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La Minga de los pueblos indígenas

El 10 de Octubre de 2008, los integrantes de las comunidades indígenas del Cauca se pusieron en pie para reclamarle al gobierno nacional por el incumplimiento de los compromisos adquiridos por administraciones anteriores, los que en parte se contienen en el decreto 1397 de 1996, que establece "concertar" acciones para "la construcción, ampliación, reestructuración y saneamiento de resguardos, así como la conversión y saneamiento de reservas indígenas", pues desde 1958 están represadas cerca de 450 peticiones de titulación de territorios, legalización, saneamiento y ampliación de resguardos.

Aunque el gobierno pretendió hacer mofa de sus exigencias, aduciendo que los aborígenes son los mayores terratenientes del país, la ONIC (Organización Nacional de Indígenas de Colombia), aclaró que de las 31.2 millones de hectáreas tituladas a los resguardos el 85% no son cultivables por estar ubicadas en parques nacionales, desiertos, páramos, lagunas, montañas y selvas. Lo real es que un millón 410 mil indígenas apenas poseen 3 millones 120 mil hectáreas de tierra utilizable, menos de tres hectáreas por persona. Según el DANE, del total de pobladores 933.800 se encuentran en resguardos, mientras que alrededor de 440 mil no poseen territorio colectivo reconocido.

Aducían también los nativos que mediante normas tales como el Estatuto de Desarrollo Rural, la Ley de Reforestación Comercial, el Código Minero, las Leyes y Planes de Aguas, la Ley de bosques y de Páramos, se favorece a terratenientes y transnacionales que, aprovechando los desplazamientos masivos, se apoderan de las tierras de los aborígenes; y que entes del Estado como el INCODER, les titula en diversas regiones como "baldíos" a terratenientes, cultivadores de palma, narcotraficantes, entre otros, sus tierras ancestrales.

Además, reclamaban por la desprotección estatal frente a la violencia contra sus comunidades, el desplazamiento masivo, el asesinato por parte de toda clase de grupos armados ilegales. Por estas causas durante el gobierno actual han muerto más de 1.200 indígenas y 18 de las 102 etnias existentes están en peligro de desaparecer.

Los indígenas concentraron sus objetivos en cinco puntos: rechazo rotundo al TLC; derogatoria de la legislación que los despoja de sus tierras y cultura; cese de la violencia estatal y de toda clase de fuerzas irregulares contra ellos; cumplimiento de los acuerdos; y reconocimiento de que sus aspiraciones no son solo de tierras y no sólo de las comunidades caucanas, sino orientadas a toda la nación.

Bajo ése programa se declararon en Asamblea Permanente, con la dirección de la ONIC, que convocó a la movilización denominada Minga de Resistencia Indígena, a la cual acudieron más de 20 mil personas.

La protesta se inició el 12 de octubre con una marcha hacia Cali, que arrancó de dos puntos: La María Piendamó, de donde partieron más de 18 mil marchantes, y de Pradera, donde se dieron cita más de 4.000. Los provenientes de La María se tomaron la vía Panamericana y, en Villa Rica, fueron recibidos por 4.000 corteros de Caña y más de 3.000 indígenas de otras regiones del país.

Entonces, como espuma brotaron centros de concentración en todo el país. A Riohacha llegaron los wayuu; a Quibdó los embera; los barí a Norte de Santander; los embera katios a Sincelejo; los embera-chamí taponaron carreteras de Risaralda y Caldas; Lo nasas y yanaconas coparon las vías del Cauca; Los uwa caminaron en Boyacá; los inga, uitotos y sikunai se tomaron Villavicencio; a Neiva acudieron guambianos, nasas y yanaconas. Todos marchaban con la convicción que les daba el estar defendiendo sus derechos.

El 14 de Octubre, a partir de las 7 de la mañana la Minga bloqueó la vía Panamericana y otras rutas en el Valle del Cauca y Cauca. La represión no se hizo esperar; escuadrones de la Policía y el Ejército intentaron dispersar a los manifestantes. Con disparos de fusil les causaron la muerte a dos indígenas y dejaron decenas de heridos. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, tuvo el descaro de decir que las víctimas habían sido atacadas con armas artesanales por sus propios compañeros; pero más tardó en decirlo que en aparecer la contundente evidencia de un vídeo difundido, el 22 de octubre, por la cadena estadounidense CNN, en el que se aprecia a un escuadrón policial disparándoles a los manifestantes, hecho que causó indignación nacional e internacional.

