibajos de la moneda vendrán alzas en las tasas de interés y en los impuestos. Hasta el mismo mandatario ha tenido que reconocer que renglones tan esenciales para la alimentación del pueblo y para la economía nacional como el arroz, el maíz, el trigo y el pollo sufrirán la competencia aplastante de las importaciones, ya que los Estados Unidos subsidian el cultivo de estos alimentos, y los agricultores colombianos, dadas estas circunstancias, no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir. Varios centenares de miles de obreros que laboran con estos productos se enfrentarán al desempleo.

Es tan evidente la perspectiva de quiebra  de numerosas granjas que Uribe propuso el engañoso programa denominado agro, ingreso seguro, con el cual pretende sacar cuantiosos recursos del presupuesto nacional para comprar la voluntad de los gremios agrícolas para que acepten el tratado. Así, se cargarán mayores impuestos al pueblo pero la producción de alimentos no se sostendrá.

Pero los reveses no serán únicamente para el agro. Con el fin de repletar las arcas de un puñado de laboratorios multinacionales, Uribe comprometió al país a limitar la producción de medicinas genéricas, con lo que los precios de muchas de ellas se incrementarán, lo que constituye un verdadero atentado contra la salud de la inmensa mayoría de los colombianos.

Las distintas ramas industriales enfrentarán la competencia de productos usados y remanufacturados y renglones como las flores o los textiles y las confecciones, de las cuales el gobierno afirma que disfrutarán de un enorme mercado, tendrán que vérselas con que los productos asiáticos o centroamericanos también tratan de entrar al mercado de los Estados Unidos envileciendo los precios de sus productos.

Los inversionistas de la superpotencia tendrán mayor control sobre nuestros recursos naturales como el petróleo, el carbón, la flora y la fauna tropicales; en fin toda la riqueza de nuestro país. De igual manera, el tratado les garantiza que pueden hacerse aún más a los contratos de construcción de carreteras, puentes, acueductos, etc. Las telecomunicaciones y los servicios de energía eléctrica y suministro de agua potable también quedarán convertidos en un mero negocio y se llevará el proceso de privatización hasta el final.

El movimiento obrero debe denunciar que dicho tratado constituye una flagrante traición a la patria y un rudo golpe al bienestar del pueblo. A la vez, es urgente que los trabajadores forjen lazos con los demás sectores de la sociedad colombiana y con el obrerismo de otras naciones para oponerse a este zarpazo imperialista.