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“Un nuevo amanecer” cargado de tormenta

Por Alfonso Hernández

Al impulso de los titulares de prensa y de los discursos, Colombia está envuelta en las fumarolas de “la unidad nacional”, que de manera tan pomposa anunciara Juan Manuel Santos. La nación de la que habla no es otra que la incluida en la componenda de unos cuantos financistas con enormes caudales, firmas de envergadura transnacional, los ya conocidos conglomerados económicos colombianos y propietarios de dilatadas extensiones de tierra, rural o urbana. La Casa Blanca no disimuló su regocijo y distintos parlamentarios yanquis señalaron que ahora son más propicias las condiciones para aprobar el TLC con Colombia. En la arena política colombiana, dicho concierto toma cuerpo en el control de más del 80% del Congreso, dado el respaldo de los partidos de la U., Liberal, Conservador, el PIN, y a veces sobrepasa ese porcentaje y alcanza casi el 100%, como se vio en la elección de las mesas directivas, evento en el que hasta el senador “radical” Jorge Enrique Robledo votó a favor de Armando Benedetti y de los demás voceros del santismo a cambio de una de las vicepresidencias del Senado. A la vocinglería unanimista se han sumado la casi totalidad de los medios, los ex presidentes y unos cuantos mamos.

 

No podía faltar en esa feria del ilusionismo el ex candidato presidencial del Polo, Gustavo Petro, con su propuesta de “concertar” la solución de problemas como los del agua, la tierra y la reparación de las víctimas de la violencia con el mandatario electo. El partido Verde aporta la anuencia “con deliberación”, y el Ejecutivo del Polo, por boca de su presidenta, Clara López Obregón, declama que espera “un nuevo amanecer en las relaciones con la oposición” o, so pretexto de rechazar el repudiable atentado cometido en Bogotá hace pocos días, sugiere que es necesario impedir que se ahogue “el nuevo aire de distensión creado en pocos días por el Presidente Santos”. Cada uno en el desempeño de su propio papel contribuye a recargar la atmósfera con la perniciosa idea de que la administración Santos será beneficiosa para todos.

Ese es el estado de euforia que necesita el heredero político de Álvaro Uribe para pasar de la Seguridad a la Prosperidad Democrática. Ante semejante perspectiva, los gremios económicos se relamen; los inversionistas extranjeros dan a conocer sus apetencias: minas, finanzas, empresas tecnológicas…Las firmas que miden el ánimo aseguran que entre los vapuleados colombianos reina el más completo optimismo. Ya no se trata de apagar incendios, se pregona, sino de construir sobre lo edificado, y el presidente, que no bien acaba de asumir el mando, demuestra que no va a perder el tiempo en debates estériles, sino que pone manos a la obra.

Para lograrla, exalta la confianza inversionista encomendándoles a los gatos el cuidado del queso: designa como ministro de Tecnologías y Comunicaciones a Diego Molano Vega, representante de la multinacional española Telefónica, que controla ya buena parte de ese negocio en el país; ministra de Vivienda a la vocera de los pulpos de la construcción agrupados en Camacol, Beatriz Uribe; a Sandra Bessudo, hija de Jean Claude Bessudo, presidente de Aviatur y quien se enriquece con el turismo verde mediante el control de los parques naturales de la nación, la encargó del Ministerio de Ambiente. La manipulación de las palancas primordiales de la economía nacional la pone en manos de tecnócratas desalmados como Juan Carlos Echeverri y Hernando Gómez, personajes entrenados con la mentalidad del Fondo Monetario Internacional; especie de Domingos Cavallos locales, quienes aplican teorías que han conducido a sucesivas crisis a la economía mundial, como la del Tequila, en 1994, la de los Tigres y Dragones asiáticos, en 1998 y la que hoy abate a los Estados Unidos; episodios que han sido verdaderos cataclismos para los pueblos, pero ocasión de enormes utilidades para los piratas de Wall Street, verdaderos patrones de esa generación de “brillantes” economistas. De la misma prosapia es el Ministro de la Protección, Mauricio Santa María, indudable continuador de Diego Palacio. Al frente de la cartera de Agricultura estará Juan Camilo Restrepo, quien en el cuatrienio de Andrés Pastrana sometió al país al primer acuerdo con el FMI y puso de su parte lo necesario para llevar a nuestra nación a una de sus peores crisis. No es necesario continuar la lista para referirse a Vargas Lleras, personaje que ha querido hacerse siempre a la derecha de Uribe, o a Rodrigo Rivera, liberal ex-gavirista que se aferró al carruaje de la tercera reelección con tal obsecuencia que le alcanzó para representar a la fracción uribista en el actual gabinete. Aciertan quienes afirman que el equipo es el más apropiado para la tarea que se propone Santos.

