Tania Kamila, nuevos productores y exportadores de flores: la informalidad rampante

(Artículo redactado por trabajadores simpatizantes de Untraflores. Hacemos solamente algunos ajustes formales)

Los gringos, americanos, o como se quiera llamarlos, que tanto disfrazan sus verdaderas intenciones con la defensa maquillada de los derechos sindicales y derechos humanos, son quienes están detrás de la consolidación de un nuevo grupo productor y exportador de flores encabezado por Tania Kamila, empresa que opera en El Rosal y que en un breve período de tiempo ha pasado a contar con unas 20 fincas, no todas visiblemente bajo su control, dispersas en toda la sabana. La mayoría operan como fincas independientes, lo cual les facilita vulnerar los derechos de los trabajadores, incluso con salarios por debajo del mínimo, sin seguridad social y con despidos sin contemplación. Los directivos se amparan para esta violencia, en el hecho de que se trata de fincas que se quebraron y ahora aparece la mano salvadora para recuperarlas y generar empleo.

"El salvador", que se cree un Dios, es el señor George Malavenda, ciudadano norteamericano quien es el que toma todas las decisiones de inversión y crecimiento y mueve los hilos de una marioneta colombiana, Augusto Ávila, quien funge como gerente general y dueño de la firma. No es claro tampoco de donde exactamente provienen los recursos con los que se han comprado y reactivado cultivos como Delta, Almer, Aoyagui, Ecoflora Ltda, El Sendero, Nova y Novita, San Alejo, Pétalos, Infinity. También tiene en arriendo fincas tradicionales como Santa Bárbara y Santa Lucía, las dos que componían Floramérica, del grupo Nannetti.

En la pretemporada de San Valentín fue notoria y novedosa la concentración de flor utilizando tractomulas para enviarla a Estados Unidos. En este proceso los trabajadores fueron obligados sin contemplación a trabajar hasta 18 horas diarias para cumplir con los requerimientos de los compradores y bajo la promesa de que más adelante vendría el sosiego. Nada de esto ha ocurrido, por el contrario, no se ha dado ni un solo reconocimiento al denodado esfuerzo de los empleados. Además, son comunes los tratos indignos, humillantes y amenazantes; los pagos salariales se retardan de finca en finca, igual que los de la seguridad social, que fuera de eso no cubre a todos los empleados. Todo esto lo hacen aprovechándose de la necesidad de los obreros de mantener el puesto.

El mensaje es claro, a estos capitalistas extranjeros como a los nacionales de esta actividad económica no les importa la dignidad del trabajador, solo buscan aumentar la producción y acrecentar sus arcas a costa de la violación de todos los derechos laborales, pese a que en Estados Unidos se ufanan de cumplir con toda garantía laboral.

Los operarios de esta compañía, aunque dispersos, deben estructurar un movimiento fuerte y audaz para evitar la continuación de los atropellos, como ya ha sucedido en algunas de las fincas del grupo. Igualmente es necesario organizarse para evitar que de pronto estos recién llegados al sector desaparezcan tal como aparecieron, aduciendo estar quebrados, dejando de paso un reguero de deudas, principalmente con sus obreros. Untraflores estará allí siempre para respaldarlos para defender sus derechos pisoteados.