A medida que la movilización avanzaba hacia Cali se hacía más numerosa, ya marchaban más de 30 mil personas, se habían unido indígenas de otros rincones del Cauca y del Huila, Nariño, Orinoquia y Amazonia; todos le exigían a Uribe que afrontara un debate público sobre las razones de la movilización y llegar a un acuerdo. El gobierno, recurrió a la viveza de aceptar la reunión, pero si los caminantes regresaban a Popayán, lo cual fue rechazado sin vacilaciones y se continuó rumbo a Cali. Uribe, el 18 de octubre, se reunió con algunas organizaciones agrarias del Cauca y regó la especie de que se había producido un acuerdo; el embuste fue desmentido por los líderes de la protesta.

A Cali arribaron más de 40 mil seres. Miles de estudiantes, obreros, trabajadores informales, se volcaron a las calles a rendirles homenaje. Allí tampoco se dio el debate con el gobierno, por lo que las comunidades emplazaron a Uribe a reunirse en La María Piendamó. Los indígenas decidieron el lugar y la fecha en la que se produciría el debate, al cual acudió La Minga en pleno. El arrogante jefe del Estado tuvo que aceptar las condiciones puestas para la reunión por los indígenas.

Ante la intransigencia del gobierno: seguir hasta la capital

Estos fueron contundentes en el debate, no los convencieron las disculpas ni las propuestas vagas del gobierno; por el contrario, pusieron al descubierto la farsa del discurso de Uribe en sus Consejos Comunales. Al final no se llegó a ningún acuerdo por lo que La Minga decidió que 20 mil de sus integrantes continuaran rumbo a Bogotá. Al paso por Palmira se fundieron en un abrazo de hermanos con los corteros de caña; estos dos contingentes de la pobrería movilizados se apoyaron mutuamente durante toda la protesta.

El 13 de noviembre la Fuerza Pública intentó impedirles el ingreso a Ibagué, pero al final los marchantes se tomaron el parque Murillo Toro donde los esperaban obreros, maestros, estudiantes campesinos y nuevas delegaciones indígenas provenientes principalmente de Risaralda. El 14, luego de concentrarse en la Plaza del Labriego, en Chicoral, se dirigieron a Fusagasugá. El martes 18, marcharon hasta Soacha, población en la que al día siguiente se realizó el Foro de Organizaciones y Sectores Sociales sobre el sentido de la Minga, evento de discusión que se efectuó en varias de las poblaciones por las que atravesó la protesta. El 20 de noviembre, realizaron la última jornada hasta la capital de la República.

En Bogotá, el calor del pueblo hacia los 20.000 caminantes, contrarrestó la fuerte lluvia y el frío intenso que acompañó durante todo este último trecho hasta la Universidad Nacional, en donde, pese a la intransigencia de las directivas, que sostuvieron que la permanencia de los indígenas atrasaría el calendario académico y obligaría a aplazar el semestre, con el apoyo estudiantil y su indoblegable decisión, lograron ingresar e instalar sus carpas y cambuches.

El viernes 21 de noviembre la Minga salió del alma mater con rumbo a la Plaza de Bolívar para acudir a una Audiencia Pública pactada con el gobierno días atrás. Como era de esperarse, Uribe no se presentó, sin embargo los manifestantes cumplieron con hacer desde la Plaza Mayor, las más vigorosas denuncias contra los atropellos y las políticas sociales y económicas del uribismo.

La Minga finalizó en una reunión entre representantes de los indígenas y del gobierno, en la cual se acordó una próxima reunión con el presidente Uribe, la conformación de una mesa de diálogo con delegados del gobierno nacional y 10 representantes de la Minga; la realización de un debate público con el jefe de Estado; un programa detallado de seguimiento de los resultados de la prolongada batalla; y la convocatoria de un Congreso de la Minga de los Pueblos, a realizarse a más tardar el 12 de octubre del presente año.

Los 42 días de movilización indígena son una clara evidencia del renacer de la resistencia colectiva; de la decisión del pueblo a ponerse de pie ante el atropello del Estado a sus derechos; del propósito de unirse con otros sectores oprimidos para emprender las acciones que logren la transformación de nuestro país en un lugar más justo para los oprimidos de toda la vida.