Ésta no consistirá en nada distinto que una nueva acometida contra los intereses de la nación y del pueblo, cuyo blanco principal lo constituyen los salarios. Ya el señor Santa María ha reiterado que en su docta opinión el mínimo es muy alto, por lo que procederá a reducir la paga a través de dos vías: recogiendo la propuesta de un parlamentario del liberalismo —nada original, pues ya se ha aplicado en otras latitudes—de implantar la ley del primer empleo, que permitirá que las empresas enganchen a los jóvenes con un sueldo inferior al ya miserable vigente; también estableciendo diferencias regionales en el monto de la asignación mínima mensual. Las disposiciones que se anuncian de formalización laboral buscan idénticos propósitos, los de degradar las condiciones de la ocupación formal hasta igualarlas con las de la informalidad.

Con el pretexto de crear puestos de trabajo, el gobierno de la Prosperidad procederá, como lo había planteado Mockus, a eliminar el pago de los parafiscales, con lo que entidades como el Sena y el Bienestar Familiar se verán forzadas a deteriorar aún más sus programas; y se comprometerá el escaso subsidio familiar que reciben los proletarios.

Dada la coyuntura internacional, uno de los renglones más apetecidos por los mayores conglomerados industriales del mundo es el de la minería; el ministro de Minas ya anunció que la producción de carbón, petróleo y gas y la de oro se incrementarán grandemente. Pero Los beneficios de esa “locomotora” no serán ni siquiera para las regiones en cuyo suelo están los yacimientos. Santos, la misma persona que, como ministro de Hacienda, les mermó a las entidades territoriales las participaciones en los ingresos corrientes de la nación, se prepara a despojarlas del grueso de las regalías; aduce que los departamentos y municipios manejan de manera corrupta y despilfarradora esos recursos, ¡como si el gobierno nacional pudiera lanzar la primera piedra! Los entes territoriales, despojados de tales ingresos, se verán precisados a impulsar una nueva reforma tributaria a costa de sus habitantes, y los dineros de las regalías se destinarán a un llamado Fondo de Compensación Regional que invertirá una parte en las obras más demandadas por los inversionistas extranjeros, otra irá a los bolsillos de los contratistas validos del régimen y a las mordidas de los altos funcionarios. Lo demás se “ahorrará”, es decir, se colocará en los bancos de Wall Street, fenómeno que los economistas han dado en denominar la paradoja del flujo de capital, pues los países pobres depositan más capital en los países ricos, y perciben una menor tasa de interés por él, que los que reciben de inversiones foráneas, más costosas. Adicionalmente, los gastos cubiertos con la nueva ley de regalías permitirán que el presupuesto nacional disponga de mayores erogaciones para abonar a la creciente deuda externa. Así se recrudecerá la situación que viven los indígenas de la Guajira o los pobladores del Chocó, Arauca y Casanare, entre otros, quienes, agobiados por el hambre y el desempleo, ven cómo salen de sus terruños ingentes riquezas, mientras que los ríos, bosques y vidas humanas son devastados por la explotación afanosa e irracional de quienes son objeto de la pregonada confianza inversionista. Qué ironía amarga celebrar el bicentenario de la Independencia alcahueteando el saqueo de nuestras riquezas y la discriminación y marginamiento de nuestros nacionales.

Uno de los componentes esenciales del paquete legislativo que se prepara es el de la reforma al sistema de salud. Con modificaciones insustanciales se tratará de la resucitación de los decretos de emergencia social: mayores impuestos, deterioro del POS, obsequios para los que comercian con ella, principalmente para las EPS. Los aseguradores claman también por una reforma pensional que aumente la edad, el número de semanas cotizadas y disminuya el monto de la prestación que perciben quienes se jubilan. El régimen no se negará a satisfacer tan funestas exigencias.

Una vieja aspiración de los financistas es que se apruebe una ley de ordenamiento territorial, para dar paso a que el país se fragmente en regiones que compitan por la atracción del capital, mediante la rebaja de impuestos y condiciones. Algo semejante a lo que está ocurriendo entre Bogotá y los municipios que lo circundan.

Dado que habremos de comentar de manera más detallada cada una de estas reformas en la medida en que se hagan públicas, por el momento agregamos que el ministro del Interior Germán Vargas se ha reunido con los diferentes partidos, en especial con los de oposición, a objeto de allanar el terreno para una nueva reforma política, uno de cuyos elementos consistirá en restringir más la posibilidad de que agrupaciones distintas a los partidos gobiernistas y a la oposición domesticada puedan expresarse legalmente, acceder a las corporaciones legislativas y a ventilar sus puntos de vista en las campañas electorales. El Polo se apresuró a pedirle a Vargas Lleras el mando de los llamados organismos de control: aspira como pago a sus servicios al “Estado de derecho” no sólo a una enorme tajada burocrática, sino también a agregarle a la sopa de los turbios manejos del régimen el ingrediente de “la transparencia” que lo ha caracterizado en la contratación del Distrito.

Los hechos incontestables demuestran que estamos ante un embate contra los intereses de la inmensa mayoría de los colombianos, a quienes en vez de los cantos de sirena de la distensión les conviene tensionar todas sus fuerzas para enfrentar el aguacero de disposiciones lesivas que se desata a partir del mismo amanecer del régimen santista.