Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Colombia azotada por la revaluación y la carestía

El presidente de la junta directiva de Asocolflores, Ernesto Vélez, declaró recientemente que “no hay Tratado de Libre Comercio ni Pasión por Colombia que valgan o que funcionen con tan intensa y prolongada revaluación”. Sorprende tanto disgusto proviniendo del vocero de una de las agremiaciones más adictas al gobierno; también, el año pasado, en la cuadragésima asamblea del gremio, había expresado que “el país va bien pero la floricultura mal… muy mal”
•    Por Alejandro Torres
El presidente de la junta directiva de Asocolflores, Ernesto Vélez, declaró recientemente que “no hay Tratado de Libre Comercio ni Pasión por Colombia que valgan o que funcionen con tan intensa y prolongada revaluación”. Sorprende tanto disgusto proviniendo del vocero de una de las agremiaciones más adictas al gobierno; también, el año pasado, en la cuadragésima asamblea del gremio, había expresado que “el país va bien pero la floricultura mal… muy mal”; y en la edición correspondiente al primer trimestre de este año del boletín El Invernadero, Asocolflores señala que debido a la apreciación de nuestra moneda por cada dólar que exportan están perdiendo 700 pesos. Es decir que, sobre unos 736 millones de dólares de ventas a Estados Unidos, las pérdidas anuales llegarían a más de 515 mil millones de pesos, una cifra descomunal. Como si fuera poco, alegan los empresarios, a ello se le suman las demás dolencias del sector como el estancamiento del ya bajo consumo de flores en Estados Unidos, su principal mercado; el surgimiento de nuevos países productores; la subida de fletes e insumos, a causa de los altos costos del petróleo; la baja de los precios, presionada por la competencia entre productores y por la creciente concentración del comercio.

Quejas similares se escuchan a diario de los cafeteros, quienes sostienen, por ejemplo, que desde 2003, por la misma causa, han visto esfumarse el equivalente a una cosecha completa, algo así como 1 billón de pesos. Bananeros y algodoneros dicen que han perdido hasta el sueño. Además, los empresarios nacionales que producen para el mercado interno también deploran la competencia de las mercancías importadas, cada vez más baratas, que les arruinan fábricas y plantaciones.

La inconformidad es grande, pese a que Uribe ha tomado varias decisiones para hacerles más llevadera la situación a los exportadores. En 2005 decretó el Incentivo de Cobertura Cambiaria, ICC, con el que subsidió con 150 mil millones de pesos a bananeros y floricultores; en 2006, les renovó el apoyo a estos últimos a través del Incentivo de Sanidad para Flores, ISF; les creó una línea especial de crédito en Finagro, y todo esto sin contar con los respaldos que tradicionalmente les ha brindado el Estado a través de Proexport y otras entidades.

Son justos los reclamos de los productores

No obstante lo anterior, Untraflores no teme reconocer que les sobran razones a los empresarios para su molestia; aún más, quisiéramos que les subieran el tono de los reclamos al gobierno. En ese caso, no dudaríamos en unirnos a sus querellas. Pero, los cultivadores de flores no quieren reconocer que la salida a la revaluación de la moneda consiste en frenar el ingreso de capitales especulativos sino que claman porque se tomen todavía más medidas contra el pueblo, tales como nuevos cambios en el sistema de pensiones y en las transferencias del presupuesto a las regiones y hasta por la reducción del número de aprendices del Sena que deben enganchar.

Las medidas que adopta el gobierno terminan por agravar la situación ya que no afrontan con seriedad el problema. En el fondo, aquel se congratula, cuando aduce que la persistente revaluación no es otra cosa sino una de las manifestaciones del éxito de su política de seguridad democrática que, según él, ha aumentado la confianza de los inversionistas internacionales en el país.

Auge de la especulación causa inundación de divisas
 
Es cierto que a Colombia, como al resto de América Latina, les han llovido volúmenes enormes de dólares en los últimos años; y, con el dinero que es una mercancía, sucede lo mismo que con cualquier otra: que la oferta excesiva le rebaja el precio.
 
Hay varias razones que explican este sostenido flujo de capitales. Una, fundamental, consiste en que las tasas de interés que paga la Reserva Federal de los Estados Unidos, que los usureros consideran la inversión más segura, han estado durante varios años a niveles bajísimos, mientras que los grandes bancos, los fondos de inversión y toda clase de agiotistas están hartos de dólares provenientes, muchos, de la bonanza de precios del petróleo, el acero, el carbón. 
 
En 2004, el año en que cayó en picada el precio del dólar (comenzó en 2.781 pesos y terminó en 2.389), solo en los primeros tres meses del año ingresaron a Colombia 729 millones de dólares, 116% más que en el año anterior. En ese momento los intereses que pagaba la Reserva federal eran de 1, 75%, mientras que los del Banco de la República ascendían a 6,75%, casi cuatro veces más. En los últimos años la tasa de interés en los Estados Unidos ha subido y hoy está en 5.75%, aún es bastante menor a la colombiana, actualmente en 8.25%; y, las autoridades monetarias gringas han dado señales de que los intereses allí pueden empezar nuevamente a bajar.  
 
En esto de atraer a los agiotistas Uribe ha sido pródigo en medidas. Baste un solo ejemplo: el 13 de junio del año pasado, cuando la revaluación ya llevaba más de dos años y  los estragos causados a la producción nacional eran notorios, dictó el decreto 1940, que  “modifica el Régimen General de Inversiones de Capital del exterior en Colombia y el capital colombiano en el exterior”, con el cual, de un plumazo, eliminó la obligación de los inversionistas de mantener sus capitales en el país por lo menos un año; y les facilitó la remisión al exterior, en el momento que a bien tengan, de las divisas fruto de la venta de sus inversiones, de la liquidación de sus empresas o del portafolio de sus inversiones.
 
