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Hambre y retroceso en el campo colombiano

La crisis de la producción agropecuaria y la pobreza rural en Colombia son pavorosas. En el campo habitan 12 millones de personas, de ellas el 82% se encuentra en situación de extrema pobreza y apenas el 15% de los hogares rurales cuenta con telefonía. En cuanto a educación, en el año 2000, los habitantes del campo mayores de 15 años alcanzaron un nivel de escolaridad promedio de sólo 4,4 años. En términos comparativos, recibieron cuatro años menos de educación que sus contrapartes en las ciudades. En cuanto a seguridad alimentaria, la tasa de desnutrición crónica infantil alcanzó 19% en el año 2000, frente a 11% registrado en las ciudades. En lo que se refiere a vivienda, aproximadamente la cuarta parte de las viviendas estaba construida con materiales inadecuados; el número de hogares que carecen de vivienda propia es de 34%.

Por Olga Consuelo Vargas

La crisis de la producción agropecuaria y la pobreza rural en Colombia son pavorosas. En el campo habitan 12 millones de personas, de ellas el 82% se encuentra en situación de extrema pobreza y apenas el 15% de los hogares rurales cuenta con telefonía. En cuanto a educación, en el año 2000, los habitantes del campo mayores de 15 años alcanzaron un nivel de escolaridad promedio de sólo 4,4 años. En términos comparativos, recibieron cuatro años menos de educación que sus contrapartes en las ciudades. En cuanto a seguridad alimentaria, la tasa de desnutrición crónica infantil alcanzó 19% en el año 2000, frente a 11% registrado en las ciudades. En lo que se refiere a vivienda, aproximadamente la cuarta parte de las viviendas estaba construida con materiales inadecuados; el número de hogares que carecen de vivienda propia es de 34%.

En la década de los noventa, producto de las medidas de apertura económica, se registró una pérdida de actividad económica, reflejada en una disminución de 800.000 hectáreas sembradas en la última década, lo cual redujo las oportunidades de empleo y provocó la migración de mano de obra no calificada hacia zonas de cultivos ilícitos. La situación se ha visto agravada por la violencia. En el período 1991-2001 se produjeron grandes descensos en la producción de cereales (cebada, sorgo, trigo y en menor grado maíz), oleaginosas de ciclo corto (soja y maní) y algodón. Los únicos cultivos de ciclo corto importantes que se salvaron en esta tendencia negativa en los 90 fueron el arroz y las patatas. Dentro de las áreas cultivadas, los productos permanentes o perennes han aumentado su superficie a expensas de la mayoría de sembrados anuales, y los cultivos exportables a expensas de los que sustituyen las importaciones.

Colombia cuenta con grandes extensiones de tierra no utilizada o infrautilizada; de hecho, de los más de 18 millones de hectáreas con potencial agrario, menos de 4 millones están bajo cultivo. Colombia posee ventajas comparativas en una gran cantidad de ecosistemas que la dotan de una biodiversidad mayor que cualquier otro país del hemisferio, a excepción de Brasil: abundancia de recursos hídricos, diversidad de microclimas, lo que permite ofrecer al mercado el mismo tipo de frutas y hortalizas durante los 12 meses del año. No obstante estas ventajas, en el período 1991-2001 se produjeron grandes descensos en la producción arriba mencionados.

La propiedad de la tierra en Colombia ha permanecido altamente concentrada. Más de US $ 3,5 billones fueron gastados en la reforma agraria desde 1961 hasta 1999, con el resultado de que sólo 1,5 millones de hectáreas fueron redistribuidos a 102.000 familias rurales. Uno de los fenómenos socioeconómicos que siempre se han señalado como regresivos es la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos, con predios de gran extensión o latifundios.

La tierra productiva es subutilizada, como lo muestran los datos de 800 municipios, que indican que una distribución muy desigual de la tierra está asociada con una mayor expansión de la ganadería en zonas ecológicamente frágiles sin vocación agropecuaria, y la subutilización de tierra apta para actividades agrícolas.

Existen múltiples y variadas causas relacionadas con los conflictos de uso de las tierras, que conducen bien sea a que se sobre o subutilicen con algún grado de intensidad. A su vez se producen innumerables y diversas consecuencias, que en su conjunto, configuran un complejo que no puede tratarse en forma simple. No obstante, una de las principales causas identificadas, radica en la muy alta concentración de la tierra en pocas manos, encontrándose, con información del Catastro Nacional (IGAC, 2001) que, solamente el 0.4% de los propietarios (15.273), poseen el 61.2% del área predial rural registrada en Colombia, equivalente a 47.147.680 ha, las que en su totalidad corresponden a predios mayores de 500 ha.

Los Tratados de Libre Comercio y demás medidas tomadas desde hace más de tres lustros, hacen que la producción se concentre en los productos exportables y no en los alimentos. Ya no producimos para comer, como lo demuestra el hecho de que algodón, maíz amarillo tecnificado, soya, yuca industrial, palma de aceite, caucho, cacao, frutales y reforestación comercial suman todos ellos para el año 2006 un millón de hectáreas, los demás cultivos tan solo 3 millones cuatrocientos mil hectáreas.

Con el TLC se arrasa con la agricultura colombiana. Sectores que habían sobrevivido a la apertura serán devorados; esto pasará con los avicultores, quienes verán entrar al mercado colombiano tan pronto entre en vigencia el funesto tratado, 27.000 toneladas anuales de cuartos traseros de pollo por el mecanismo de subasta; volumen que se incrementará en un 4% anual hasta que nos inunden totalmente con la producción avícola estadounidense. También ingresarán 79.000 toneladas de arroz, 2 millones de toneladas de maíz amarillo, 15.000 toneladas de fríjol, 20.000 toneladas de sorgo. El trigo y la cebada, por su parte, empiezan con liberación inmediata.

Ni los partidos políticos, ni la SAC, ni los gremios han asumido una actitud patriótica; su inconsecuencia estriba en ilusionarse o adoptar posiciones claudicantes. El país necesita combatir con decisión el Tratado antipatriótico que Uribe se dispone a firmar.