Otra razón de los ríos de dólares que han llegado a Colombia ha sido esa adicción que tiene el gobierno a feriar los bienes patrios. Entre otros, vendió Telecom, la refinería de Cartagena, Granahorrar, Megabanco, Bancafe, también lideró el proceso de venta de Acerías Paz del Río. En la subasta de los bienes públicos le dio una mano el alcalde del Polo, Luis Eduardo Garzón, quien no solo aprobó la privatización de Colombia Movil (OLA), sino que aprobó el endeudamiento externo de la Empresa de Energía de Bogotá para comprarle Ecogas al gobierno central.Pero, también han ayudado a valorizar el peso la venta de firmasprivadas, como Bavaria, Avianca, TV Cable, DHL, Propal, Monómeros Colombo Venezolanos; aparte de las inversiones directas en el sector energético, el comercio y la banca.

En general, los capitales no arriban con el fin de crear nuevas empresas sino para comprar las existentes. Se calcula que de los 20.000 millones de dólares de inversión extranjera que entraron al país en los últimos tres años sólo 710 se destinaron a ampliar la capacidad exportadora, y eso que los pregoneros de la apertura llevan casi 20 años machacando sobre que hay que atraer los capitales foráneos, dándoles todo lo que exijan, principalmente abaratando el trabajo, porque dizque así inundaremos el mundo con nuestros géneros.

Otra fuente de ingresos, consiste en las remesas que envían los compatriotas que han abandonado el país, la mayoría huyéndoles al desempleo y a la miseria. Por este concepto llegaron casi 4 mil millones de dólares el año pasado, convirtiéndose en la segunda fuente de divisas, después del petróleo, al que, se dice, superarán en poco tiempo.

Finalmente, otro manantial de divisas ha sido el persistente endeudamiento externo, que ha crecido, principalmente, para pagar intereses. El gobierno ni siquiera ha utilizado los dólares baratos para pagar deuda externa, como muchos sectores lo han pedido, con lo que, por lo menos, aliviaría su servicio.

“Carrera para morderse la cola”

Uribe, para hacer que enfrenta el fenómeno ha tomado una serie de medidas que casi a nadie convencen o que terminan causando un efecto aún más dañino que el de la propia apreciación de la moneda. En varias ocasiones, desde 20004, ha emitido pesos para comprar dólares masivamente (en este año ya ha adquirido más de 3 mil millones ), sin embargo, la divisa continúa bajando, tanto que hoy está alrededor de 2.150  pesos, el valor de hace siete años.

La medicina ha resultado peor que la enfermedad, ha disparado otro mal peor: la subida de los precios o inflación. A comienzos de este año se han elevado escandalosamente los alimentos, la salud, la educación. En los tres primeros meses la inflación completó 3,2%, cuando la meta fijada por el Banco de la República para todo el año está entre 3,5 y 4,5%. La única manera de cumplir esta meta sería falseando las estadísticas, algo en lo que también se ha mostrado habilidoso el presidente cada vez que aquellas ponen al descubierto sus fementidos logros.

El régimen, con el pretexto de ponerle freno a la carestía recurre a subir las tasas de interés para desestimular la circulación excesiva de dinero, lo cual resulta en un círculo vicioso porque eso atrae más dólares destinados a la especulación. Aún más, estas medidas antes que controlar los precios, que agobian a los pobres, han demostrado que buscan fabricarles negocios fabulosos a los banqueros. Los días 2 y 3 de abril pasados, con el cuento de ayudar a detener la inflación, el banco de la República anunció que captaría dineros a 7 y 14 días y a una tasa de interés anual de 8,15% (porcentaje escandaloso dado que las mismas entidades financieras están prestándole al público a intereses incluso menores para poder colocar sus excesos de liquidez). Así, en esos dos días, el emisor captó 3,8 billones de pesos, con lo cual los magnates del ágio y de la usura, se echaron al bolsillo en menos de dos semanas, mal contados, 1 billón 300 mil millones de pesos.

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Aunque la única medida que constituiría un verdadero muro de contención contra estos intrincados procesos económicos, sería la de reconquistar la soberanía nacional y trazar de manera autónoma los derroteros económicos en interés de las grandes mayorías; algunos sectores le han sugerido al gobierno medidas que pueden por lo menos paliar la actual situación, por ejemplo, la de subir los encajes bancarios, obligando a que los establecimientos financieros a congelar en sus cajas fuertes parte de los pesos que el Banco de la República fabrica para comprar los dólares. Naturalmente, no puede esperarse que esto o haga un gobierno que les acata principalmente a los tiburones de las finanzas. Tampoco le agrada al presidente la recomendación de reducir el enorme gasto, buena parte de él producto del clientelismo más desaforado, y que sumado al pago de la deuda ha ahondado el déficit de las finanzas públicas, que ya va en 4,6% del PIB, a pesar de que las sucesivas reformas tributarias han hecho que los recaudos se hayan incrementado en un 13% anual.

Quienes, como los exportadores, piensan que solucionarán sus lacerantes males, pidiendo que se estruje aún más al obrerismo y a las demás clases populares, se equivocan de medio a medio. Aunque los déspotas mandatarios les concedan alguna gabelas, sus políticas principales conducirán a la mayoría de aquellos a la ruina o a convertirse en simples empleados de los grandes consorcios internacionales. Al final, algunos terminarán por entender que deberán sumarse al torrente de la lucha popular.